Petro amenaza a la Iglesia

 

En días recientes, Gustavo Petro arremetió nuevamente contra el clero y contra la Iglesia católica colombiana en una intervención errática, imposible de justificar desde la sobriedad, apoyándose —como ya es costumbre— en una falsificación burda de la historia.

 

No es la primera vez que recurre a este tipo de distorsiones para atacar a la Iglesia. Y probablemente no será la última.

 

Esta vez, además, lanzó una idea alevosamente falaz: que la Iglesia colombiana se ha convertido en una «Iglesia franquista». Según él, durante el régimen de Franco la Iglesia persiguió a quienes no eran católicos.

 

El problema es que eso simplemente no es cierto.

 

Y precisamente por eso vale la pena mirar lo ocurrido en España, porque la realidad histórica fue exactamente la contraria.

 

Hace pocos días empezó a circular una nueva entrega del podcast Pensar la Vendée, del periodista y pensador español Federico Jiménez Losantos, donde se retoma una investigación clave del historiador Javier Paredes: Hasta el cielo: mártires de la Segunda República y la Guerra Civil.

 

Lo que allí se recuerda —porque no es un descubrimiento, es memoria histórica documentada— es que la Guerra Civil Española fue, sin eufemismos, una guerra contra la cruz, contra el cristianismo.

 

Las cifras son contundentes: miles de sacerdotes, religiosos y religiosas asesinados; obispos ejecutados; iglesias profanadas; monjas vejadas y luego fusiladas. Fue una persecución sistemática impulsada por milicias vinculadas del PSOE y el comunismo español.

 

Así a muchos les irrite, esto no es propaganda. Es historia.

 

Aquí no estamos ante un simple error. Se está reescribiendo la historia, poniendo a las víctimas, los cristianos, en el lugar de los verdugos, los socialistas.

 

Pero hay algo más de fondo: las palabras de Petro también dejan ver un desconocimiento serio de lo que es el cristianismo y del mensaje mismo de Jesucristo. Mezclar la transmisión de la verdad cristiana con insinuaciones de violencia no resiste el menor análisis. El cristianismo no predica la violencia; la rechaza. Y no existe una sola evidencia seria de que sacerdotes en Colombia estén incitando a ella. Esa acusación es la excusa para presionar, vigilar y acorralar a la Iglesia.

 

No hay nada extraño en que la Iglesia colombiana mire con preocupación la posible victoria del comunista Iván Cepeda. La historia es clara: donde se instala el comunismo, la Iglesia termina siendo perseguida. Pasó en la Unión Soviética y sucede en Nicaragua, Cuba, Venezuela, China y Corea del Norte, por citar unos pocos ejemplos. En esos países, aunque la fe no ha desparecido, pero sí es permanentemente vigilada, controlada y castigada por no someterse a las arbitrariedades del poder.

 

Gustavo Petro ha dado instrucciones para que la fuerza pública haga presencia en las iglesias con el propósito evidente de controlar lo que allí se dice. Esa inaceptable orden busca intervenir, vigilar y poner límites a la libertad de predicación cuando lo que se dice no sea de su agrado.

 

 

 

Petro ha puesto ejemplos personales: que su familia ha ido a misa y no les ha gustado lo que el presbítero ha dicho durante la homilía. Pero eso no es un problema público. Es un asunto estrictamente privado. Si a alguien no le gusta lo que dice un sacerdote, tiene toda la libertad de levantarse e irse, o de cambiar de parroquia. Lo que no tiene es el derecho de convertir esa incomodidad en una orden para que el Estado entre a controlar lo que se predica en una Iglesia.

 

Eso sí es grave.

 

Porque aquí no estamos ante un debate teórico, sino ante una decisión concreta que cruza una línea delicada: la intromisión del régimen en el ámbito religioso.

 

Se habla de libertad de cultos, pero se pretende condicionar la libertad de expresión de los sacerdotes. Se acepta la religión… siempre que no incomode, siempre que no cuestione, siempre que no advierta.

 

Eso deja de ser libertad y pasa a ser sometimiento.

 

Los sacerdotes no están para agradar al presidente o a los suyos. Están para cumplir su misión: anunciar lo que consideran verdadero y guiar a los fieles en todos los aspectos de la vida, también en aquellos que tocan la conciencia moral y la realidad social.

 

Ante semejante arremetida, profundamente grave, preocupa el silencio de la jerarquía. ¿Dónde está la Conferencia Episcopal de Colombia? ¿Dónde está una respuesta clara, firme, sin ambigüedades frente a una decisión que compromete directamente la libertad de la Iglesia?

 

Cuando un presidente ordena que la tropa entre a la Iglesias para vigilar lo que el sacerdote predica, está atentando contra la libertad religiosa de todos los cristianos quienes no pueden guardar silencio frente a semejante amenaza.

 

Petro ha abierto una puerta que después es muy difícil cerrar.

 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 15 de 2026

https://los.irreverentes.com/2026/04/petro-amenaza-a-la-iglesia/

 

 

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