Colombia resultó ser más frágil que Venezuela

Durante los primeros días del gobierno de Petro, tal vez la frase más común entre todos los opositores era la siguiente: “Colombia no es Venezuela”. Pensábamos que imponer en nuestro país un régimen marxista no sería tan fácil como lo fue en Venezuela, en donde Chávez y Maduro prácticamente no tuvieron oposición en su empeño siniestro de convertir el país más rico de Latinoamérica en uno de los más pobres y miserables del mundo.

Esa esperanza estaba fundamentada en que Colombia tenía instituciones fuertes, capaces de defender el Estado de Derecho ante las andanadas cada vez más delirantes y extremas del petrismo. Sin embargo, pasados casi tres años de este gobierno ignominioso, constatamos que esas instituciones poderosas que nos defenderían de la barbarie marxista, en realidad sucumbieron ante el primer empujón.

Eran como un equivalente a la Línea Maginot francesa, en la cual Europa confiaba para defenderse de la tiranía nazi, pero que se derrumbó como un castillo de naipes ante la embestida de los inatajables tanques de Hitler.

Del mismo modo, esa Línea Maginot de Colombia no sólo se derrumbó ante la embestida petrista, sino que en algunos casos se cambió de bando y comenzó a colaborar con los destructores de la Nación.

Las instituciones de Colombia claudicaron ante la demolición del País

Estas instituciones tienen una gran responsabilidad en la tragedia que se precipita sobre Colombia. Sin duda el juicio de la Historia se ocupará de ellas muy pronto. Esas instituciones, casi todas centenarias, deberían estar librando una batalla moral, jurídica, política y religiosa para defender a Colombia, pues representan a 50 millones de colombianos que ahora están huérfanos y abandonados a su suerte, por la cobardía y la traición de quienes deberían defender el País de sus enemigos.

Me refiero a las Altas Cortes (Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado, Corte Constitucional y Consejo Nacional Electoral), al Congreso de la República, a la Procuraduría, a la Fiscalía, a la Contraloría, a las Fuerzas Armadas y de Policía, a los partidos políticos históricos, a los gremios empresariales y a la Iglesia Católica.

Sin excepción, están arrodilladas y acobardadas ante las arremetidas demenciales del tirano. Ante el ejercicio ilegítimo, corrupto y arrollador del poder presidencial, estas instituciones poco o nada han hecho contra los planes de Petro para destruir a Colombia.

El presidente se burla de las Altas Cortes, se rebela abiertamente contra sus fallos y legisla a su antojo por medio de decretos contrarios a la Constitución, pero ninguna de las Cortes hace nada para impedirlo. De vez en cuando emiten sentencias y comunicados declarando inconstitucional o inconveniente alguna medida o decreto presidencial, pero no hay freno suficiente contra el apetito demoledor y dictatorial del gobierno.

Sobra decir que la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría son entes inútiles desde mucho antes que Petro llegara al poder. Obviamente no ejercen control sancionatorio alguno contra las oleadas incontenibles de la corrupción y del crimen, que ahora gobiernan de la mano del presidente.

Las FFAA dejaron de cumplir con su deber más sagrado

Las Fuerzas Armadas están colapsadas. Como el presidente es su jefe máximo, carecen de autonomía y solo obedecen las órdenes que reciben. El anterior ministro de defensa las desmanteló y las humilló de tal forma que uno de los mejores ejércitos del mundo en la lucha contra las guerrillas, ahora es impotente para controlar el orden público, pues tiene la orden de no combatir a los terroristas para poder implementar la falsa Paz Total. Ni siquiera ejecutan el presupuesto, de tal forma que las tropas no tienen aviones, ni helicópteros, ni municiones, ni pertrechos, ni nada. Solo cumplen la orden de dejarse matar por los subversivos narco-marxistas que ahora dominan 700 municipios.

De los gremios empresariales, es mejor ni hablar. Todos le apuestan a que Petro se vaya en el 2026, aunque deje el país destruido. No entienden los mensajes repetitivos del presidente, diciendo que se quiere quedar para siempre. Es lo mismo que han hecho sus camaradas comunistas en todos los países cuando llegaron al poder.

Los gremios hacen una oposición cobarde y claudicante, porque fueron los aliados de Santos para imponer el falso Acuerdo de paz, que es el que nos está llevando a la ruina.

Sin embargo, los campeones de la corrupción son los partidos políticos, que reciben dinero a manos llenas para aprobar las reformas y darle apoyo político al presidente, traicionando a sus electores y al País. Entre los partidos y los congresistas hay una alianza corrupta para impedir la apertura del juicio político y destitución del presidente, lo cual es el único camino legal para librarnos de la pesadilla que vivimos. Las Altas Cortes no exigen que se cumpla la Constitución, ante el alud de pruebas que comprometen al presidente, a su gobierno y a su familia con actos indignos que deberían conducir a su destitución del cargo.

Los obispos callan mientras los lobos atacan

Para terminar con la descripción de esta tragedia, solo falta mencionar la posición de la Conferencia Episcopal. Ningún obispo ha dicho nada sobre todas las tragedias que se ciernen sobre el país con la implementación de las reformas impuestas por medio de corrupción y violaciones a la Constitución. Sin embargo, sí escuchamos una escandalosa declaración del obispo encargado de las relaciones con el Estado, Mons. Héctor Fabio Henao Gaviria, quien durante la pasada Semana Santa afirmó que las reformas de Petro eran indispensables para obtener la paz y la prosperidad de Colombia, para lo cual los obispos apoyan la Consulta Popular de Petro, acusando al Congreso de la República por no aprobar las reformas.

Los católicos de Colombia no hemos escuchado la voz de los obispos para condenar el terrorismo, las masacres, el asesinato de policías, soldados y de cientos de ciudadanos desamparados por el Estado, cuyos derechos son violados por las organizaciones subversivas.

Pero sí para exigir las reformas que nos están llevando al colapso de la salud, de la educación, de la economía y del orden público.

¿Hasta cuándo Colombia seguirá dormida? El país entero manifiesta su indignación con el gobierno desastroso que tenemos, pero todos nuestros voceros institucionales actúan “con la voz que adormece y la mano que apaga”.

22/04/2025 | Por Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción |trujillo.eugenio@gmail.com

https://lalinternaazul2.wordpress.com/2025/04/26/colombia-resulto-ser-mas-fragil-que-venezuela/

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