En su Historia de la locura en la época clásica, cuenta Michel Foucault que, en la Edad Media, los pueblos riberanos se deshacían de sus locos embarcándolos en naves que dejaban llevar por la corriente. Los pueblos aguas abajo se esforzaban en evitar que los indeseables hicieran tierra, al tiempo que trataban de llevar a bordo sus propios orates. Así, la nave de los locos, stultorum navem, rechazada de puerto en puerto, seguía con su carga de insania rumbo al mar.

Es un insondable misterio cómo pudo la nave de los estultos llegar a Hidroituango, cruzando el Atlántico y remontando el Magdalena y el Cauca. Pero allí está y sus dementes navegantes saltaron a tierra y no dejan de fabricar disparates.

La insania se desató con la desatinada demanda promovida por Quintero contra los contratistas, quienes, con un inmenso esfuerzo humano y técnico, sin que se perdiera una sola vida, habían superado la contingencia y avanzaban en la recuperación del proyecto. Aunque, estuvo a punto de paralizar la obra y causó enorme daño reputacional a Epm, la demanda está inadmitida, ya nadie la recuerda y su promotor prefiere mantenerla en el olvido.

El proceso de responsabilidad fiscal no podía ser más demencial. La Contraloría admitió que no hubo corrupción y Mapfre estaba pagando el seguro, lo cual mostraba la ausencia de dolo o culpa grave y, por tanto, que no existía detrimento patrimonial. El Contralor reclamó como su gran logro el pago de un seguro que se venía pagando, probablemente una suma inferior a la que se habría obtenido en el proceso normal de reclamación. Quintero aprovechó para justificar la búsqueda de un nuevo contratista, lo cual ocasionó el retiro del Bid, afectando gravemente las finanzas de Epm.

El Informe Pöyry, peritaje independiente contratado a instancias de la Anla para evaluar la estabilidad de las obras principales, concluyó que desmantelar el proyecto no era opción y que, por el contrario, debía terminarse expeditamente para eliminar el riesgo de la operación continua del vertedero. Desaconsejó también el cambio de contratistas. Demencialmente, se está haciendo todo lo contrario.

Después de cuatro aplazamientos y de modificaciones sobre medida al pliego, no ha podido Epm encontrar sustituto al contratista que el alcalde se obsesionó en sacar. El anunciado empalme, que duraría tres meses, nunca se inició y nada se sabe de las instalaciones industriales, la maquinaria y los campamentos sin los cuales el nuevo contratista no puede operar.

Pasándose de listo, el gerente Carrillo decidió convocar un Pmu para hablar de los riesgos del encendido de las turbinas y justificar el inevitable incumplimiento de la puesta en operación el 30 de noviembre. El tiro le salió por la culata pues los funcionarios del gobierno nacional, incluido el presidente, están diciendo que es necesario evacuar a los riberanos.

Lo único que falta es que al presidente se le meta de nuevo en la cabeza la ocurrencia de que hay que desmantelar el proyecto. Entonces, la locura reinaría por completo en Hidroituango.

Por Luis Guillermo Velez
El Colombiano | 14-11-2022

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