El refugio de los coherentes

 

 

En la derecha colombiana, la coherencia parece haberse convertido en un artículo de lujo. Mientras las bases uribistas buscan un puerto seguro que defienda la autoridad sin complejos, Paloma Valencia ha decidido emprender una travesía hacia ninguna parte.

 

Su elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial no es un movimiento estratégico; es un suicidio asistido en el altar de la tibieza que deja el camino despejado para el único liderazgo con pantalones: Abelardo de la Espriella.

 

Paloma parece haber olvidado que la política es identidad. Al subir a Oviedo a su barca, no suma votos de centro; le notifica a su base que sus principios son intercambiables por un puñado de encuestas en Chapinero.

 

Hablemos de Oviedo sin adornos: es la antítesis de la derecha pura. Proaborto, militante de la agenda LGTBI, defensor del Acuerdo de Paz y devoto de la JEP. Representa todo aquello que el uribista de a pie ha combatido durante una década.

 

Es el «Caballo de Troya» del progresismo técnico entrando por la puerta grande de un partido que parece haber perdido el norte.

Mientras Paloma se pierde en esta «modernización» de diseño, la figura de Abelardo de la Espriella se alza como la única opción real para una derecha que no pide perdón por existir.

 

Abelardo no necesita matizar su discurso para agradar a quienes, de todos modos, lo odian. Su propuesta es música para los oídos del que siente que el país se perdió en el relativismo moral: propiedad privada sin peros, familia tradicional sin asteriscos y una mano firme que no tiembla ante la delincuencia.

 

Abelardo entiende lo que Paloma ignoró: que la derecha visceral no quiere ser «administrado» por tecnócratas; quiere ser representado por líderes.

 

Mientras la senadora intenta pescar votos en el pantano del centro con un compañero de fórmula que huele a JEP, De la Espriella recoge el alma de un movimiento, de la derecha de verdad, coherente, que se siente traicionado por la estructura partidista.

 

Abelardo no es solo un candidato; es el refugio de quienes buscan prosperidad con seguridad, sin los tapujos de la corrección política.

 

El resultado es previsible. Paloma se quedará con el carné del partido y unos cuantos nostálgicos del DANE, pero Abelardo se queda con el pueblo. Él representa esa derecha insurgente, carismática y, sobre todo, leal a sus votantes. En un país que grita por definiciones, la audacia de Abelardo brilla frente a la quimera imposible de Valencia.

 

Paloma ha decidido cambiar su herencia, su primogenitura por un plato de lentejas progresistas. Abelardo, en cambio, ha decidido defender la casa. Para la derecha de verdad, la elección ya no es entre partidos, sino entre la rendición disfrazada de centro o la victoria de la mano de quien nunca ha bajado las banderas.

 

Por: Lorena Lázaro Ocampo

 

0
Por favor deja tu opinion aqui !x

Compartir:

WhatsApp
Facebook
Twitter
Telegram
Email
0
Amamos tu opinion, deja tu cometario.x
()
x