Hacia un Estado viable

Podemos resumir las críticas que a diario se levantan contra el régimen petrista que desgobierna a Colombia en una sola: El país no es viable si continúa bajo el yugo de la camarilla que se tomó fraudulentamente el poder y pretende destruir lo que hemos logrado, para levantar sobre sus ruinas una dictadura socialista.

Es por eso que venimos insistiendo que no nos enfrentamos a una lucha rutinaria por el poder, como la que cada 4 años se libra en las elecciones para elegir Presidente y congresistas. No. Aquí se trata de una batalla cultural, para definir el rumbo que en todos los órdenes tomará nuestra sociedad: Marcharemos por el camino del respeto a la Democracia, a la Justicia, al Estado de Derecho, a la libertad de mercados, a la propiedad privada, y la protección de la familia y de las creencias tradicionales que hacen parte de nuestra nacionalidad, o, por el contrario, nos sumaremos a la órbita de países dominados por el marxismo-leninismo que preconiza el fracaso del capitalismo, la entronización del Estado como máximo poder al cual debe someterse la institución familiar, la religión, la economía, y toda actividad individual. ¿Será la burocracia estatal, la que, en nombre de la omnipotente revolución, dicte las normas de vida y las haga cumplir, aún a costa de la sangre y la miseria del subyugado pueblo?

No nos queda otra salida que buscar una tercera vía alternativa a los sistemas imperantes en el mundo actual. Las democracias liberales nos han demostrado su ineficacia permitiendo que tome la izquierda las riendas del poder y, en lugar de constituirse en su legítimo contradictor doctrinal, se han sumado a sus proyectos administrativos y presupuestales a cambio de un mísero y manchado plato de lentejas.

El capitalismo ha adoptado una actitud de dañado y punible ayuntamiento con los regímenes de izquierda y, a nivel internacional, con los sistemas globalistas de concentración del poder, abandonando su papel contradictor de las doctrinas de extrema izquierda.

Cuando se va minando la confianza de la opinión pública en la política y en los políticos de las vertientes enfrentadas a nivel mundial, nos corresponde brindar una esperanza a quienes solo ven un callejón sin salida. Debemos ser los “hijos de la Luz”, cuyo compromiso va más allá de nuestros propios gustos y experiencias. Agudicemos nuestras entendederas para encontrar esa mágica conjunción de decisiones populares que nos restauren como un país viable donde podamos vivir en paz, con seguridad y el bienestar que la Providencia nos quiera proporcionar.

2/04/2024 | Por: Luis Alfonso García Carmona

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