Sin regeneración moral, el cancer de la corrupción siempre volverá

Advertencia

Como podrán constatar el lector, este profundo y desafiante  analisis, escrito hace 29 años atrás, siguen tan vigente como nunca por la inédita perspectiva con que es abordado. Hemos ajustado la traducción

Transcribe una conferencia dada por el sabio profesor Plinio Corrêa de Oliveira, 4-12-1993, a los socios y cooperadores a la TFP, Tradición, Familia y Propiedad, la entidad que fundara. Conserva, por tanto, el estilo coloquial hablado, y sin revisión alguna del autor.

Si el profesor Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que fuera antecedida de estas, sus propias palabras:

“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso, algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.

Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que el autor les da en su obra magna, “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista Catolicismo”, en abril de 1959.

Es lícito financiar candidatos? ¿Se puede censurar al hombre rico que gaste una suma importante para fomentar la elección de determinado político, defensor de ideas semejantes a las suyas? Sería muy mezquino no ayudar a financiar, pudiendo, al reconocido buen candidato capaz de salvar la Patria.

En tesis, el hecho de que una persona rica haga una donación para la elección de otra que no tiene riquezas, no es, en sí, un acto deshonesto. Puede incluso ser considerado un acto de virtud.

¿Problema intrínseco de la democracia? ¿Del capitalismo?

Consideradas las cosas en tesis, este tipo de corrupción no descalifica la democracia en sí, ni al sistema económico capitalista. La corrupción puede darse en cualquier forma de gobierno, sea democrática, monárquica o aristocrática.. Y ocurrir tanto en el sistema económico capitalista cuanto en el comunista.

Recordemos que en el comunismo los miembros del partido —especialmente la cúpula, como la nomenklatura en la antigua URSS, en Cuba, Venezuela y Nicaragua— constituyen una casta, que obtiene todas las ventajas. Esto, que ya era sabido, se ha hecho patente después de la caída del Muro de Berlín.

Problema moral y religioso

El demonio instiga las pasiones desordenadasEl eje de la problemática no se encuentra primordialmente, pues, en la forma de gobierno ni en el sistema económico. Reside en el grado de moralidad pública y, en particular, en el comportamiento de los hombres públicos. Cuando hay personas que toman en serio la existencia de Dios y cumplen de hecho su Ley, tales cosas no suceden. Pero cuando la población duda de la existencia de Dios , o cuando no cumple calbalmente su Ley, cierto número de personas roba, beneficiándose de bienes que no son suyos.

Estamos ante una temática que, a pesar de contener reflejos económicos y políticos, es fundamentalmente moral y, a ese respecto, involucra también un problema religioso. Cuando no hay religión ni moral, cuando se apaga el valor religioso y la fe, las cosas caminan, necesariamente, hacia la descomposición del orden económico, político y social.

La represión al robo, indispensable pero insuficiente

Es claro que debe reprimirse, y de modo categórico, toda clase de ilegalidad y de inmoralidad. Sin embargo, nunca se llegará a la eliminación del robo simplemente castigando a los ladrones. Porque en un país en que la mayoría de la población no cumple los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, el número de ladrones tiende a crecer indefinidamente.

Si hasta los honestos a veces se ven forzados a sobornar, cuando el reconocimiento de sus derechos depende de funcionarios públicos, ¿qué se dirá de los deshonestos? En una sociedad moralmente relativizada el que soborna es visto como habilidoso, y quien no lo hace, como tonto. El astuto ‘gana’ dinero. Y así… el soborno se va esparciendo como mancha de aceite en una tela, penetrándola toda.

En la medida en que crece el número de sobornadores y ladrones, se va tornando imposible reprimirlos, pues, implicaría encarcelar a la mayor parte de la población. Es entonces cuando la izquierda propone la fórmula italiana: primero, despenalizar el robo, convertirlo en una infracción castigable con multa o trabajo social; y después, legalizarlo bajo el argumento de que ‘el ladrón es víctima de la mala distribución de la riqueza, es víctima del capitalismo y de la propiedad privada’. De esta forma, el ladrón permanecerá libre para hacer lo que quiera, y a la espera de que ‘las reformas estructurales del régimen capitalista lo rediman’. Este es el proceso que siguen para oficializar el crimen.

Siendo así, un vulgar ladrón de gallinas sorprendido con dos o tres gallinas en la mano será castigado con prisión y pérdida de reputación. Mientras que, campeantes, los candidatos, políticos y empresarios corruptos incrementan su riqueza y poder, sin descrédito ni cárcel alguna. Si los descubren, buscarán darles casa por carcel y los condenaran a pagar una multa irrisoria. El dinero alcanza para ‘alinear’ a todos los involucrados, todo se arregla. Todos roban, todos ganan dinero… El robo se convierte en costumbre oficial.

Cuando el robo se oficializa de esa manera, la propiedad privada deja de ser respetada. No sólo se multiplica la obtención de ventajas en contratos públicos, sino que, además, todos los negocios tienden a basarse en trampas.

En tal situación, el trabajo pierde su natural prestigio, influencia y rentabilidad. Y va siendo remplazado por la práctica deshonesta. El robo se convierte en el rey de la sociedad. Y el sistema económico, comunista o capitalista, se hunde en el pantanal del soborno generalizado. El país se convierte en una «robocracia», donde los mas atrevidos y desalmados  conquistan y se enriquece con el poder.

Resultado: pérdida de la moralidad pública y de la compostura política rumbo hacia el caos.

Ésta, es una de las formas de implosionar la ‘civitas capitalista’ sostienen connotados mentores comunistas: la urbe capitalista tambien podrá desaparecer bajo el sincronizado zarpaso del crimen y de la impunidad

Necesidad de élites restauradas

Lo que esta faltando en la sociedad actual son élites, élites morales, ante todo. No me refieron a élites plutocráticas, o de millonarios. Elites de familias en las que se conserve la pulcra y heróica honestidad de los abuelos. Élites que sirvan de modelo.

La democracia actual, en la práctica, ha venido arruinando el prestigio de las verdaderas élites. Bajo el pretexto de favorecer a las clases más desfavorecidas, se le estan dando a la sociedad una estructura cada vez más igualitaria, gris y vulgar. De ahí resulta el aplastamiento progresivo de las auténticas élites, morales, y la desaparición paulatina de sus estructuras,  valores, y, en últimas, de su ejemplo e impulso civilizador.

A esto se debe la desorientación y la tendencia hacia el caos, cada vez más acentuadas en los días que corren. Nuestra sociedad tiende a moverse sin cabeza.

Si no se trabaja por la restauración de estas élites sociales, de naturaleza moral, no podrá obtenerse un cambio profundo.

La única solución de fondo: la gracia Divina

Se podría argumentar: muchos, comprendiendo que la raíz de todo el mal procede de la falta de religión, comenzarán a practicarla, hasta arrinconar y  eliminar la corrupción. La verdad es que, muchas personas que lo tienen claro, no les atrae aquello de revitalizar la religión, porque se crearía un ambiente de austeridad, de severidad moral, que les obligaría a cambiar su modo de vivir. Ellas pueden aceptar que el robo violento es un acto despreciable, pero que ellos dejen enriquecerce con sutiles y metódicos robos es algo muy diferente…

Para afrontar tal situación es preciso ejercer un apostolado de carácter esencialmente religioso, que atraiga la gracia Divina. Y con el auxilio de ésta, un apostolado que toque realmente las almas, las inteligencias, las voluntades, para alcanzar verdaderas conversiones. A partir de estas conversiones, algo podrá lograrse.

Ahora bien, tales conversiones son evidentemente difíciles en épocas de inmoralidad generalizada, pues la gente está muy apegada a las mezquinas ventajas aparentes que ella les trae. Y, por lo tanto, estarán poco propensas a abandonar la mala vida.

Apóstoles auténticos

Para descender a los aspectos más recónditos del problema con miras a su plena solución, es necesaria la presencia de apóstoles como aquellos recomendados por Don Chautard en su famosa obra «El alma de todo apostolado».

Apóstoles dotados de vida interior verdadera, deseosos del Reino de Dios y su justicia antes que todas las cosas. Hombres de fe vocados a la realización de los designios divinos, ‘aquí en la tierra como en el Cielo’. Apóstoles que arrastren por el ejemplo y muevan por la palabra a la población. Hombres capaces de elaborar las leyes del Estado conforme a la ley estampada por Dios en la naturaleza. Hombres recios y de fuego, capaces de modificar el proceder de las personas. Auténticos apóstoles capaces de impactar profundamente a las almas, las cuales, correspondiendo a la gracia, se convertirán.

Para convertirse, el hombre contemporáneo deberá ser dócil, por fin, a la recomendación dada por Nuestra Señora de Fátima, en 1917, a toda la humanidad: penitencia y oración.

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