
¿Por qué este –y no otros– es mi candidato a la Presidencia? Porque no tiene ninguna otra ambición diferente a la de servir al país y a los colombianos de bien. Porque es una persona auténticamente independiente, que no procede de, ni debe favores, ni está en coalición con algún partido político.
La respuesta, aunque lógica, no es tan obvia. Ante la pregunta, lo que muchos esperan como respuesta es un “Programa de Gobierno”, una serie de ideas priorizadas sobre lo que debe hacerse y lo que no para rescatar al país.
Pero la respuesta a la pregunta: “¿Por dónde empezar a reconstruir a Colombia?”, aunque implica un programa, no comienza por ahí. La respuesta llana es: la reconstrucción de Colombia empieza por la elección de una persona idónea.
¿Y quién sería esa persona? ¿Por qué este –y no otros– sería el candidato adecuado a la Presidencia? Veamos el contraste y, al final, propongo el nombre.
Sin duda alguna los hay muy buenos, de grandes calidades humanas y profesionales para ocupar la Primera Magistratura de la Nación y satisfacer la expectativa de desempeñarse con lujo de competencia como Presidente de la República.
Pero también acechan lobos rapaces, populistas sin escrúpulos y extremistas, que se ven y se proclaman a sí mismos como una especie de ‘heraldos de la libertad’, aunque su idea de libertad no sea más que una falaz adulteración de la noción de humanidad; que se autoerigen como ‘salvadores’ de la Patria, aunque de lo que pretendan ‘salvarla’ no sea más que de su errónea idea sobre el Orden Social y la Institucionalidad que lo funda, amén del odio que sienten y de la repugnancia que manifiestan ante la identidad y la concepción de la auténtica y legítima Patria.
De esta peregrina ralea que ‘convoca’ “marchas”, que incita a la violencia, al ataque sistemático de la institucionalidad, a la destrucción de infraestructura, a los bloqueos de vías, al cierre de las ciudades, al desabastecimiento, a la inestabilidad y que se siente autorizada para encarar de ‘tú a tú’ al gobierno, que se auto establece como ‘autoridad’ paralela y que dice tener un gran poder de ‘movilización’ en pos de una supuesta ‘resistencia’ al “establecimiento” y otras tantas fantasiosas pavadas pseudo revolucionarias…
De esta ralea ignota pero ruidosa y persistente –repito–, hay que desenmascarar su audaz y astuta hipocresía que no aspira a legarnos un ‘mejor’ país, sino a destruir lo que con esfuerzo, abnegación, fe y valores hemos construido y consolidado, y que es lo que nos representa, lo que nos confiere una identidad de la que nos sentimos orgullosos: el trabajo de las generaciones que nos han antecedido y los frutos que hemos cosechado, no obstante la violencia fratricida en la que ha pretendido sumirnos y que ahora aspira a imponernos bajo el eufemismo de una falsa paz.
Pero el enemigo no es sólo este aparato ideológico y totalitario que pretende arrasarlo todo bajo la directriz de un “foro” internacional”, sino esa otra ralea de usurpadores que han accedido a la política y que han anidado camaleónicamente en los recintos de la democracia vendiéndose al mejor postor mientras desangran los recursos de la Educación, de la Salud y las Regalías de los Departamentos y de las Regiones a las que no les avergüenza ‘representar’.
Son los corruptos –entre los que descollan comprobados delincuentes indultados– que pacientemente se han incoado tanto en el Poder Legislativo como en el Judicial, y que ahora han venido a poner de cabeza el Derecho y las Leyes, a proclamar “nuevos derechos” y a romper la Unidad Nacional y el auténtico Estado de Derecho demoliendo la institucionalidad y, con ella, las legítimas instituciones mediante la erección de poderes paralelos.
A estos se suman los que han accedido al Poder Ejecutivo sirviéndose de prebendas y favores, y que permanecen allí para desarrollar los planes de los que les han apadrinado desde las otras dos ramas del poder.
Quedan los Presidentes, Gobernadores y Alcaldes electos, de los que hay que decir algunas palabras.
Seleccionados gracias a un guiño (“El que diga fulano”) o en una Convención que no escucha a ‘las bases’, y de las que luego surgen Candidatos a Presidente que hacen campaña con unas banderas pero apenas acceden al poder gobiernan con otras, dando la espalda a quienes los eligieron con el falaz argumento de que ahora son “el Presidente de ‘todos’ los colombianos”.
Gobernadores que se extralimitan en sus funciones o piden se les confieran facultades “extraordinarias” que en la práctica son plenipotenciarias, para aprobar presupuestos y proyectos faraónicos o elefantes blancos cuya realización o no –en todo caso– serán sufragadas por los ciudadanos.
Alcaldes ‘jóvenes’ o ‘progresistas’, que llegan a ser lo suficientemente despiertos a la hora de gobernar por ocurrencias imponiendo sus ‘criterios’ y preferencias personales, de validar desórdenes o de cuestionar y desestabilizar arbitrariamente instituciones como la Policía, Empresas de Servicios y grupos Empresariales, como viene ocurriendo sistemáticamente en Medellín, Bogotá y Cali, en donde los ciudadanos han debido luchar contra la Presidencia y la Registraduría que entorpecen el Derecho Constitucional a realizar los procesos de Revocatoria ante los desvergonzados desmanes de sus burgomaestres, que ahora se reúnen ‘gremialmente’ aprovechando que todos ‘coincidirán’ en la ciudad en la que se juega un partido de eliminatorias al Mundial de Fútbol…
Pues bien, es hora de deshacernos de todos esos personajes que juegan con las más legítimas aspiraciones de bienestar y desarrollo de los ciudadanos, y que se ‘atornillan’ a ‘sus’ puestos.
Es hora de encontrar, de presentar y de apoyar a aquellas personas que, ajenas a la politiquería, a la vanidad o a un caudillismo anarquista, conocen los entresijos de la institucionalidad y están en condiciones de recuperarla y de restituirla: de devolverles a los ciudadanos sus auténticos derechos mediante el restablecimiento del Derecho.
Estamos en condiciones de referenciar a una persona, quien se puede presentar por sí misma. Se trata del Dr. Luis Alfonso García Carmona, gestor y Presidente de la Alianza Reconstrucción Colombia, quien tiene clara la necesidad de una nueva fuerza política y lidera la iniciativa.
¿Por qué este –y no otros– es mi candidato a la Presidencia? Porque no tiene ninguna otra ambición diferente a la de servir al país y a los colombianos de bien. Porque es una persona auténticamente independiente, que no procede de, ni debe favores, ni está en coalición con algún partido político.
Porque no sólo tiene el conocimiento y la experiencia necesarias, sino el carácter, el Criterio, la claridad, la sindéresis, la ética, el equilibrio y la ecuanimidad necesarios a la hora de afrontar los actuales problemas del país, y al momento de abordar los cambios necesarios para devolverle la estabilidad a nuestra Nación. Porque él sabe cómo hacerlo, y esa es la Prioridad: Reconstruir Colombia.
Este resumen de su trayectoria da cuenta de su experiencia, conocimiento y capacidad.

Luis Alfonso García Carmona es Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, realizó estudios de Planeación del Desarrollo (IULA, La Haya) y Administración de Empresas (EAFIT). Ha desempeñado los cargos de Juez Municipal (Palmira), Jefe de Instrucción Criminal y Vigilancia Judicial de Antioquia, Procurador de Distrito (Santafé de Antioquia), Secretario General de Empresas Departamentales de Antioquia, Secretario General de la Gobernación de Antioquia, Secretario de Gobierno Departamental y Gobernador encargado de Antioquia, Fiscal Seccional, Presidente de la Asociación Colombiana de Empresas de Servicios Temporales, Gerente de relaciones industriales, Asesor Jurídico y Gerente General de varias empresas privadas, Director Ejecutivo de Asotauro. Actualmente es columnista de varias publicaciones virtuales como Debate, La Linterna Azul y El Informador. Es presidente de Alianza Reconstrucción Colombia.