Para verdades el tiempo….

…y para justicia Dios. Es una frase muy popular que tiene plena vigencia y es muy aplicable a la situación que se está viviendo actualmente en Colombia.

En la primera parte de la frase, se hace alusión al hecho de que con el tiempo se van definiendo muchas realidades, o sabiendo muchas verdades, y se van definiendo o aclarando muchas situaciones confusas que, con anterioridad, no se habían definido claramente.

Lo primero que se debe tratar de analizar es todo lo relacionado con el alto gobierno. Ya desde la posesión del primer mandatario se vio, muy “extrañamente”, que este no hizo ninguna alusión a la situación que recibía de su antecesor. Le dejó el problema al presidente del congreso. Ya durante el ejercicio del mandato recibido, o sea en el desarrollo de las actividades del nuevo gobierno, volvió a notarse, “extrañamente” una gran reticencia para desmontar el gran aparato burocrático santista que había dejado el gobierno anterior. Para acabar de completar el cuadro, se resistió, de manera otra vez “extraña”, endilgándole la responsabilidad, a la manera de disculpa, a la Corte Constitucional, a enfrentar radicalmente la proliferación de los cultivos ilícitos del narcotráfico, que, dicho sea de paso, fue otra de las herencias de su antecesor.

Este panorama ha tenido reciente confirmación con el nombramiento de un ministro de clara ascendencia santista, debido a lo cual se ha llegado a afirmar que el santismo ha continuado ejerciendo el poder desde el alto gobierno, y, paradójicamente, ha ocurrido el cumplimiento, una vez más, del precepto “maturánico” de que “perder es ganar”. Esto se vio con el resultado del plebiscito cuando un NO resultó siendo un Si y, aparentemente, se está confirmando luego del resultado de las últimas elecciones, cuando fue derrotado el santismo, o el mamertismo que al fin y al cabo son la misma cosa, y ahora “mandan la parada” haciendo lo que les viene en gana. Al final resultan ganadores los perdedores. ¡Queda la inquietud!

A nivel local llegó a la ciudad de Medellín, el “enviado” (¿por quién? y ¿para qué?) el señor alcalde, con ínfulas de ser “independiente” y con un espíritu de “reformador y defensor” de los intereses de la comunidad. Entonces fiel a esos “propósitos” la emprendió contra la “Joya de la Corona” las EPM y el proyecto “bandera” no solo a nivel departamental, puesto que lo es a nivel nacional, sumido en las dificultades de a contingencia: Hidroituango. Sin necesidad de que transcurriera mucho tiempo, reveló sus intenciones de “reformador”, y es así que luego de obtener un “cheque en blanco” del concejo de la ciudad (vaya, vaya con esa manera de ejercer el control político) para presentar su reforma administrativa. Entre las nuevas dependencias propuestas aparece la “Secretaría de la NO Violencia” que según se informa “se encargará de orientar y coordinar a construcción de la paz territorial a través del diseño e implementación de estrategias para la prevención de la violencia”. ¡Que lenguaje cantinflesco tan tenaz, como dicen ahora, pero fiel al estilo que se impuso en La Habana! Por algo será.

La comunidad se ve sorprendida con esta emulación del sistema santista de burocratizar la administración pública para colocar a sus copartidarios y seguidores.

La actitud del concejo de la ciudad corresponde a un presunto estilo reformador de la nueva administración y ¿es fácil de comprender? ¡No! Si se analizan las palabras del presidente de la corporación, concejal de vieja data, que recientemente escribió: “ES HORA de saber con claridad que pasa con EPM e Hidrotituango” y también: “ES HORA de tomar con seriedad, con responsabilidad y argumento la discusión”, cabe preguntar entonces ¿Que hacía antes el concejo? ¡Aparentemente nada! fuera de las valientes intervenciones de la concejal Paulina Aguinaga.

Ante los evidentes intentos de politizar a las EPM, por parte de los “independientes” es bueno recordar también la afirmación del presidente del concejo cuando manifestó: “la joya de la corona, las EPM, no es de nadie, es pública”.

En cuanto a la administración de justicia hay que reconocer que a los altos tribunales y/o cortes les pasó aquello de que “si la sal se corrompe ¿quién le devolverá el sabor?”. Evidentemente se corrompieron totalmente: Eso de que resultaron unas pocas “manzanas podridas” y que el hecho “sucedió a espaldas” de los demás miembros, resulta ser un “cuento chino”. Los unos pecaron por acción y el resto por omisión o complicidad llevando a dichas instituciones al estado de organizaciones inmersas en verdaderos “conciertos para delinquir”.

Entonces ¿Quién les devolverá el sabor? ¿El concejo superior de la judicatura? “¡Ya voy Toño!”.

De nuevo la sabiduría popular acierta cuando afirma: “El poder absoluto corrompe absolutamente”.

[email protected], Periódico Debate, 08/10/2020

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