La gota que NO derramo el vaso | José Francisco García M.

A la izquierda José Calvo Sotelo, a la derecha Miguel Uribe Turbay

 

José Calvo Sotelo nació el 6 de mayo de 1893 en Madrid, Reino de España. Era un brillante abogado, que se graduó primero en su promoción. Fue Diputado en las Cortes (esto es el equivalente a Senador en nuestra república bananera) y Ministro de Hacienda. Durante la II Republica denunciaba desde las Cortes la violencia armada de la Izquierda, tanto aquella proveniente del Estado cooptado por las fuerzas Rojas como la de los grupos armados ilegales afines y protegidos por él. Fue asesinado el 13 de julio de 1936, cuando apenas tenía 43 años, por un grupo de policías comunistas que formaban parte de la escolta personal de Indalecio Prieto. Su asesinato fue la gota que derramo el vaso, y así inició la Cruzada contra el Comunismo, también conocida como Guerra Civil Española.

 

Es posible establecer un paralelismo entre José Calvo Sotelo y Miguel Uribe Turbay. Ambos eran jóvenes abogados. Ambos tenían una carrera pública prometedora. Ambos habían tenido cargos públicos de responsabilidad, y se habían desempeñado excelentemente en ellos. Ambos vivieron bajo una dictadura de Izquierda, el primero bajo el Frente Popular español y el segundo bajo el Pacto Histórico colombiano. Ambos denunciaron los abusos y la violencia de los regímenes bajo los cuales vivían. Y ambos fueron asesinados por los regímenes izquierdistas que combatían en sendos crímenes de Estado.

 

Sin embargo, hay una gran diferencia entre ellos. El asesinato de José Calvo Sotelo fue la chispa que encendió la Cruzada Contra el Comunismo en España, y cuyo resultado fue la liberación de ese país y su pueblo por más de 30 años (1939-1975), periodo en el cual se construyó un verdadero y exitoso Estado Nación. El asesinato de Miguel Uribe Turbay solo produjo temor, cobardía y deseos de pactar con las fuerzas responsables de este crimen de Estado.

 

El narcodictador Gustavo Petro sigue en el Poder, más afianzado que nunca. Colombia produce el 70% de la cocaína consumida a nivel mundial. Los grupos narcoguerrilleros armados, amigos y soporte de la narcodictadura, cada día expanden su control territorial según las mismas cifras de los organismos de control de bolsillo del narcorégimen. La Reforma Agraria, que en la práctica acaba con la propiedad privada rural, ya es un hecho y nadie se ha pronunciado al respecto; e incluso contó con los votos a favor de varios miembros de los partidos políticos de Oposición. Las Fuerzas Militares del país son un chiste del cual nadie se ríe, y están más preocupadas por complacer al drogadicto intergaláctico que en defender a la población y hacer cumplir la Constitución. La lista podría continuar, pero cualquier persona que viva en Colombia (y no sea un petrista lobotomizado) conoce la situación real del país.

 

El asesinato de Miguel Uribe debió ser la gota que derramara el vaso. Su muerte debió causar un verdadero despertar nacional. El país debió levantarse y sacudirse del yugo de la narcodictadura. Pero no sucedió. Colombia, guiada por los partidos de Oposición, camina tranquilamente como un borrego al matadero, y ahí la espera el verdugo narcomunista con una sonrisa en la cara.

11/09/2025 | Por José Francisco García M.

 

 

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