Cuba, Nicaragua y Venezuela, un cáncer que hace metástasis bajo la mirada cómplice del mundo

Es agotador, lo sé, tras más de seis décadas seguir escuchando lo mismo: que la dictadura cubana detuvo a María o a Juan por manifestarse; que en Venezuela, tras más de veinte años, la gente sigue muriendo de hambre, o que en Nicaragua el tirano Ortega se reeligió tras meter presos a 7 candidatos presidenciales.

 Ayer el pueblo cubano volvió a salir a las calles en un intento por llamar la atención de la comunidad internacional. Un intento de manifestación del que sabemos poco por la censura, la represión y el totalitarismo bajo el que se vive en la isla. La receta no cambia, tan solo cambian los rostros. Hace 30 años detenían a Juan y a María, y hoy detienen a los hijos de Juan y María. Así la historia se repite en un bucle infinito de tortura con muchas “declaraciones de repudio” y “llamados” a “proteger los derechos humanos” de las tiranías socialistas de la región.

 También ayer la administración Biden sancionó a las autoridades de Nicaragua por su continuo abuso del poder. Unas sanciones que a los nicaragüenses le saben a poco, y que realmente no tienen otro propósito que el de simular que están haciendo algo para ayudar a los pueblos oprimidos.

 En Venezuela, bajo el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, se celebrarán “elecciones” la próxima semana. Una pantomima destinada a simular la democracia y darles a los nuevos colaboradores del régimen la bienvenida a posiciones de poder para someter a los ciudadanos.

 Sin embargo, todo esto poco importa hoy en Washington, que se ha comprometido a seguir destruyendo la economía del país, a descuidar sus propias fronteras y permitir el desmantelamiento de la nación, mientras culpa al cielo y al fantasma de la “ultraderecha” de todos los problemas, y ve al mundo derrumbarse ante sus pies.

 La estrategia de Biden parece ser la de durar sus cuatro años en la Casa Blanca observando como la seguridad del hemisferio se desbarata sin siquiera pestañear. Para el presidente, la inflación, el auge del totalitarismo y el afianzamiento de los enemigos de Estados Unidos no son un problema mayor, puesto que mientras asista a cumbres para protestar por el cambio climático y se usen los pronombres adecuados de las personas, siempre tendrá las felicitaciones del mundo biempensante progresista.

Por Emmanuel Rincón, El American, Bogotá, Editorial, https://elamerican.com/category/editorial-2/?lang=es, 16 de noviembre de 2021

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