
LA CUENTA regresiva para la primera vuelta presidencial en los comicios de 2026 arranca hoy. El escenario es, sin embargo, muy distinto al que primaba en mayo de 2021, cuando restaban también 12 meses para la definición del sucesor de Iván Duque en la Casa de Nariño.
En ese entonces, el ajedrez proselitista estaba marcado por tres hechos fundamentales. En primer lugar, en la contienda estaba un candidato muy fuerte como Gustavo Petro, que en 2018 había llegado hasta la segunda vuelta, sumando 8.040.449 votos, siendo el potencial electoral más fuerte en toda la historia de un candidato de izquierda, superado, sin embargo, por el aspirante del uribismo que alcanzó más de 10.398.689 respaldos para reemplazar a Juan Manuel Santos en la primera magistratura.
En segundo término, el escenario del arranque de la campaña presidencial, en mayo de 2021, se daba en medio de una de las más fuertes olas de protesta social de la última década en el país. Si bien es cierto que comenzó por un rechazo generalizado a un proyecto de reforma tributaria del gobierno Duque, que, entre otras cosas, incrementaba el impuesto del IVA, se extendió rápidamente a distintas regiones, generando lo que en su momento se denominó “estallido social”, pero que algunos analistas consideran que en realidad fue una mezcla entre un sentimiento generalizado de inconformismo de la población con el efecto de la crisis pandémica, unido a una estrategia de sectores de izquierda e incluso de grupos armados ilegales interesados en crear una sensación de ‘bomba de tiempo’ socioeconómico.
En tercer lugar, el escenario político cuatro años atrás mostraba que las principales alcaldías del país, y una que otra gobernación, estaban en manos de mandatarios de izquierda o independientes. Tal era el caso de Bogotá, Medellín o Cali.
Las encuestas de entonces mostraban una ventaja de Petro sobre el dos veces candidato presidencial Sergio Fajardo y la entonces vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, de quien por esos días se estaba pendiente de si iba a renunciar al cargo para aspirar a la sucesión de Duque. Detrás de ellos, aunque mucho más lejos, se encontraban algunos exmandatarios regionales, como el exalcalde de Barranquilla, Alejandro Char, y de Medellín, Federico Gutiérrez.
Del mismo modo, faltando 15 meses para terminar su periodo, si bien el país seguía tratando de retomar el ritmo en medio de la fase intermedia de la pandemia de COVID-19 (todavía con algunas cuarentenas parciales y con una amplia campaña de vacunación), el jefe de Estado tenía una desaprobación del 60%, aunque en muchos sectores se le reconocía que había logrado mantener el país a flote en medio de la más grave emergencia sanitaria de las últimas décadas, que a esa fecha ya había cobrado la vida de 89.587 colombianos.
La desaprobación del presidente Iván Duque llega al 76%, según Invamer. Es el peor resultado para un mandatario colombiano en los 27 años que se lleva haciendo esta encuesta. pic.twitter.com/0yhoRpahK6
— Focus CO (@COLElige) May 25, 2021
Muchas diferencias
A hoy, el ajedrez proselitista y la coyuntura nacional son muy distintos a los de cuatro años atrás.
En primer lugar, lo que constituye un hecho clave, ninguno de los tres grandes protagonistas de la contienda por la Casa de Nariño en 2022 está en competencia. Petro es el presidente y le restan 15 meses de mandato. Aunque el Pacto Histórico y otros aliados políticos suyos han tratado de buscar mecanismos para viabilizar su reelección e, incluso, extender su periodo, llegando a pensar hasta en una asamblea constituyente, lo cierto es que estará en el poder hasta el 7 de agosto de 2026. Ni un minuto más.
En segundo término, la gran sorpresa de los comicios de 2022, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, quien sumó más de 10,5 millones de votos en la segunda vuelta, no solo nunca asumió como jefe de la oposición y apenas estuvo unos cuantos meses en el Senado ocupando la curul correspondiente al aspirante perdedor en el balotaje, sino que lamentablemente falleció el año pasado, en septiembre de 2024. No dejó un partido ni un sucesor claro que pudiera capitalizar de cara a 2026 ese sorpresivo potencial electoral que sacó en 2022 y que, dicho sea de paso, en mayo de 2021 ni siquiera asomaba en los sondeos.
De igual manera, la tercera votación importante de entonces fue la de ‘Fico’ Gutiérrez, quien estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta presidencial de 2022, cuando sumó más de cinco millones de votos como cabeza de la coalición Equipo por Colombia. Sin embargo, fue superado por Hernández por más de 900.000 sufragios, en tanto que Petro lo aventajó por tres millones y medio de respaldos. Hoy, como se sabe, ‘Fico’ no está pujando por la Casa de Nariño, ya que en octubre de 2023 fue elegido, por segunda vez, como alcalde de Medellín y, si bien es cierto que distintos sectores nacionales le venían insistiendo que renunciara para postularse de nuevo a la Casa de Nariño, no lo hizo.

Otro hecho que marca una diferencia sustancial entre el escenario actual y el de hace cuatro años se refiere a que en los comicios regionales y locales de 2023 los candidatos de izquierda y centro-izquierda, tanto a gobernaciones como a alcaldías principales, sufrieron una estruendosa derrota, al punto de que en Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y otras ciudades capitales triunfaron candidatos de centro-derecha.
Este es un hecho de alta significación, pues desde las toldas del petrismo y la izquierda en general se aspiraba a extender el triunfo presidencial de 2022 al mapa político territorial, pero ocurrió todo lo contrario. Dicho fenómeno fue interpretado por muchos analistas como una clara desaprobación al primer tramo del mandato de la izquierda en nuestro país, marcado ya entonces por una lesiva carga ideológica ciudadana de la gestión, deficientes políticas de seguridad y paz, bandazos económicos, escándalos de corrupción y un alto grado de inestabilidad institucional, sobre todo por el rompimiento de la coalición política mayoritaria inicial y el recambio constante en el gabinete.
Tampoco existe hoy un escenario de “estallido social” ni tampoco un agitado clima regional. Si bien es cierto que el gobierno Petro ha tratado de revivir este escenario de 2021, llamando constantemente a la “sublevación”, “movilización permanente”, “revolución general” y “alzamiento popular”, entre muchos otros epítetos reiterados en el discurso presidencial, lo cierto es que la opinión pública mayoritaria no le hace eco a ese discurso político.
#Nación | Aunque se han registrado hasta este mediodía del miércoles marchas y bloqueos en sectores estratégicos de las diferentes ciudades capitales, éstos han sido intermitentes y el común denominador es que son pequeños grupos los que han alterado el normal funcionamiento de… pic.twitter.com/3mK14fStCU
— EL NUEVO SIGLO (@ElNuevoSiglo) May 28, 2025
La mayor prueba se vio precisamente esta semana cuando, pese a los llamados de Petro y compañía a la “huelga general” en protesta por el hundimiento en el Senado de la cuestionada propuesta presidencial de consulta popular sobre temas laborales, las marchas y concentraciones en todo el país resultaron no solo minoritarias, sino que, por el contrario, la mayoría de los colombianos siguió trabajando e incluso hubo muchas muestras de alto inconformismo de los habitantes con los grupúsculos que en algunas ciudades salieron a bloquear vías y sistemas de transporte.
Al igual que ocurrió con el resultado de los comicios departamentales y municipales de 2023, el fracaso de los paros de este miércoles y jueves es interpretado por muchos sectores como una muestra más de la impopularidad presidencial y la creciente oposición a su accidentada y crítica gestión en materia de economía, seguridad, sistema de salud y otros múltiples flancos.
Las denuncias de la Casa de Nariño y del Pacto Histórico sobre un bloque a la ‘agenda del cambio’ lo han llevado, a ningún “estallido social” con una de las principales estrategias del petrismo de cara a los comicios parlamentarios y presidenciales de 2026.

Ajedrez de arranque
Hay otras circunstancias políticas que evidencian grandes diferencias entre lo que ocurría cuatro años atrás en el arranque por la sucesión de Duque y lo que hoy registra el país en cuanto a la contienda para reemplazar a Petro en agosto del próximo año.
Por ejemplo, como ya se dijo, en mayo de 2021 no asomaba un candidato outsider como terminó siendo Rodolfo Hernández, que solo vino a repuntar en los meses cercanos a la primera vuelta en 2022. Ahora, sin embargo, sí hay una candidata que se puede considerar ajena a los partidos políticos establecidos, como es el caso de la periodista Vicky Dávila, que en las últimas encuestas siempre ha estado en el lote de punta. Ubicada claramente en la centro-derecha, tanto en su trabajo periodístico como ahora en su aspiración, busca convertirse en la principal candidata del anti-petrismo.
Los otros dos nombres que también están en la cabeza de los sondeos son el del exsenador y exdirector del Departamento de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar, así como el de Sergio Fajardo.

Frente al primero, no deja de resultar paradójico que, si bien es el candidato petrista que más suena, tanto en el presidente como en el Pacto Histórico hay sectores que buscan atajarlo, con el objetivo de fortalecer otros nombres como los de María José Pizarro, Susana Muhamad, Camilo Romero y otros que no marcan muy alto en las encuestas.
La situación ha llegado a tal punto que Bolívar, al que algunos sectores petristas acusan de estar siendo “inflado” por la prensa y partidos de centro-derecha, ya ha advertido que el candidato del Pacto Histórico debe ser elegido, como se acordó el año pasado, por una consulta popular abierta y que, si no es así, él se terminaría retirando de la competencia por no ser la ficha que Petro se jugará en 2026 para garantizar la continuidad de su Gobierno.
Lo cierto, entonces, es que, a diferencia de hace cuatro años, no se ve un líder fuerte en la izquierda, que sigue girando de manera preponderante alrededor de la figura de Petro. Es más, muchos recuerdan que Bolívar fue la carta que el actual presidente se jugó en 2023 en la capital del país y terminó siendo derrotado por un amplio margen por Carlos Fernando Galán, quien sumó mucho del voto antipetrista. Este no es un tema menor si se tiene en cuenta que la capital del país era uno de los fortines tradicionales de la izquierda, de la cual Petro fue alcalde entre 2012 y 2015, pero hoy por hoy ha perdido mucho terreno, con todo lo que ello en materia de política electoral implica.
Fajardo, por su parte, viene de ser candidato presidencial en las elecciones de 2018 y 2022. Si bien es cierto que en esas dos ocasiones faltando un año para los comicios por la Casa de Nariño marcaba muy alto en las encuestas, en ninguna de esa cita en las urnas logró pasar a segunda vuelta. De hecho, de 4,6 millones de votos hace 7 años, terminó pasando a 885.291 hace tres años.
Aparentemente, en esa pelea por ser el candidato del centro del espectro político hoy Fajardo tendría que competir con quienes fueron sus fórmulas vicepresidenciales en sus últimas dos aspiraciones a la Casa de Nariño: la exalcaldesa de Bogotá Claudia López (2018) y el excanciller del gobierno Petro, Luis Gilberto Murillo (2022).

En lo que hace al Centro Democrático, cuyo candidato llegó a segunda vuelta en 2014 (Óscar Iván Zuluaga) y conquistó la Casa de Nariño en 2018 (Duque), tuvo en 2022 su peor desempeño en la contienda por la primera magistratura, al punto de que ni siquiera presentó candidato en primera vuelta, ya que el que había ganado dicho tiquete en esa colectividad, el propio Zuluaga, terminó por dar un paso al costado arrancando ese año. Después, el uribismo pareció inclinarse hacia la campaña de Federico Gutiérrez, pero al no clasificar este al balotaje final, sus bases se fueron con Rodolfo Hernández, no tanto por coincidencias ideológicas o programáticas, sino con la única intención de evitar un triunfo de Petro.
Hoy por hoy, el uribismo tiene de nuevo un ramillete de cinco precandidatos que, si bien marcan individualmente muy bajo en las encuestas, lejos del triplete de punta (Dávila, Bolívar y Fajardo), cuando se suman esos rubros en los sondeos, se evidencia que tienen con qué pelear en 2026. Sin embargo, no se puede negar que varios sectores de derecha son de la tesis de que deberían formar una llave entre Dávila y el Centro Democrático para tratar de evitar que el petrismo se reelija.
No obstante, por el momento esa alianza no se ve cercana, pese a que las elecciones parlamentarias, a realizarse en marzo próximo, y en las que se llevarían a cabo de manera paralela las consultas multipartidistas para escoger candidatos de coalición, están solo a 10 meses.
Por los lados de los partidos históricos, como el Liberal y el Conservador, la estrategia por el momento apunta a sentar primero las bases de una coalición de centro-derecha antes que enfocarse en las competencias internas para definir sus respectivos candidatos.
No en vano ya se han realizado varias reuniones este año entre los jefes del partido Liberal, César Gaviria; del conservatismo, Nadia Blel y Efraín Cepeda; el Nuevo Liberalismo de Juan Manuel Galán e incluso partidos como la U.
Salvo en el tema de Galán, no hay por el momento candidatos lanzados en el conservatismo, el liberalismo, y mucho menos en la U, aunque el sojero en cada una de esas colectividades sigue ampliándose.
No hay que olvidar que en 2022 el candidato presidencial conservador, David Barguil, integró la coalición de ‘Equipo por Colombia’, pero en la consulta quedó muy lejos de Gutiérrez, quien también les ganó, y por mucho, a los exalcaldes Enrique Peñalosa y Alejandro Char, así como a la aspirante de uno de los partidos cristianos.
Hoy, les quiero contar una decisión muy importante para mi vida.
— Carlos Amaya 🌻 (@CarlosAmayaR) May 30, 2025
Les quiero contar desde lo más profundo del corazón cómo la tomé y las razones por las que lo hice.
Gracias a todas y todos por su apoyo siempre.
Gracias a quienes dediquen unos minutos para ver este video.… pic.twitter.com/yBR0DXpyfn
Este es otro de los grandes temas que diferencian el escenario de hace cuatro años frente al actual en lo que refiere al arranque de la puja presidencial. No hay en esta ocasión un gran bloque de exmandatarios regionales en pos de conformar una alianza para llegar a la Casa de Nariño, que fue la gran animadora de la anterior campaña, como lo prueban los casos de Gutiérrez y del propio Hernández, quien venía de ser alcalde de Bucaramanga, en tanto Petro lo había sido de Bogotá.
Cambio Radical, por su parte, está confiado para la próxima contienda presidencial en que se vuelva a lanzar su máximo líder, Germán Vargas Lleras, quien hace cuatro años, pese a que figuraba en las encuestas, finalmente decidió no postularse.
A todo lo anterior, hay que sumar una serie de candidatos que aunque tiene origen partidista o viene de los sectores económicos y académicos, prefieren presentarse como independientes, incluso la mayoría están pensando en sustentarse en la recolección de firmas.
No llegamos a calentar silla, vinimos a demostrar que se puede hacer una política distinta.
— Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr) May 30, 2025
Tras 513 días en el @ConcejoDeBogota, damos un paso adelante con la certeza de haber trabajado con rigor, escucha y resultados: 16 debates de control, 12 proyectos de acuerdo, 3… pic.twitter.com/E2RLUNxSGK
Dentro de este grupo se puede mencionar a exministros como Mauricio Cárdenas, el excandidato a la alcaldía bogotana Juan Daniel Oviedo; el exsenador David Luna, y varios exministros o alfiles de petrismo, como Luis Gilberto Murillo, Carolina Corcho, Mauricio Lizcano, Susana Muhamad y Roy Barreras.
Paradójicamente, varios de ellos (excepto la extitular de ambiente) han advertido en sus recientes lanzamientos que no son “petristas”, lo que ha generado muchas reacciones críticas en los pasillos de la Casa de Nariño y en las toldas del Pacto Histórico.
Como se ve, la actual campaña por la sucesión de Petro tiene grandes diferencias con lo que pasaba en el país y la naciente contienda proselitista de hace cuatro años. Es claro que la izquierda ya dejó de ser la novedad en cuanto a discurso político y hoy por hoy su mayor punto débil es, precisamente, la accidentada gestión de Petro, al punto de que la que en 2022 se daba como segura aspirante a reemplazarlo en 2026, su vicepresidenta Francia Márquez, no solo le está marcando distancias y asume un tono crítico a la gestión del Ejecutivo y al incumplimiento de muchas de sus promesas, sino que, desde hace varios meses, ya anunció que no renunciaría al cargo para postularse a la Casa de Nariño.
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