Gustavo Petro viajó Madrid (no se sabe cómo, en estos días de pandemia china con aeropuertos semi cerrados) a mendigarle al vicepresidente del gobierno español, Pablo Iglesias, unas cuantas vacunas anti Covid19 para Colombia. En un twitt, el señor de las bolsas dice que le pidió a Iglesias “transferir [a Colombia] parte de sus excedentes en vacunas”, como si Colombia no hubiera comprado ya las que necesita para frenar ese flagelo y como si España tuviera excedentes como para distribuirlas a manos rotas en Hispanoamérica.

Eso es lo que Petro dice, pues Iglesias de eso de regalar vacunas no dice nada. En su twitter, Iglesias aclara que este 29 de diciembre se entrevistó con “un protagonista clave del cambio progresista” (por aquello de las basuras en Bogotá y las talegas repletas de dineros calientes) para hablar, no de vacunas, sino de “la situación internacional” es decir de obscuros planes a puerta cerrada.

Pero como Petro no es gobierno, ni diplomático, ni candidato, ni vocero de nadie, sino el senador de un grupo en vías de desaparición, sin respaldo siquiera para una candidatura de espanto en 2022, Pablo Iglesias optó por la prudencia extrema. Con mucha razón, Karol Ibargüen había aplacado las ínfulas de Petro con un twitter incontestable: “Yo creo que Petro no le contó a Pablo Iglesias que su ‘fuerza política indestructible Colombia Humana’ no tiene personería jurídica, no existe y que le tocó pegarse a la UP.”

Quizás por la inopia política de Petro, en los twitts de ese día el vicepresidente español privilegió más bien dos temas muy distintos, pensados probablemente para dañarles la noche del 31 de diciembre a sus conciudadanos. Les reclamó que en la cena de Año Nuevo se embarquen en la alegre discusión de los dos temas realmente tóxicos y tenebrosos que él adora: 1.- si ellos se sienten más monárquicos que republicanos, y 2.- si la eutanasia o suicidio asistido, es una panacea. El tétrico Pablo Iglesias es idéntico a sí mismo, tanto o más que el siniestro Gustavo Petro, y no podía dejar de estar a la altura de esa reputación.

Los que hacen parte del culto al jefe de la “Colombia Humana” (que los hay) se fueron, en cambio, por un camino menos escabroso, más bien folclórico y hasta cándido. Uno de ellos, escribió que el encuentro de Iglesias con Petro fue el de “Dos mentes brillantes que luchan por la igual (sic) y los derechos humanos. Es una reunión de grandes!!”.

Otro, visiblemente alucinado, creyó que ese encuentro era para abrir la puerta de la guerra civil: “El mítico cartel del Ejército Popular de la República. Grande!”.

Finalmente, el senador Gustavo Bolívar creyó descubrirle un significado diferente a la reunión de Petro con Iglesias y resumió: “La internacional progresista en marcha.”

Como el progresismo es el enemigo jurado del progreso y de la libertad, el vaticinio del senador Bolívar resulta tan aburridor y emponzoñado como el que le prepara a los españoles el agrio Pablo Iglesias.

Eduardo Mackenzie, 30/12/2020


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