“Es de vida o muerte”

Sería hipócrita negar el optimismo que produce ver cómo el petrismo se autodestruye. La narrativa del “golpe blando”, del “golpe de Estado” o de que “quieren tumbar al presidente” quedó sepultada por los hechos. Ha sido el propio Gustavo Petro, con su desgobierno, quien socavó las bases del movimiento ideológico que sostenía a punta de derroche y corrupción. Su supuesto liderazgo popular es solo una fantasía. El problema es que el costo de esa implosión lo paga el país, que también está siendo arrasado.

A la profunda crisis de seguridad y al colapso del sistema de salud se suma un daño fiscal monumental: han vaciado hasta la caja del Estado. Petro, desesperado ante el deterioro de su capital político, busca ahora más recursos para continuar despilfarrando en lo que le resta de período. Uno de sus agitadores -hoy ministro-, el señor Sanguino, lo resumió sin pudor: “La consulta va porque va. Es de vida o muerte”. Nada les importa. Ya desangraron a Ecopetrol y, burlando al Congreso mediante decreto, pretenden recaudar este año los impuestos de 2026. Acabaron con todo y van por más.

Debemos repetirlo sin descanso: Petro lleva casi tres años en el poder y no ha gobernado. Ha preferido incendiar la nación con discursos y trinos populistas, radicales y agresivos. Ha profundizado la polarización, la anarquía y exacerbado la confrontación entre los colombianos. Y, como si el tiempo no hubiera pasado, desempolvó la vieja estrategia comunista del odio de clases y recurre a todas las formas de lucha. Desconoce de manera sistemática la separación de poderes, columna vertebral del Estado de derecho, y utiliza su investidura para atropellar al Congreso y a la justicia cuando sus caprichos no son satisfechos.

Esta semana, desde Barranquilla, convocó a una movilización nacional diciendo: “Si toca ir a una huelga indefinida, el presidente no se opondrá y los apoya. Y si me tumban por ello, estalla la revolución en Colombia”. De paso, “ordenó” a la Fuerza Pública no tocar a los vándalos. Una actitud temeraria e irresponsable.

Respondieron algunas centrales obreras y sindicatos del magisterio, e incluso obligaron a estudiantes del SENA a participar. ¿El resultado? Un rotundo fracaso. Tan evidente fue, que Petro salió a negar cualquier vínculo suyo o del gobierno con la convocatoria. Igual que cuando desconoció a su propio hijo tras la confesión de graves delitos.

Las conclusiones son claras: sin financiación estatal, no hay movilización petrista. Resucitaron la “primera línea” y, con ella, aparecieron los encapuchados que bloquearon vías, atacaron el transporte público y afectaron a miles de ciudadanos. Sin embargo, lo más revelador fue la reacción popular. Ciudadanos del común -el verdadero pueblo- se enfrentaron con valentía a los violentos. Doña Beatriz, en Medellín, rechazó la protesta con firmeza ante la prensa, y doña Yaneth, en Bogotá, una vendedora de arepas, lideró a su comunidad para expulsar a los vándalos. Ellas simbolizan a una ciudadanía harta de los abusos de Petro.

La fuerza del petrismo se ha disipado. Fue solo una llamarada de hojas secas. La actitud de los ministros salientes y el rechazo a Gustavo Bolívar, su amigo fiel, confirman que Petro está cada vez más solo.

La mesa está servida para la oposición. Es hora de actuar con sensatez. Si se reduce el número exagerado de aspirantes presidenciales -muchos sin opción alguna- y se unifica la mayoría, la victoria será inevitable.

@ernestomaciast

Ernesto Macías Tovar

https://www.elnuevosiglo.com.co/columnistas/es-de-vida-o-muerte

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