La verdad es que Colombia nunca había tenido un jefe de Estado tan pendenciero y busca-pleitos.

No hay que engañarse. Ha resultado muy difícil en poco más de dos años lograr acuerdos con el gobierno de Gustavo Petro, a no ser que se acepte sin discusión acerca de sus pretensiones e ideas, porque además el mandatario mantiene una dosis de acidez que termina siendo desobligante y agotadora.
El tal acuerdo nacional entró en crisis antes de arrancar. La verdad es que Colombia, pese a todos los problemas graves que ha tenido que enfrentar, nunca había tenido un jefe de Estado tan pendenciero y busca-pleitos, al punto que con absoluta seguridad que si buena parte de sus electores lo hubieran descubierto antes de las elecciones, no lo habrían favorecido con su voto.
Algunos, cada vez menos, están interesados en mostrar que la actitud del Presidente es resultado de una supuesta polarización que vive el país, lo cual es absoluta y evidentemente lejano de la realidad.
Es por eso que la decisión de las mayorías parece irrevocable: es muy difícil que Petro y su gente logren mantenerse en el gobierno después de 2026, siempre y cuando se respeten los principios democráticos establecidos en la Constitución y se abandone la idea de montar reformas constituyentes o referendos de última hora. A solo dos años se haber arrancado el gobierno, los resultados de la gestión no pueden ser peores y es difícil encontrar un avance en al menos un área importante, distinto a la conciencia mayoritaria de que la decisión del 2022 fue equivocada y, aunque no vivíamos en un país perfecto, sí es mejor que la aventura actual. Y a medida que pase el tiempo será todavía más profunda esa sensación y creencia.
Los indicadores de la economía son mediocres, contrarios a lo que heredó de la administración de Iván Duque, y la incertidumbre y desgano empresarial campean entre los distintos agentes, en buena parte por el propósito de no “construir sobre lo construido”, práctica responsable de nuestros gobernantes borrada de tajo por este gobierno en sectores clave como la construcción de vivienda, infraestructura, servicios públicos y el tema energético y minero. La debacle fiscal no tiene precedentes en las últimas décadas, la caída en el empleo es cada día mayor y la corrupción, mínima transparencia en el manejo de los recursos públicos, así con la ineficiencia en el manejo de los asuntos de gobierno, no pueden recibir otro calificativo que lamentables. El daño causado en estos frentes requerirá mucho tiempo para corregirse y sacrificio de todos.
En los términos anteriores, no queda sino un camino posible y salvador: unir esfuerzos de los del lado que no quieren que siga el mal llamado modelo “progresista”, pero hay unas condiciones básicas que se deben tener en cuenta, la primera de las cuales es la renuncia a las ambiciones personales, en aras de alcanzar el objetivo buscado para bien del país. Sobre esto sí debe haber un verdadero compromiso nacional que debe plantearse en el menor tiempo posible.
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PD. El presidente Petro debe dar ejemplo siendo el primero en aceptar las reglas de juego establecidas en la Constitución Nacional. Puede estar en desacuerdo, pero no tiene otra opción que acatar las decisiones de los jueces.
Mario Hernández
Empresario exportador
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