CARTA ABIERTA DE UN CIUDADANO Y PATRIOTA COLOMBIANO AL AMNISTIADO GUERRILLERO, HOY GUSTAVO PETRO

Transcribimos con el mayor gusto la carta abierta que nuestro compatriota y amigo, Jaime Ortega Alonso, le envía a “alias Comandante Aureliano”, más conocido como Petro, desde Chicago:

Chicago, junio 17, 2021

Señor
Gustavo Petro
E. S. O.

Asunto: Paro Nacional y la Lesión Enorme a Colombia.

Señor:

No me dirijo a usted como honorable senador porque está muy lejos de merecer cualquiera de estos dos títulos.

Usted, sencillamente, como principal promotor del paro nacional que resultó criminal por sus nefastas acciones y consecuencias de “conjura política contra Colombia”, y su consabido Comité, elegido y presidido por usted, según muestran las fotos conocidas en las redes, han causado el más grave daño a nuestra querida patria, daño sin precedentes en toda nuestra historia republicana y cristiana de más de doscientos años.

Las últimas cifras indican que el costo de las pérdidas materiales y financieras de la Nación, sobrepasan los veinte billones de pesos, por las acciones repudiables y condenables que usted inspiró y sus seguidores ejecutaron con vileza, sevicia y crueldad en contra de los colombianos y de nuestra patria. El vandalismo, los saqueos, los incendios, los atracos a las sedes bancarias, los bloqueos de las vías principales del país para paralizarlo y llevarlo a la miseria moral y económica, el consiguiente desabastecimiento de productos de primera necesidad, la pérdida en las carreteras de medicinas, alimentos y materias primas esenciales para la atención médica y la alimentación del pueblo colombiano, la pérdida para los productores nacionales en mercados y volumen de ventas, por las exportaciones que ustedes impidieron que se realizaran, la destrucción de ambulancias con muertes forzosas de pacientes y bebés, constituyen actos inhumanos y atroces, delitos de lesa humanidad, porque, además, afectaron a nuestros compatriotas más pobres y desvalidos. Son crímenes contra la patria, ignominiosos y repudiables, en los cuales usted y su comité resultaron especialistas y merecen ejemplar castigo. Esos delitos no tienen calificativo adecuado por lo horrorosos y su grave impacto en el alma de la sociedad colombiana ha sido tan espeluznante, que es indescriptible.

Lamentable, mil veces condenable y reprobable ese nefando, horripilante, ignominioso balance de su acción antipatriótica y criminal en que se incluyen, además, 1,360 policías heridos, algunos de ellos torturados y asesinados; 60 mujeres policías heridas y un par de decenas de personas civiles muertas y más de mil heridas. Asimismo, se cuenta la destrucción de grandes sectores de las ciudades de Cali, Bogotá, Medellín, Popayán, Bucaramanga, la parálisis de la actividad económica en las capitales del país y el atropello del derecho al trabajo, negado por medio de la violencia terrorista y vandálica de sus seguidores, para más de tres millones de trabajadores. Estos graves e irreparables daños han causado una herida muy honda en el espíritu y el optimismo de todos los colombianos, que, en forma dedicada, honesta y abnegada, trabajan sin descanso por el progreso y la mayor gloria de nuestra patria.

A este horror y a las acciones satánicas ya enumeradas, se suman: el daño a la buena imagen del país en el extranjero y los mayores costos de intereses, al perderse el grado de inversión y ver como se alejan inversionistas y capitales que en situación de normalidad darían mayor empleo y trabajo productivo y digno a millares de colombianos; el daño a los pequeños empresarios y a los miles de trabajadores cesantes al borde del hambre, por el cierre de más de cuatrocientas mil pequeñas empresas que quebraron merced a su paro; los daños morales y materiales de las familias que perdieron sus padres, hijos y hermanos muertos y heridos; los daños morales, la angustia, el terror producido en el alma de los colombianos, su pérdida de fe y confianza en el futuro, que, además de incalculables, son irrecuperables. Pasará una generación o dos, antes de que los perjudicados por el criminal paro, vuelvan a creer en su país y en su patria.

Lo último que acaba usted de hacer, para cerrar con broche de oro antipatriótico, sus actividades aterradoras y anti-colombianas, propias del alma más cruel, fue solicitar al parlamento europeo la suspensión de la importación de productos colombianos, la cual representa ingresos para Colombia por la suma de más de 1,600 millones de dólares anuales. Su deseo tan marcado de ver a Colombia en quiebra y en la ruina económica absoluta, para facilitar, por medio del terror y la miseria de los colombianos, el cumplimiento de su desmedida ambición política de llegar a ser presidente de Colombia, sin tener los dotes ni los méritos éticos y profesionales para asumir el mando, es sencilla y llanamente, satánico. Su desvergüenza, cinismo y perversión, no tienen límites. Solo se equipara con las crueles acciones antipatrióticas de su gran y dilecto amigo, el “falso Nobel”, alias Comandante Santiago, que sufrimos por dos angustiosos y amargos periodos.

Soy un Ciudadano Colombiano que ha vivido 43 años en los Estados Unidos, a quien este gran país del norte le dio la oportunidad de destacarse como profesional en una gran Corporación de Seguros de Vida y de crear una familia de siete hijos, trabajadores honestos, orgullo de Colombia. Pude generar, a través de trabajo honrado, ingresos superiores a los suyos, ingresos que devenga del Estado y que usted no merece por las acciones reprobables que comete contra su propia patria. Esta es la sociedad capitalista a quien usted tanto ataca, a pesar de que, por lo observado en las redes, usted ama los dólares, especialmente en grandes fajos de billetes en bolsas. La misma sociedad que le da oportunidad a cualquier ser humano honesto y honrado para salir adelante.

Le adelanto, señor Petro, que su táctica diabólica, maquiavélica, malvada y estúpida de destruir material, financiera y moralmente nuestra Nación, para esclavizarla y hundirla en la tiranía comunista, actuará como un “boomerang”. Se devolverá contra usted y le golpeará tan fuerte y a tal grado que en el próximo debate electoral su derrota será estruendosa y rotunda. Tendrá que irse a las estepas siberianas, a las playas venezolanas o a cualquier otro gélido y desértico lugar, a promover su revolución izquierdista comunista o a freír espárragos. Este será el fin absoluto e inevitable de su errada carrera política.

¡GRACIAS AL SEÑOR TODO PODEROSO POR LA BENDICIÓN TAN GRANDE QUE NOS ENVÍO AL PODERLO CONOCER A USTED MEJOR Y ASOMARNOS AL INSONDABLE Y TENEBROSO “ABISMO DE SU ALMA” DE QUE HABLABA UN FAMOSO PRESIDENTE COLOMBIANO!

¡QUE VIVA COLOMBIA ANTI-PETRISTA, SIEMPRE CRISTIANA, SIEMPRE DEMOCRÁTICA, LIBRE Y SOBERANA!!!

JAIME ORTEGA ALONSO
Residente en Chicago, USA.

 

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