
Los que hemos admirado durante años el partido Centro Democrático y los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez debemos ser hoy más exigentes con la candidata Paloma Valencia. Admiramos los dos gobiernos de Uribe (2002-2010) no porque él hubiera llegado a la jefatura del Estado sino porque había llegado para realizar un programa específico de salvación nacional que ningún otro candidato tenía ni podía tener en ese momento y que fue una bendición para Colombia.
Después comenzó el declive y ante la falta de vigilancia intelectual y doctrinaria de la dirección del CD ese declive termina hoy en un derrumbe.
Porque Paloma Valencia y Álvaro Uribe han cambiado de actitud: quieren obtener la presidencia de la República por obtenerla en sí y no para cumplir un programa de verdadera lucha por Colombia.
Impresionada por los resultados de la “gran consulta”, Paloma Valencia negoció con gente que impulsa unas políticas y unos valores que jamás fueron los del CD.
Gobernar por gobernar, por la vanidad de llegar a la Casa de Nariño, no para derrocar la obra destructiva del colectivismo petrista, ni la agenda de Iván Cepeda y los planes ortodoxos del comunismo histórico colombiano, con su cortejo de inmundicias humanas y de atrocidades que obscurecen al mundo y que arrastrarán a Colombia a niveles bien peores que los alcanzados por Gustavo Petro.
La coalición que ha pactado Paloma Valencia con la venia de Álvaro Uribe no está dispuesta a desmontar esa herencia negativa, ni a extraer de la entraña del país los vicios ideológicos y societales introducidos por el comunismo colombiano en la sociedad a lo largo de los últimos 70 años.
Valencia y Oviedo aspiran a ocupar esa dignidad, para implementar, por el contrario, una agenda diferente si no divergente, mezclada de concesiones al bando que busca hacer de Colombia una colonia del progresismo anticapitalista, un territorio para las experimentaciones wokistas más irracionales, cada vez más en ruptura con el humanismo y la civilización judeo-cristiana colombiana.
Esto es evidente para todos: las condiciones que puso Juan Daniel Oviedo para forjar la coalición con Paloma Valencia, en donde el vicepresidente aspira a ser un presidente 2, contienen los elementos que abogan por un alejamiento radical de los principios y doctrinas que eran los nuestros, los de Colombia como un baluarte de la democracia liberal del continente. Son los ideales de una extrema izquierda internacional que la coalición tratará de aclimatar y aplicar a las realidades de Colombia si gana la presidencia.
En las últimas dos semanas, desde que todos escuchamos por boca del señor Oviedo lo que él piensa sobre materias tan delicadas como, por una parte, la familia, la filiación, la protección de los menores, el aborto y, de otro lado, el mantenimiento de los acuerdos de La Habana, el refuerzo de la justicia especial, la diplomacia del país al servicio de un bloque antioccidental, y cuando escuchamos las respuestas que ellos —Valencia, Oviedo y Uribe— han dado a los miles de miembros inquietos o en ruptura con el CD, llegamos a la convicción de que la nueva síntesis que nos proponen es inaceptable y que el voto lógico para Colombia, para el 31 de mayo, es por el candidato independiente Abelardo de la Espriella.
21/03/2026 | Por Eduardo Mackenzie . .
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