Luis Guillermo Vélez

Según The Economist, la palabra kakistocracia es la palabra del 2024. Significa “el gobierno de los peores”. Aunque la RAE hubiera preferido un más castizo caquistocracia, el término ya forma parte de aquellos aceptados por la noble institución.

Colombia no es la única en identificarse con el vocablo, el gobierno de los peores parece ser un signo de los tiempos en todo el planeta. Sin embargo, en nuestro país la palabra tiene una doble acepción muy ajustada a la actual coyuntura política: además de kakós, que en griego significa malvado o malo, aquí quienes nos gobiernan también son cacos, que en simple criollo significa muy ladrón.

Porque la administración Petro, además de ser la más destructiva desde el sexenio de Sanclemente-Marroquín, ha resultado ser increíblemente corrupta. Tanto así que Lorenzo Marroquín –el original “Hijo del Ejecutivo” por sus andanzas con contratistas y concesionarios oficiales de antaño– ahora tiene competencia imbatible. Con Petro no tenemos un “Hijo del Ejecutivo”, sino dos. Ambos se llaman Nicolás. Lo que pasa es que uno fue engendrado y no criado mientras que el otro fue criado y no engendrado, siendo el resultado el mismo en ambos casos.

Rara vez hemos visto a buena parte del alto gobierno sub iudice tan rápido. Está rindiendo cuentas ante jueces y fiscales una parte significativa de la familia presidencial más los dos secretarios generales de la Presidencia (en su correspondiente versión masculina y femenina), los dos más importantes ministros del despacho (primero y tercero en el orden de precedencia), la alta consejera para las regiones, el presidente de la empresa de petróleos (antes gerente de la campaña presidencial) y los exdirectores de la UNGRD y de la Función Pública (ambos dependientes directamente del presidente de la República). Como van las cosas lo más fácil será sustituir el organigrama de la rama ejecutiva por un cartel de “Se Busca”.

Dicen que la destreza en el crimen es un asunto de imaginación y estos ciertamente la tienen. El ejemplo más claro está en la vuelta de tuerca que el defenestrado ministro de Hacienda y Cía. les dio a los llamados cupos indicativos del presupuesto. Estos, por controversiales que puedan ser, son constitucionales.

Así lo ha dicho la Corte Constitucional, quien ha mirado el tema hasta por las costuras. Lo que pasa es que este gobierno no solo asignó los cupos para que fueran contratados bien o mal en las regiones, sino que ofreció el mecanismo para materializar el peculado utilizando las facultades de contratación directa de la UNGRD. O sea que ofreció el combo completo como en los restaurantes de comida rápida: la asignación presupuestal, más el contrato, más el contratista, más la bolsa con los billetes contantes y sonantes. Todo a satisfacción del cliente.

Cuando se debeló lo que el escrito de acusación presentado por la Fiscalía llamó “empresa criminal”, el presidente Petro tomó la palabra y en vez de hacer un acto de contrición arremetió contra la prensa. Es injusto, dijo, que a su gobierno progresista le fustigaran estos pecadillos mientras que a los gobiernos del pasado no les hubieran dicho ni mu.

El espejo retrovisor con lente de aumento es la herramienta favorita del arsenal petrista, siempre útil para echarle la culpa a alguien más, especialmente a los que gobernaron antes. Como en el poema de Juan Ramón Jiménez: “Yo no soy yo. Soy éste que va a mi lado sin yo verlo; que, a veces, voy a ver, y que, a veces, olvido”. En el mundo de la victimización eterna la agencia humana se ha desvanecido.

Esta es la fórmula mágica del teflón presidencial, si teflón es mantener un 32% de popularidad cuando la realidad debería colocarlo en cifras de un dígito: delirar, difamar y desviar, todo mientras se pretende conducir a la humanidad hacía las estrellas del universo. El desdoblamiento, ya vemos, tiene dos funciones. La primera es atribuir al otro las culpas propias, expiando así cualquier responsabilidad, y la segunda, aún más importante para el frágil ego presidencial, sirve para trasmutar el remordimiento por las oportunidades perdidas.

Al pato renco en que se ha convertido este gobierno le tirotearon las alas dos años antes de lo usual. Lo confirma el lanzamiento anticipado de nuevos candidatos presidenciales, entre ellos varios miembros del gabinete que renunciarán en los primeros meses del año entrante con el doble propósito de no inhabilitarse y de alejarse cuanto antes de la vacaloca fundamentalista que se avecina. El nombramiento del Matarife Mendoza como excelentísimo embajador ante el reino de Tailandia es un signo ominoso de lo anterior.

El lánguido fin de la legislatura es otra señal del caos imperante. Lo de mostrar fue la cuestionada reforma al sistema general de participaciones que fue de iniciativa parlamentaria y que entrará en plena vigencia hasta dentro de doce años, si antes no se quiebra el fisco nacional. Más grave aún es la anomalía inédita de afrontar un 2025 con un presupuesto brutalmente desfinanciado expedido por decreto. Será fascinante verificar como este gobierno concilia sus fantasías de gasto con una billetera vacía.

El chu-chu-chú causado por el estrangulamiento financiero de la institucionalidad público-privada que tanto les disgusta es útil para acelerar su demolición. El problema es que las vigas del derrumbe les caerán encima.

Ya lo estamos viendo en materia de salud. La falta de medicamentos, la quiebra de hospitales, y la falta de atención básica están generando un colapso del sistema. Las PQR de las EPS intervenidas, que fue la razón por la cual se adoptaron las ilegales medidas, han crecido el 20% durante el último año. En esta ocasión, como en muchas otras, el gobierno no es la solución sino el problema. Y la gente lo sabe porque tiene que sacar de su bolsillo recursos que antes venían del aseguramiento.

La ignorancia atrevida de estos aprendices de brujo causa estragos a propios y extraños. En educación fue casi poética la salida en falso del ministro del ramo ante la crisis del Icetex. No es problema mío, dijo, hasta que alguien le recordó que él era el presidente de la junta directiva de la entidad. Con 250.000 estudiantes universitarios sin poder regresar a clase el próximo período, “acabar con el Icetex” como proponen, ya no parece tan buena idea. En el congreso, la Boreal diciendo que mandar los niños al colegio es violencia para después justificar la metida de pata citando a Focault es de antología.

Como lo es también la explicación de Carrascal sobre los costos de la reforma laboral al confundir ingresos con utilidades de las empresas. La kakistocracia petrista es el gobierno de los peores, los más malos, los más malvados y de los más bandidos. Aquí se conjugan todos los significados del término. Es difícil saber si este ha sido el primer gobierno de izquierda de la historia nacional, como afirman algunos. Lo que sí es seguro es que será el último. Pesará mucho en la conciencia de la izquierda colombiana que esta oportunidad se hubiera despilfarrado de manera tan protuberante.