No obstante las expresiones de triunfalismo que pululan después de la jornada electoral del pasado domingo, me queda una gravísima preocupación por el futuro del país.

Como lo habíamos pronosticado, el despliegue publicitario que acompañó la convocatoria a votar en las consultas partidistas, condujo a una general confusión en las masas de votantes acostumbradas a las dos vueltas para la elección de presidente. No entendieron lo de las consultas como lo que verdaderamente son: un pacto entre un grupo de ciudadanos para respaldar la aspiración del partícipe que alcance la mayor votación. Como lo expresamos en su momento, no los unía el interés supremo del país, o la defensa de principios o valores conculcados por el actual régimen. No. Su objetivo primordial ha sido puramente electorero. “Si carezco de la fuerza electoral para ser presidente (o presidenta), me uno a otros para lograrlo”. Y así ocurrió en el seno de la consulta llamada por algunos de “derecha” o de “centroderecha”. Fueron los más votados Paloma Valencia y Juan Carlos Oviedo. Desde que se conoció el resultado, ha comenzado a tomar forma la fórmula de Paloma a la Presidencia y Oviedo a la Vicepresidencia, Se ha llegado a afirmar que la solución para los males de Colombia es contar con una mujer en la Presidencia y un homosexual en la Vicepresidencia. No cuentan para nada sus antecedentes políticos, su formación ideológica, su posición frente a la destrucción de nuestras instituciones bajo la tiranía de extrema izquierda; todo lo validan mediante su género o sus inclinaciones sexuales.
Escuchando las kilométricas transmisiones del recuento de votos y la interpretación que los candidatos y periodistas hicieron de los resultados queda un gran vacío conceptual. Se pudo constatar que los candidatos más votados fueron los beneficiarios de las corruptas maquinarias electoreras, con honrosas excepciones como las de Daniel Briceño y Enrique Gómez Martínez. Nunca habíamos presenciado un trasiego de dinero efectivo en todo el territorio nacional presumiblemente para la compra de votos. Echamos de menos un análisis serio sobre lo trascendental: Conocidos los resultados de las urnas ¿cuál será la suerte del país? ¿Cuál debe ser el camino a seguir si queremos persistir en nuestro noble propósito de defender la Patria de la tiranía neocomunista representada por Cepeda, el heredero de Petro y candidato de las FARC?
Nuestro aciago augurio se cumplió: La izquierda irá unida a la primera vuelta pues no resultó ningún rival de peso que pudiera preocupar al camarada Cepeda “el silencioso”. En cambio los partidarios del orden, de la democracia y del estado de derecho, concurriremos divididos entre los partidarios del “tigre” Abelardo y los de Paloma, ahora crecida con el respaldo de sus socios en la consulta partidista.
No entendemos cómo algunos comentaristas consideran que ese escenario favorece la derrota de Cepeda cuando es exactamente lo contrario. Siempre que una fuerza se divide para enfrentar un enemigo totalmente unido, lleva la primera las de perder. Así se consigna en la historia de los pueblos y así lo hemos vivido en nuestra reciente política. ¿Cuándo aprenderemos a aplicar la razón antes de opinar?
Seamos claros: Hoy comienza la carrera hacia la Presidencia, pero ya Abelardo cuenta con un movimiento mayoritario, expresado en las firmas obtenidas directamente, no a través de empresas intermediarias. La multitud de eventos con miles de adeptos así lo confirman. Quienes a ellos asisten lo hacen con fervor patriótico, sin recibir dinero ni refrigerios, convencidos de que Abelardo es la solución para un país en el más absoluto desmoronamiento moral y material.
Los partidarios de Abelardo no podemos, por principios, unirnos al grupo que eligió a Paloma como su candidata, pues no comulgamos con la políticas de transacción, diálogo y alcahuetería con el crimen, el narcotráfico, la corrupción que pregonan Oviedo y sus compadres, Ahora nos hablan de unidad pero rechazaron a Abelardo cuando quiso hacer parte de un verdadero grupo de derecha, lo maltrataron tildándolo de “extrema derecha” e ignoraron su propuesta de escoger desde hace varios meses un candidato único a través de una encuesta que evitara el millonario costo de la consulta más el pago por reposiciones de votos a los precandidatos.
Si aplicáramos la razón en busca de lo mejor para los superiores intereses de la República, la doctora Paloma Valencia debería unirse a Abelardo de la Espriella para enfrentar con éxito al silencioso Cepeda y vencerlo en la primera vuelta. Pero eso no va a suceder. Pueden más los egos y la codicia que el futuro del país. Tendremos que conformarnos con que cada uno siga su camino: Abelardo en su patriótica causa de defender la Patria con coraje, y sin miedo frente al más violento de los enemigos, por un lado, y Paloma con sus nuevos amigos procedentes de la vieja politiquería, defensores del humillante acuerdo de La Habana y santistas mimetizados ahora de antipetristas.
No hay que temer al fracaso ante este nuevo obstáculo. Como decía uno de los maestros del estoicismo:
“Porque la inteligencia derriba y desplaza todo lo que obstaculiza su actividad encaminada al objetivo propuesto, y se convierte en acción lo que retenía esta acción, yen camino lo que obstaculizaba este camino. (Marco Aurelio, Meditaciones)
Luis Alfonso García Carmona: Abogado. Escritor. Fundador de Alianza Reconstrucción Colombia.
10/03/2026 | Por: Luis Alfonso García Carmona