La magia de Chávez

Lo que preocupa ahora es que Petro parece estar haciendo el curso de magia para convertirse en un ilusionista a imagen y semejanza de su admirado maestro.

El presidente Gustavo Petro levantó una enorme polémica hace pocos días con un mensaje en su cuenta de X en el que muestra una profunda y renovada admiración por el fallecido Hugo Chávez.

“La magia de Chávez fue proponer democracia y cambio del mundo”, escribió Petro en respuesta al hoy mandatario venezolano, Nicolás Maduro, que a su vez le había lanzado una pulla hablando de la “izquierda cobarde”.

No es nuestro propósito entrar en el análisis del cruce de piropos entre los dos mandatarios. Más bien queremos profundizar en la declarada fascinación de Gustavo Petro por la “magia de Chávez” que nos da la oportunidad de hacer un recuento del mágico legado del chavismo en el país vecino.

Comencemos por una anécdota. Cuando se lanzó el avión supersónico, el Concorde, a finales de los años 70, operaba entre un puñado de capitales privilegiadas: Londres, París, Nueva York, Washington y ¡Caracas! Y en lo que parece ser un complicado acto de magia, Chávez y Maduro consiguieron unas décadas después que, por el contrario, prácticamente ninguna aerolínea seria quisiera aterrizar en su capital.

La magia de Chávez, y su sucesor, ha sido de verdad eficaz. Por ejemplo, desapareció el sistema productivo de su país y lo reemplazó por un esquema de favores a sus amigos a los que llamaron los boliburgueses.

Como consecuencia, desde 2015, más de 7 millones de venezolanos —aproximadamente el 20% de su población— se fueron del país para evitar esa crisis económica que ha resultado ser uno de los mayores desastres humanitarios del mundo en lo que va del siglo XXI.

Pero eso no fue todo. Como si fueran objeto de algún encantamiento, logró que decenas de miles de venezolanos salieran de sus casas, con escasamente un morral, a caminar durante semanas enteras para llegar a algún otro país y así evitar morir de hambre. Nada muy distinto al “flautista de Hamelin” en versión chavista.

Podemos dar fe de ello en Colombia, que ha recibido a más de 2 millones de venezolanos, y les ha brindado salud y educación gratuitas. ¿Se podría uno preguntar si la “magia” de Petro va a dar para seguirlos sosteniendo?

El boom petrolero ayudó a sostener de manera artificial la economía de Venezuela luego del desmantelamiento del sector privado llevado a cabo por Chávez, pero una vez se acabó ese boom, en la última década, nos dimos cuenta de cómo el chavismo logró hacer desaparecer, mágicamente, tres cuartas partes del Producto Interno Bruto (PIB) del país, un truco difícil de igualar incluso en naciones asoladas por las guerras más crueles.

Actualmente, PDVSA, la compañía petrolera estatal, está produciendo solo el 20% de los barriles que generaba antes de que Chávez tomara la presidencia en 1999. Ovación de pie para el gran brujo. El pase de magia consistió en sacar de la empresa a todo el personal que aportaba el conocimiento técnico esencial.

Y no podemos dejar de mencionar el acto de prestidigitación más increíble. El chavismo acudió a su muy particular lógica y dijo: si necesitamos plata, imprimamos billetes. Y pusieron a trabajar esa impresora de billetes sin descanso como la única alternativa de financiamiento: así lograron llevar a Venezuela en 2018 a una inflación de 1 millón por ciento. De paso aniquilaron la capacidad de ahorro de los venezolanos y devaluaron el valor de los bolívares a tal grado que los bolívares ya solo servían para fabricar con ellos artesanías. La inflación actual de 200% casi parece sensata.

Por obra de “la magia de Chávez”, que alaba Gustavo Petro, en Venezuela más del 90% de sus habitantes vive en pobreza y la tasa de desnutrición infantil, según observadores internacionales, excede el 60%.

También dijo Petro que “la magia de Chávez fue proponer democracia”. En efecto, Chávez se sofisticó como mago cuando dejó en el aire todas las instituciones del país, o más bien hizo creer que ahí estaban pero en realidad no: acabó con la separación de poderes y a través de reformas constitucionales, expropiaciones arbitrarias, manipulación electoral y cooptación de medios de comunicación, Chávez construyó su dictadura.

Con la politización del Tribunal Supremo y otras instancias judiciales dejó sin contrapeso a su Presidencia. Mientras que la limitación a la libertad de prensa y la persecución de opositores políticos minaron el tejido democrático del país. Con el pretexto de la “revolución bolivariana”, Chávez condujo a una degradación progresiva de la democracia venezolana, sentó las bases para una profunda crisis política y social cuyos coletazos se sienten hasta hoy.

Que Petro sea un admirador de la “magia de Chávez” nunca ha sido un secreto. Lo que preocupa ahora es que Petro parece estar haciendo el curso de magia para convertirse en un ilusionista a imagen y semejanza de su admirado maestro. Sus continuos ataques a los mecanismos de pesos y contrapesos que nuestra Constitución establece sobre el poder presidencial, evidenciados en sus recientes golpes al sistema de salud y en su insistencia en llamar a una Asamblea Constituyente, parecen ser, lamentablemente, parte de la cartilla de la “magia de Chávez”.

7/04/2024 | El Colombiano | Editorial

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