Con tan malas cifras en salud y en economía, López debe dejar de mirar la paja en el ojo ajeno.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, dedica buena parte de sus jornadas a criticar la gestión del presidente Iván Duque y de otros altos funcionarios. Con la frecuencia y dureza con que apalea al primer mandatario, no hay duda de su rol como jefe de la oposición. Hace meses cuestionó la imparcialidad del fiscal Francisco Barbosa. Y esta semana se la dedicó al mindefensa, Carlos Holmes Trujillo. Más allá de la validez argumental de sus ataques, lo deseable es que López se dedique más bien a gobernar la urbe, 24 horas, los 7 días de la semana.

El balance de la capital en la crisis del covid-19 quizás explique que ella prefiera pedir cuentas a otros en vez de rendir las que le toca. Desde inicios de la pandemia surgió un debate sobre si las autoridades debían privilegiar la salud y aplicar duras restricciones, aun si ello dañaba la economía, o si debían relajar las restricciones para salvar empleos. En el caso de Bogotá, la alcaldesa declaró su apuesta por la salud, aunque eso afectara “a los ricos” –como ella dijo–, y la cuarentena de la capital comenzó primero.

¿Cómo le fue? Bogotá concentra el 16 % de la población del país y, en sana lógica, la pandemia debía golpear la ciudad en proporción similar. Pero el resultado ha sido peor. La capital acumulaba hasta el viernes más de 270.000 casos confirmados de covid-19, que equivalen al 32 % de los contagios del país, el doble de lo que corresponde a su población.

En cuanto a las muertes, de las más de 26.000 del país, Bogotá aporta 6.900, más de un cuarto del total nacional, cuando sus habitantes son una sexta parte. La capital suma casi 900 decesos por millón de habitantes, 60 % más que Medellín o Cartagena (en torno a los 550 por millón), 40 % más que Cali y solo un poco por debajo de Barranquilla. La alcaldesa no ganó en su apuesta por la salud: el énfasis fue casi exclusivo en la cuarentena –lo más fácil de imponer– y menos en multiplicar los testeos y en hacer seguimiento epidemiológico de los focos de la pandemia, campos en los que su gobierno fracasó.

¿Y la economía? Igual o peor. Cali, con 25,2 %, y Bogotá, con 24,1 %, lideran la lista de las grandes ciudades con peores tasas de desempleo en el trimestre junio-agosto, por encima de Medellín (22,6 %), de Bucaramanga (22,1 %), de Cartagena (18,9 %) y de Barranquilla (13,2 %), la mejor librada. Uno de cada cuatro puestos de trabajo perdidos en el país se esfumó en Bogotá. Y, según cifras de la Anif, el 35 % de la pérdida de ingresos de los hogares colombianos se dio en la capital.

Las cifras de la caída de la producción manufacturera también rajan a Bogotá. En julio, el promedio nacional fue de -8,5 %, un durísimo bajón que fue mucho peor en la capital (-15,2 %). Medellín cayó ligeramente menos (-15 %), y Barranquilla y su área metropolitana, mucho menos (-7,4 %). Según el estudio Raddar sobre el consumo de los hogares, a fines de septiembre, en la capital, solo 59,6 % de estos reportaba haber comprado igual o más que el mes pasado. En Medellín ese indicador fue 66,2 %; en Cali, 67,1 %, y en Barranquilla –que pasó primero el pico de la pandemia y acabó la cuarentena antes–, 79,8 %, un alentador resultado.

El balance de la capital es malo en salud y muy malo en economía, consumo y empleo. Pero además, como lo muestra Raddar, la recuperación va mucho más lento. La alcaldesa debería pensarlo dos veces antes de criticar a otros altos funcionarios. Más que mirar la paja en el ojo ajeno, debe fijarse en la gigantesca viga en el suyo.

* * * *

Esperanza.
La baja del desempleo de 20,2 % en julio a 16,8 % en agosto ilusiona sobre la recuperación en el país, lo mismo que el informe de Bancolombia de aumento de los consumos con tarjetas de crédito y débito en septiembre, que alcanza 89 % del gasto de diciembre pasado.

MAURICIO VARGAS, [email protected], 13/09/2020

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