“Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa” (Víctor Hugo)

El espectáculo que vienen brindando nuestros dirigentes políticos y la mayor parte de los aspirantes a la Presidencia, en especial los llamados de “centro” o “centroderecha”, es francamente lamentable. Se han exacerbado las mezquindades entre quienes deberían estar unidos para detener la amenaza comunista, ya que sus ambiciones personales han primado sobre los intereses de la Patria.

 

En consecuencia, los potenciales electores siguen atrapados en una maraña de cuestionamientos a los sistemas internos de selección de los partidos, incriminaciones a los competidores e insulsos debates sobre hipócritas propuestas de unión, todo lo cual sólo ha traído confusión y caos. Mientras tanto, crece la amenaza comunista con el propósito de aprovechar las falencias de la oposición para alcanzar la victoria tanto en la elección presidencial como en la del Congreso.

 

Súmese a lo anterior la nociva influencia por el envenenamiento de los corazones con la propaganda oficial, la pedagogía del odio y la estrategia de la mentira que a diario reciben los gobernados por este régimen de iniquidad y perversión moral.

 

Ninguna esperanza nos deja la dirigencia política que durante décadas utilizó la democracia en su propio beneficio y ahora pretende mantener una política tolerante rayana en la complicidad con el régimen que busca perpetuarse a partir de las elecciones. Para lograrlo, hablan de una hipotética unión que sabemos no llegará a feliz término, merced al egocentrismo y la codicia de los competidores y de los caudillos que los patrocinan.

 

¿Nos queda alguna esperanza?

 

Aunque el pueblo carezca de discernimiento político en condiciones de manipulación mediática por parte del régimen como las que vivimos, saca a relucir su instinto de supervivencia en los momentos fundamentales para la democracia, como ocurrió cuando rechazó el humillante Acuerdo de La Habana, suscrito por la coalición farcsantista que ahora busca nuestros votos con Fajardo, Pinzón, Cárdenas, Cristo y otros camuflados de “antipetristas de última hora”.

 

Quedó desprestigiado por completo el tema de la consulta interpartidista en busca de la unión, que recibió la “puñalada trapera” de los mismos candidatos que sólo conciben la unión alrededor de sus nombres. La generosa propuesta del abogado Abelardo de la Espriella, quien invitó a una rápida selección de un candidato único de la oposición mediante una encuesta debidamente auditada, con participación de la totalidad de aspirantes, con excepción de los aliados de Petro, fue ignorada por nuestra dirigencia política y por los propios precandidatos que prefieren seguir sirviendo de cómplices, conscientes o inconscientes, de la extrema izquierda, en lugar de aceptar tan desinteresada alternativa.

 

Como lo enseña Jacques Maritain, “la victoria será fructífera únicamente a condición de abandonar las iniquidades del pasado y volvernos decididamente hacia la justicia y la rectitud política.”

 

Es justamente lo que pregona el líder Abelardo de la Espriella cuando convoca a que nos convirtamos en defensores de la Patria, sin vínculos con una clase politiquera y corrupta ni con el comunismo totalitario y criminal. Ya ha demostrado su generosidad con el resto de aspirantes, quienes se han limitado a ignorar su llamado a la solidaridad o siguen empeñados en la ofensa y la tendenciosa diatriba. Con metódico trabajo y un irrefutable respaldo popular, ya entregó a la Registraduría su inscripción como candidato a la Presidencia acompañada de 4,8 millones de firmas, cifra nunca vista en nuestros anales políticos. ¡Ahí está la solución que esta mediocre clase política se atreve a ignorar, pero que constituye la mejor y más cercana esperanza a la victoria sobre el cruel régimen del comunismo!

 

6/12/2025 | Por: Luis Alfonso García Carmona