“Aunque la mona se vista de seda…”

El presidente desfigura la alocución presidencial, en su sentido jurídico, gramatical, natural y obvio, para eludir el alcance del fallo proferido por el Consejo de Estado. No faltarán quienes lo respalden.

El fin de semana pasado, el presidente del Consejo de Estado concedió una entrevista a El Tiempo. Se refirió al fallo de tutela que le prohibe al presidente de la República transmitir los consejos de ministros en los canales privados, en el Canal Uno y en los canales locales, regionales y comunitarios de televisión abierta. Esa decisión, dijo, está lejos de ser una censura. Para el magistrado, el presidente ha desdibujado lo que tradicionalmente se entiende como una alocución.

Días después, el procurador general fue abordado sobre el mismo tema. Su respuesta fue categórica: “Los fallos de las cortes y de la justicia en general son para cumplirlos, para acatarlos. La justicia es para todos”.

La discusión, hoy, gira en torno a si el presidente de la República desacató la orden judicial que impartió el Consejo de Estado. “Esto no es un consejo de ministros, el consejo de ministros tiene su formalidad, sigue después de este programa. Esto es una alocución presidencial”, dijo el lunes, en plena transmisión, sin sonrojarse.

Viniendo de quien viene, y por lo que se dijo y vivió en los días previos, la expresión no deja de ser una provocación. Un desafío a la autonomía de la rama judicial. Una afrenta a la majestad de la justicia. El presidente desfigura la alocución presidencial, en su sentido jurídico, gramatical, natural y obvio, para eludir el alcance del fallo proferido por el Consejo de Estado. No faltarán quienes lo respalden, ni quienes lo justifiquen. Aduladores, igual de miopes, obtusos e insensatos, es lo que le sobran.

El Consejo de Estado fue enfático: el presidente tiene derecho a dirigirse al país mediante alocuciones. La ley se lo permite. Para lo que no está facultado es para usar el espectro electromagnético de forma indiscriminada, arbitraria o caprichosa. El fallo se estructuró sobre la base de los consejos de ministros, prohibiéndole su transmisión, porque era la figura que venía utilizando. Ahora, con habilidad pasmosa, quiere hacernos creer que tiene abierta la posibilidad de echarle mano, a su antojo, a la alocución.

El reciente fallo no le permite interrumpir las transmisiones de los canales privados de televisión abierta para transmitir los consejos de gobierno. Con las alocuciones pasa algo similar. La Corte Constitucional, desde el 2001, y el Consejo de Estado, desde el 2014, tienen claro que si bien pueden tener lugar en cualquier momento, su transmisión debe obedecer a criterios de necesidad, urgencia y razonabilidad.

Llámelo como lo llame, disfrácelo como lo disfrace, preséntelo como lo presente, lo que se transmitió el lunes tuvo cara de todo menos de alocución presidencial. El único que lo ve así es el presidente. Ah… y sus secuaces.

 

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/2025/04/25/aunque-la-mona-se-vista-de-seda/

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