Desenmascarar a la izquierda comunista, debe ser un objetivo pedagógico

Los cien millones de muertos, en el mundo, que las cifras más realistas le atribuyen al comunismo durante el siglo XX, según estudios recopilados por Stephane Courtois a través de estadísticas del Centro Nacional de investigaciones científicas de Francia. En Colombia, los más de ocho millones de personas víctimas, de acuerdo a recopilación de datos históricos de SISPRO del Ministerio de salud y protección social y de algunas organizaciones de víctimas, como la Corporación Rosa Blanca, Corporación excelencia en la justicia y Comités de defensa de derechos humanos de la ONU.

La mayoría de estos hechos han sido realizados por grupos terroristas de la izquierda en sus diversas corrientes comunistas, tales como las Farc, Eln, M19, Epl, y otros grupos recientes, son datos aparentemente desconocidos, hasta el momento. Este espiral de terror y violencia, de cerca de 50 años de existencia, contados a partir de 1.970, no han sido suficientes para que esta falsaria “doctrina”, desaparezca del espectro de ideologías socialmente aceptadas, no solo en el mundo, sino también en Colombia. Los datos consignados arrojan la comisión de diversos delitos, incluyendo el secuestro, la extorsión, la pederastia, los asesinatos, la destrucción de pueblos y recursos naturales y los genocidios, en campos, pueblos y ciudades de Colombia.

A nivel mundial, al nazismo le costó menos cadáveres, ser proscrita de la faz de la tierra, lo que se demuestra en la prohibición en varios países europeos, dónde se califica como un delito grave, portar símbolos asociados al nacional-socialismo. En cambio, en Colombia, con una actitud, retadora, infame y cínica, el gobierno de extrema izquierda, estimula la aparición de símbolos de grupos genocidas y terroristas como el M-19.

A nivel mundial es mínima, la exposición que ha tenido la tragedia de los Kulaks en Ucrania, un terrible movimiento de desplazados generando una impresionante, hambruna ocasionada por los líderes soviéticos. O qué decir de la masacre de Mao en China con su “gran salto adelante”, cuando el horror de los campos de concentración nazis, parecen juegos de niños comparado con la sevicia y el horror desatado por los líderes comunistas chinos. Numerosas películas, con intereses políticos y económicos, acompañados de documentales y libros han posicionado en el imaginario popular, al holocausto nazi, como una aberración de la raza humana que nunca debiera repetirse, cosa que ocultan cuando de comunismo se trata.

Caso contrario, ocurre cuando historiadores imparciales, nos dan a conocer, atrocidades comunistas, qué han sido manipuladas, ocultadas y manejadas con la sutileza propia de la hipocresía y cinismo. Esa gran cantidad de actos de crueldad, barbaridad y depravación, celosamente ignoradas, están lejos de ser percibidas y conocidas por la nueva generaciones. Surge entonces la inquietud ¿A qué se debe esa suerte de indulgencia, o quizá de ignorancia, que cobija a las perversidades que se han incubado en regímenes comunistas? ¿Por qué los que ayer eran genocidas, como es el caso del criminal Che Guevara, dirigiendo acciones inhumanas en contra de homosexuales en América Latina, hoy reciban de estas comunidades, toda clase de reconocimiento, aprecio, respeto y admiración?

Los muros de las universidades públicas colombianas están pintados con retratos de genocidas comunistas como, el Che Guevara, Fidel Castro, Lenin, Mao y hasta Stalin, enalteciendo a los asesinos incluso con nombres en honor de ellos a las plazoletas, edificios, auditorios y teatros. Conforman galerías, actos culturales y reconocimiento del arte universal, con eventos donde el engaño y la mentira, es el principal fundamento, convirtiéndose en actos degradantes, de mal gusto e indignantes.

En las cátedras de las facultades de humanidades, ciencias sociales o de derecho, es habitual encontrar algunos profesores de la autodenominada “avanzada”, entrenados con principios marxistas-leninistas y a través de la fastidiosa dialéctica victimizante y engañosa, convierten sus clases en un coliseo romano, donde condenan sin fórmula de conocimiento y de juicio, a todo aquel principio que no sea comunista, demostrando la más cobarde depredación, desprestigio, difamación y deshonra, en contra de principios antagónicos.

El comunismo ha sabido convertir esta oportunidad académica, en un mecanismo, con una alta influencia intelectual, no solo en estudiantes universitarios, sino también durante la última década, enfocando este novedoso modelo de “esclavismo intelectual”, en el cual los niños y adolescentes, estudiantes de colegios públicos, se convierten en su principal objetivo, de adoctrinamiento y engaño.

En Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, gobiernos que se denominan socialistas del siglo XXI, pero que a todas luces aplican las viejas recetas, reciben el aplauso popular por su compromiso social, mientras desocupan las arcas y recursos de la nación. Realizan todo tipo de reformas, en lo social, lo económico y lo político, con el solo objetivo de fortalecer sus macabros planes, destruyendo el sector productivo, la clase media, y los recursos de inversión, para convertir al estado socialista en dueño y señor, de la infraestructura económica de la Nación. En esta misma dirección parece que se enfocara el gobierno izquierdista de Colombia, el cual hace apenas dos años llegó al poder, pero ya presenta cifras deprimentes en lo económico, social y político, avanzando con rapidez hacia el objetivo primordial, el cual es aumentar su riqueza y beneficios personales y familiares y capacidad económica, para la compra y tráfico de voluntades y de esta manera aplicar la vieja estrategia estalinista, de votarle las migajas de pan, al necesitado y adolorido pueblo y de esta manera mantenerlo sujeto a su poder y voluntad. La opinión pública europea se escandaliza con los actos terroristas ocurridos a lo largo y ancho de América Latina pero especialmente en Colombia, sin embargo, demuestran una mojigata comprensión por los grupos terroristas de izquierda. Gobiernos, organizaciones no gubernamentales y líderes políticos de algunas naciones, con intereses económicos en los incontrolables recursos del narcotráfico, rechazan con timidez los métodos asesinos de las Farc y el Eln. Las acciones terroristas y los objetivos les resultan altruistas y coinciden en calificar al comunismo, como una alternativa plausible de poder. La lista de dictadores, criminales, corruptos, terroristas y depravados, seguirán constituyéndose en el futuro en ejemplos de conducta, pues el solo hecho de ser de izquierda comunista o socialista, ya es una prenda de garantía, que los tiene blindados sobre cualquier acción de la justicia interna o transnacional para castigar sus depravaciones.

El legado que ha dejado el comunismo, socialismo, izquierda o últimamente denominado “progresismo” ha convertido a los países, dónde hace presencia y luego se enquista, en nidos de odio, resentimiento, amenazas, engaños, hambre, pobreza, esclavitud y muerte, pero aun así, organizaciones internacionales, mantienen una hipócrita simpatía, por este tipo de regímenes.

El historial del comunismo, socialismo o “progresismo”, no ha sido suficiente para que se convierta en una ideología abominable y execrable. ¿Por qué razón? La respuesta parece ser simple, la dialéctica utilizada a través de la victimización y la mentira, permite aparentar la supuesta sinceridad, franqueza y honradez en las intenciones que declara, así la historia las proyecciones, las estadísticas y los resultados políticos, económicos y sociales, demuestren lo contrario. La simpleza de sus argumentos, basada en la cínica utopía de qué, “los ricos explotan a los pobres, que hay que repartir la riqueza, que el pueblo llegará al poder, conectan su discurso delirante, con la intuición más básica de las personas.

El criminal Carlos Pizarro seguirá siendo un héroe, confundirán a sus seguidores entre la similitud de un grupo terrorista y un grupo rebelde, no permitirán que los califiquen de genocidas, cuando realmente lo son. El Che seguirá siendo visto como un rebelde soñador, que derramó su sangre por los pobres del mundo, y no como el burócrata terrorista, asesino y genocida que fue en realidad, Fidel Castro seguirá siendo un prohombre, que logró un impresionante desarrollo de la miseria en Cuba, Chávez y Maduro seguirán siendo los defensores del pueblo, a pesar de masacrarlo y perseguirlo, Ortega seguirá siendo el redentor de Nicaragua y ese “bota fuego” denominado Allende, seguirá siendo la víctima del golpe militar y no el victimario del pueblo chileno.

Y no es que esté mal que un grupo de fanáticos ondeen la bandera de la hoz y el martillo el primero de mayo, o que los ignorantes fanáticos del grupo terrorista y genocida M-19, porten orgullosos la bandera de este movimiento que tanto dolor y muerte causó en Colombia, en libertad tienen derecho a tener proyectos políticos, pero no proyectos criminales. Sin embargo, no deja de ser graciosa la doble moral. El comunismo, arropado en una declaración de buenos propósitos, sobrevive a sus miserias, se disfraza de progresista y resucita rápidamente de ese golpe en la cabeza que fue la caída del muro de Berlín.

Es urgente, que como un acto de imparcialidad académica se den a conocer datos, hechos, y proyecciones de esta dantesca doctrina nacida en el seno del comunismo. Los países y las nuevas generaciones, no pueden seguir siendo víctimas del nuevo esclavismo del siglo XXI, ese esclavismo psicológico que consiste, en la cruel explotación de la ignorancia y las necesidades básicas, como premisa de “cambio”, tan de moda, en los países subdesarrollados de América Latina.

 

https://lalinternaazul2.wordpress.com/2024/10/11/desenmascarar-a-la-izquierda-comunista-debe-ser-un-objetivo-pedagogico/

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