¿Y SI PRIVATIZAMOS LA EDUCACIÓN?

En 1991, el gobierno de la época propició la privatización de los puertos colombianos. Hasta ese momento eran manejados por el Estado, estaban politizados y además contaban con un sindicato absolutamente arbitrario que paraba el comercio exterior cada vez que les parecía. Las protestas eran permanentes y las utilizaban como herramienta para arrinconar al gobierno e imponer sus condiciones. Como consecuencia, nuestros puertos estaban en el atraso total, eran ineficientes, la carga se perdía y los tiempos de cargue y descargue eran excesivos. Desde que los puertos se dieron en concesión y entró la empresa privada a manejarlos el cambió fue total; hoy en día las sociedades portuarias son ejemplo de eficiencia, de rapidez en mover la carga, optimizaron los costos y Colombia tiene un lugar de prestigio en el comercio exterior.

La educación es el elemento igualador que brinda posibilidades y oportunidades. Desde hace varios años el presupuesto de esa cartera es el más alto y se ha propiciado por tener una cobertura total y disminuir los niveles de deserción. La educación primaria y secundaria es gratis; la universitaria ha sido subsidiada y ahora habrá gratuidad para los estratos más necesitados. Sin embargo, los resultados no son satisfactorios, en múltiples evaluaciones a nivel internacional salimos mal librados, sobre todo en lo que compete a educación escolar. Fecode, uno de los sindicatos más poderosos del país, no se pierde protesta y asume posiciones más políticas que gremiales; poco o nada le aporta al fin último de lograr la calidad que garantice formar con excelencia, pero ante todo con principios y valores bien cimentados. Difícilmente esto se logrará de seguir haciendo lo mismo que hasta ahora tenemos.

Así como los puertos lograron un cambio radical al privatizarse y quitarse el lastre de un sindicato que no aportaba nada, hay múltiples ejemplos de cómo la empresa privada sí es capaz de generar cambios en beneficio del progreso y el mejoramiento. Privatizar la educación podría ser una de las soluciones, desde luego paga por el Estado, para favorecer a los niveles más necesitados y mejorarles de raíz su formación. Volver más eficiente el sistema, así como retornar a la razón de ser de las agremiaciones de docentes, sería lo primero; bienvenidas estas para que propicien la excelencia. No puede ser formativo ver a profesores en posiciones autoritarias e intransigentes, como cuando salen en los medios los directivos de Fecode. Tampoco se concibe encontrar alumnos y profesores marchando juntos en contra del sistema democrático que rige la Constitución, la misma que se supone se enseña en los colegios, o que haya vándalos o manifestantes insolidarios, que, propiciados por la deformación de los derechos ciudadanos, les impidan a sus compatriotas la libre circulación y los derechos al trabajo, la salud y hasta la vida misma; eso no es formativo, ni es aceptable en una sociedad civilizada.

Por el contrario, se debe volver a la figura de autoridad; la que genera un maestro que invita al diálogo, a la solicitud respetuosa, a la discusión de las ideas, a la solidaridad, a la construcción de país, a la optimización del tiempo y al entendimiento de que una Nación solo progresa con libertad y orden. Todo eso se podría conseguir con un sistema privado, donde la evaluación permanente y el cumplimiento de metas e indicadores lleve a producir más y dar mejores resultados. Tendríamos selección adecuada de docentes; los que verdaderamente muestren vocación de servicio, pero también dependencias mejor conservadas y se optimizarían los recursos para mantenimiento. Por otra parte, se dispondría de profesores en todas las regiones; los traslados necesarios se darían como hoy en día las empresas privadas logran ubicar a sus profesionales donde los necesitan.

Para que una sociedad salga adelante y progrese se requiere de disciplina, trabajo y desde luego oportunidades; todo esto como producto de una buena educación, que forme verdaderos ciudadanos comprometidos con su país y dispuestos a luchar por un mejor futuro. En resumen: requerimos, además de buenos matemáticos, filósofos o humanistas, mejores seres humanos. La famosa formación en principios y valores es lo más importante para una sociedad y está en Colombia, en muchos casos, no se está dando. Es necesario un cambio, no podemos seguir mal formando la juventud en manos de grupos que tienen otros intereses, como ya se hizo claro con directivos de Fecode; fines políticos y personales.

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