Creciente peligro para la estabilidad

Vivimos una época sometida a cambios trascendentales: no sólo a los que nos ha llevado el coronavirus, sino a los que nos ha sometido el “nobel” Juan Manuel Santos con el acuerdo de “paz…ta de coca”.

La justicia que era para el pueblo, ha desaparecido de las altas cortes y los altos tribunales, en su gran mayoría iluminados por la luz del Foro de Sao Paulo o Grupo de Puebla que es lo mismo, en las que una minoría de Magistrados se dedicaron a la compraventa de sentencias, a la violatoria interceptación de llamadas y, en fin, para declarar inocentes a los culpables, y culpables a los inocentes, encabezados por José Leonidas Bustos que ahora anda de vacaciones en el Canadá disfrutando el dulzor de sus logros. Y a eso agréguenle el esperpento de la Justicia Especial para la Paz, en el que se han invertido miles de millones de pesos por parte de Estado, donde hasta ahora el silencio es bendición para los delincuentes. Por fortuna se viene promoviendo un Referendo Revocatorio que todos debemos respaldar.

Cambios se ven también en la política: renuncias por aquí, renuncias por allá, y hasta un Partido nuevo llamado “Dignidad”, un motivo más para gozar que sin duda engrosa al sector de “los alternativos”: esos “globalistas” que se oponen a la globalización; esos que gritan ¡abajo el imperio!, y sueñan con comprar grandes mansiones en Miam;, los mismos que gritaron furiosos por la muerte de los peces en el río Cauca por la represa de Hdroituango y nunca dijeron nada por los peces muertos en los ríos Catatumbo y otros por las voladuras de los  oleoductos en Santander y varios pueblos de  la Orinoquía. Esos que  callan ante la  deforestación en los bosques  del  departamento del Meta y en la selva del Amazonas para la siembra del  sinónimo de la “paz…ta” de Juan Manuel Santos; esos que desde ya están  anunciando que van a dejar al país sin carne; esos que quieren acabar con la familia y con la producción nacional; esos que piensan dejarnos sin autonomía en la región, en la justicia y en la información, al tratar de imponernos el tal Tratado de Escazú violatorio de nuestra soberanía nacional; esos que siguen diciendo que lo del castro chavismo es miedo que estamos metiendo; esos los amargados escasos de análisis y abastecidos en ofensas y en insultos; esos  que dicen que el fracaso, el hambre, la ruina  y la miseria de los pueblos de Venezuela,  Nicaragua y Cuba es mentira;  esos que han  hecho de “la paz…ta” una   risible bambalina de “la combinación de   todas las formas de lucha”, para seguir pescando incautos, sólo para consolidar a Raúl Castro como el Luis IV del siglo XXI. (Dicen por ahí que el idiota sabe lo que ocurre, pero no sabe por qué ocurre).

Nos quieren imponer un sistema que hasta ahora sólo ha servido para arrasar países, empobrecer a los pueblos y enriquecer a los comandantes, carentes de los principios del humanismo: todo para ellos y nada para los trabajadores, los profesionales y los empresarios de la ciudad y el campo, es decir, cero producción nacional. Sesenta años de socialismo en Cuba, cuarenta y un años en Nicaragua y, sin embargo, ¿quién se ha puesto una camisa o un pantalón, o ha montado en una moto, o en una bicicleta que haya sido producida en Nicaragua o en Cuba? Y veintiún años de “socialismo” en Venezuela bastaron para acabar con el petróleo, que fue su mayor fuente de riqueza, para dejarla sin electricidad, arruinar a las industrias grandes, medianas y pequeñas de la ciudad y las de la zona rural. Sin embargo, esta tragedia aunque la ven, no la quieren reconocer los que gritan como pobres y viven como ricos, soñando con carros, casas y fincas y cada día se les ven más crecidos los cachetes, los que creen que la fuerza del grito y la razón está en tener el pelo largo, los que creen que con los ojos vendados y la mano empuñada se puede construir algo, los que creen que una revolución es anarquía y no una triple transformación: primera la mía, porque si yo no cambio cómo hago para decirle al otro que cambie, segunda, la institucional y tercera la de la sociedad en general. ¿Alguien puede creer que los abanderados del odio, de la destrucción y ocultadores de fracasos pueden llegar a administrar un Municipio, un Departamento o inclusive a Colombia entera? Llegará el momento en que los verdaderos patriotas, mujeres y hombres, debemos de decidir si queremos democracia o dictadura para nuestro amado país. A la libertad le pueden poner barreras, pero a la voluntad no.

Todo esto se traduce en un creciente peligro para la estabilidad económica, para la libertad y la democracia, que no nos las dejaremos arrebatar todos los colombianos de bien, que, con cada día que pasa, venimos alimentando nuestro espíritu inquebrantable de unidad, listos como las aguas de las quebradas y los ríos que, con el dolor por las pérdidas de vidas humanas y la de los animales, en tiempos de tempestad, no se separan, se unen para arrastrar las basuras.

Gonzalo Mejía Córdoba, Periódico Debate, 17/11/2020


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