¿Nos lavamos las manos?

El voto en blanco puede radicar la diferencia de escoger un candidato tal vez bueno o malo.

Esta ha sido semana de escándalos por cuenta de los ‘Petrovideos’ publicados por Semana. Hay un dicho: que los sucios ensucian. Y gracias a esa proclividad de Petro de rodearse con lo peorcito, ya los colombianos no nos encontramos simplemente frente a una campaña cuyo candidato es un populista que le produce miedo al establecimiento. Hoy es algo más: una campaña que se dejó ensuciar, más que por contagio, por una irradiación de abominables prácticas electorales.

Quedó probada la evidencia de que sí hubo gente del petrismo negociando con extraditables en las cárceles; hay pruebas de que un conocido y respetado empresario barranquillero, Christian Daes, se dejó instrumentalizar en la repudiable y muy frecuente práctica de convertir los aportes de las campañas en bienes o servicios en especie, para saltarse la prohibición que hay de aportes de empresas por ley. En este caso, los ‘Petrovideos’ sugieren que Daes es quien paga la oficina de comunicaciones del candidato Petro. ¿Estará reportado ante el CNE? Petro se puede estar volando los topes, y quizás nunca lo sabremos.

Otra evidencia comprometedora se refiere a la empresa Supergiros. La cual, según palabras de Roy Barreras, está dispuesta a meterle a la campaña entre 500 y 1.000 millones para que Petro la incluya en sus planes de gobierno de avanzar en un sistema cooperativo y financiero, para acabar con el monopolio vigente. Es decir, se entendería que Supergiros aspira a pasar de ser una simple empresa de giros a convertirse en un banco cooperativo, mediante un pago de mil millones a la campaña petrista. Supergiros lo niega con el bastante infantil argumento de que si los aportes en primera vuelta no aparecen en los libros es porque nunca se produjeron… (¿O porque no los apuntaron?)

Corona esta cadena de exabruptos la respetada dirigente de izquierda Clara Eugenia López Obregón. Esta le reclama a Petro por no haberle contestado una pregunta al periodista Coronell, sobre si pensaba cambiar la política de extradición. “Petro dio vueltas y vueltas, pero uno puede decir que no, y luego decir, sin haber dado tantos rodeos, cambié de opinión”. Mentir, y luego decir lo contrario: ¿una consigna de campaña?

Maltratar a Alejandro Gaviria; convertir a Fajardo en instrumento para dividir al centro, porque era más derrotable que Gaviria; conseguir en las cárceles, como supuestamente hicieron con Uribe, testigos contra Fico Gutiérrez; a él hacerle mal ambiente con las mujeres, presentándolo con “cara de depravado”… Todos esos planes fueron expuestos con pelos y señales delante del propio candidato y de su esposa. De programas de gobierno serios, ni pío.

Por eso hoy quiero hablarles a los que han considerado votar en blanco.
No es que no respete su derecho. Lo hago de convicción. Pero distinto a que represente un acto simbólico de rechazo contra los dos candidatos por elevado que llegue a ser, no tendrá ningún efecto jurídico en segunda vuelta. Sí le quitará votos a alguno de los dos candidatos, y sabemos, por las encuestas, que estas elecciones probablemente se resolverán por diferencias mínimas. El voto en blanco, en la última encuesta que conozco, bordea el 5 %, lo cual representaría un poco más de un millón de votos, que indefectiblemente en esta segunda vuelta, o definen algo, o terminan en la caneca de la Registraduría de Alexánder Vega.

Muchos amigos a quienes quiero y admiro piensan votar en blanco. Yo no lo haré. Es un lavado de manos para que sean los demás los que decidan el problema por mí. El que vota en blanco quiere participar, a diferencia del mero abstencionista, y siente que no encuentra una opción válida. Pero con su actitud le plantea un desafío al consenso democrático, que en Colombia resolvió, en primera vuelta, que serían Rodolfo y Petro los que se disputarían la segunda. No se puede creer en la democracia solo cuando le dé gusto a uno. Si entre los finalistas no está el que a uno le gusta, pues esa democracia resolvió que eso es lo que hay, y me parece más responsable hacerse cargo del problema que asumir una actitud “sacaculista”.

Y en el caso concreto que nos convoca, en el voto en blanco puede radicar la diferencia de escoger al candidato improbablemente bueno y derrotar al probablemente malo. ¿Cuál es cuál? El votante en blanco nunca lo sabrá. Porque como no votará por ninguno de los dos, lo que pase en el futuro no es problema de él sino de quienes nos aventuremos, con nuestras reservas, preocupaciones y prevenciones, por alguno de los dos, aceptando nuestra responsabilidad en la escogencia; y en lugar de refugiarnos en “a mí no me pidan cuentas, yo voté en blanco”, trabajar para que el gobierno que venga sea el mejor posible con todos sus defectos (¿o el menos peor?) para todos los colombianos.

Bajo esa premisa, votaré por Rodolfo Hernández. Y no eludiré las consecuencias de mi decisión.

MARÍA ISABEL RUEDA, El Tiempo, 12/06/2022

Nota.- Los subrayados al texto son nuestros.

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