
¡En Chile pasó lo que tenía que pasar, aunque las encuestas dijeran otra cosa! El candidato de la derecha y ferviente católico, José Antonio Kast, obtuvo el 58,2 % de los votos, contra el 41,8 % de la comunista Jeannette Jara.
En Chile se repitió el enfrentamiento que ya es habitual en todas las naciones de América, en el cual la opinión pública está radicalmente polarizada entre derecha e izquierda.
¡El centro ha sido pulverizado! Es un espectro político caracterizado por su idiotez histórica, pues pretende no asumir ninguna posición definida ante los graves conflictos que nos afectan. Existe una agenda universal diabólicamente organizada que nos amenaza con hacer desaparecer la Civilización Cristiana, destruyendo absoluta y radicalmente todos nuestros valores. Ante esa realidad, el centro opta por no ser a favor ni en contra, no toma ninguna posición definida, proclama el diálogo, la concordia, la paz y la convivencia con el enemigo, mientras éste nos arranca los ojos, nos mata a la vista de todos, demuele el estado de derecho a sangre y fuego e impone sus preceptos antinaturales en medio de la indolencia de las mayorías.
El fracaso de la izquierda genera el crecimiento de la derecha
Esta circunstancia evidente convierte a la izquierda radical en jefe de campaña de los candidatos de derecha. Es la realidad que los medios pretenden ocultar en Colombia con sus encuestas falsas y amañadas, que desde ahora proclaman el triunfo de la izquierda en las próximas elecciones, atribuyéndole al centro la única alternativa real de oposición.
¡Puras mentiras! Pretenden engañar otra vez a Colombia, como ya lo hicieron en las elecciones pasadas, en las cuales ganó Petro por la sencilla razón de que no había candidato de derecha. La indecisión incomprensible del expresidente Uribe hizo que la derecha llegara a las elecciones presidenciales sin candidato. Aunque él mismo y su partido, el Centro Democrático, no son de derecha, la realidad es que la derecha vota por ellos, porque impiden que haya candidatos de derecha.
Como la derecha llegó a las elecciones pasadas sin candidato, entonces el público derechista tuvo que votar por Rodolfo Hernández, un demente izquierdista que declaró que si él no fuera candidato presidencial también votaría por Petro. Esta situación irracional, sumada al fraude probado y reconocido por el Consejo Nacional Electoral, fue lo que llevó a Petro a la presidencia.
Sin embargo, después de tres años y medio en el poder, ninguna de las promesas de Petro se ha hecho realidad. Lo que Colombia vive es el desmantelamiento del Estado de Derecho, el estancamiento de la economía, el regreso de la violencia guerrillera, el crecimiento de todos los grupos terroristas, el aumento de los secuestros, el caos de muchas regiones oprimidas por grupos subversivos y el aumento de la producción de cocaína.
Nos precipitamos hacia un Estado fallido, corrupto, incapaz de proteger a los ciudadanos, de administrar justicia y de garantizar los derechos elementales de las personas.
Esta situación calamitosa va a condicionar el voto de los colombianos en las elecciones de mayo próximo. Mienten las encuestas cuando afirman que el centro será el ganador, porque la realidad es que será barrido de la política colombiana, como ha pasado en las recientes elecciones de los países vecinos.
La izquierda escogió a un candidato guerrillero
La izquierda escogió a Iván Cepeda, quien representa al marxismo radical. Es un militante de las FARC, aliado del ELN y del Cartel del Golfo, convencido de las tiránicas políticas estalinistas para destruir el Estado y la propiedad privada. Representa al comunismo del siglo XX, que se niega a morir ante las evidencias de la historia, pues solo produjo fracaso, miseria y esclavitud.
Se equivocan quienes creen que el candidato capaz de derrotar a Cepeda solo podría ser un centrista. Ignoran la realidad del fenómeno de la candidatura de Abelardo de la Espriella, que crece en la intención de voto, mientras que todas las demás bajan. Esto se debe a que el partido que dice representar a la derecha, aunque no sea de derecha, se precipitó en una absurda confusión para elegir candidato presidencial.
La realidad es que la historia catastrófica de hace cuatro años se está repitiendo ahora. El Centro Democrático se negó a hacer una consulta popular para escoger el candidato, prefiriendo hacerlo por encuestas manipuladas y poco transparentes, bajo la batuta de José Obdulio Gaviria.
Uribe la apuesta el centro, pero triunfará la derecha
Es así como fue escogida Paloma Valencia como candidata presidencial. Ha sido sin duda una excelente senadora, pero no es de derecha, descartando a María Fernanda Cabal, que sí lo es. Con esa decisión los votos de la derecha se apartarán del CD y se irán a fortalecer la candidatura de Abelardo de la Espriella, y una vez más el partido de Uribe caerá en el descrédito y en la confusión. Al final, cuando se diluya su poder electoral, se unirán a cualquier otra candidatura, como la del santista Juan Carlos Pinzón, o se disolverán en la anarquía, como pasó hace cuatro años.
Finalmente, habrá otros candidatos centristas, sin posibilidad de ganar, pero estarán allí porque la reposición de votos los hará millonarios. Eso es lo que han hecho en el pasado y lo harán también ahora.
Así las cosas, el panorama de Colombia es completamente diferente al que se han inventado las encuestas. La disputa será entre la derecha y la izquierda, entre Abelardo y Cepeda, mientras que el centro desaparecerá del escenario. El único factor electoral que podrá cambiar el resultado es el fraude, que es la especialidad de la izquierda, y que evidentemente podrá ser el gran elector en las próximas elecciones, tal como lo fue en las pasadas.
15/12/2025 | Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción | trujillo.eugenio@gmail.com . .
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