Hace exactamente dos meses publiqué Una paloma que no come Zucaritas, un texto donde con matemáticas, estadística histórica y la regla del 4% defendí con uñas y dientes la importancia de votar a Paloma Valencia en la Gran Consulta por Colombia. Ese domingo de marzo, junto con otros seis millones de colombianos, hice mi parte. Paloma ganó. El bloque de centro-derecha tenía ahora una candidata con caudal, narrativa propia, y la oportunidad histórica de presentarse como una alternativa seria, sólida y coherente frente al oscurantismo y daño que representan las ideas y las intenciones de la izquierda.

 

Pero, dos meses después, toca decirlo sin anestesia: Paloma desaprovechó el momento. Y este texto, que escribo con la misma franqueza con la que defendí su candidatura, es el periodicazo que se gana quien recibió un cheque en blanco y se lo gastó, literalmente, en chécheres. Es un texto de alguien que creyó y que le duele profundamente lo que está ocurriendo.

El hierro de la dama se oxidó

 

Margaret Thatcher entendía algo fundamental de la política: el liderazgo no consiste en caer bien, sino en transmitir claridad, convicción y dirección. La “Dama de Hierro” no se volvió de hierro porque gritara más duro que los demás. Se volvió de hierro porque nunca dejó dudas sobre qué defendía, qué combatía y hacia dónde quería llevar a su país. Y claro, eso no convencía a todos, pero sí a una mayoría que la respetaba por su convicción y sus ideas. Paloma tenía la oportunidad perfecta para construir algo parecido en Colombia. Una candidatura ideológicamente clara, firme frente al oscurantismo y capaz de conectar con una derecha cansada de pedir perdón por existir. Una especie de madre recia, clara, contundente, pero que al mismo tiempo era capaz de tender puentes, y por eso la llave con Juan Daniel hacía tanto sentido.

 

Una madre líder haciendo dupla con un tecnócrata fresco y empático era, políticamente, un dueto casi perfecto. Y no solamente desde el marketing o lo simbólico. Era una fórmula que, bien ejecutada, lograba algo extremadamente escaso en la derecha colombiana: mezclar convicción con modernidad, firmeza con frescura, tesis con capacidad de expansión electoral. Pero entonces ocurrió lo más colombiano posible, se tiraron la empanada poniéndole arroz. Y ya no sabe ni a arroz y, y mucho menos a empanada.

 

Aunque este texto es de opinión política, trataré de explicar, con hechos porque el hierro de la Paloma se nos oxidó.

 

Cero convicción y mucha confusión

 

Lo que comenzó como una noticia de esperanza, derivó en un mensaje confuso. La dupla Paloma-Juan Daniel sonaba ganadora, una llave de éxito electoral que sumaba a la derecha de Uribe más un centro fresco con un millón de votos y mucha fortaleza en Bogotá. El hedor de metro parisino que generaba el uribismo se enmascaraba de forma eficiente con el perfume Oviedo. Un menticol potente y fresco. Y a eso se sumaba que Cepeda se estaba radicalizando aún más sin invitar a los del centro. Y súmele a ello también la debilidad y desgaste de Fajardo, que ya raya en lo absurdamente incomprensible. Y lo mismo Claudia. Y en la derecha, Abelardo asusta al Chapineruno colombiano con su barbita Bukeleska y el saludo militar de “firmes por la patria”. Todo estaba servido para Paloma, era literalmente como cobrar un penalty sin arquero. Pero Paloma parecía de apellido Higuaín, y el penalty lo botó.

 

Y entonces empezó el festival de la ridiculez. Juan Daniel salió a decir que si fuera un therian sería un atún*. Después dijo que a la gente “le debía importar un comino” lo que pensara la presidenta Paloma Valencia sobre ciertos temas. Paloma, por su parte, salió a contar en radio que le había dado “periodicazo” por boquiflojo. Y mientras tanto, el país viendo una fórmula presidencial donde uno parecía streamer existencialista y la otra mamá regañando en el grupo familiar de WhatsApp. En paralelo, Oviedo tenía que salir cada ocho días a aclarar que no se había vuelto uribista, mientras Paloma proponía a Uribe de ministro de Defensa. Aquello ya no parecía una campaña integrada. Parecía una relación abierta y políticamente incompatible.

 

Y súmele ese Santismo desesperante en la profundidad de los cuadros de campaña. Y las náuseas llegaron a tope al ver a Cárdenas, más santista que Tutina y el fantástico creador del IVA al 19% dando cátedra de política económica. La incogruencia pura, todo por el cálculo político.

 

Link al cuento del atún.

 

Y no contentos con las ridiculeces, salieron además a celebrar con entusiasmo infantil que los partidos tradicionales los estaban apoyando. Como si no hubieran visto la película de hace apenas cuatro años, cuando Fico recibió exactamente los mismos abrazos burocráticos, las mismas fotos sonrientes y los mismos comunicados llenos de “unidad nacional” para terminar ganando solamente en un departamento durante la primera vuelta. Ganó Antioquia. Y ni siquiera completa, porque perdió en regiones como Urabá y el Bajo Cauca. Pareciera que en la política colombiana nadie aprende nada. Los apoyos de la política tradicional no expanden hoy electoralmente y más bien generan sospecha. El elector promedio ya no ve esas adhesiones como una demostración de gobernabilidad, sino como una alerta temprana de repartija.

 

Colombia pasó de imaginar una Thatcher criolla con poder real en Bogotá, a ver discusiones oceánicas sobre atunes, periodicazos, aclaraciones ideológicas permanentes y reuniones con partidos políticos. El hierro claramente ya se estaba oxidando.

 

Pero ya esta semana fue la tapa, con tres joyas que son el claro ejemplo de su intrascendencia. Estas tres joyas sellaron definitivamente mi decisión porque se nota a leguas que el cálculo político le ganó a la coherencia. Y hasta ahí llegué.

 

Joya #1: El SOAT que paga el Estado

 

La propuesta es la siguiente. Las motos hasta 250 centímetros cúbicos quedarían exoneradas de pagar el SOAT. Estamos hablando de más del 90% de las motos del país, unas 11 millones de unidades. El Estado se haría cargo de la cobertura. Pueblo, alegría, aplausos en Pereira, Lorica y Valledupar. Una candidata que en su programa de gobierno propone eliminar el impuesto al patrimonio, reducir el impuesto de renta empresarial y volver a la regla fiscal, no puede simultáneamente proponer que el Estado le pague el seguro a 11 millones de personas. ¿Vamos a reducir el Estado o lo vamos a ampliar?

 

Paloma argumenta que el 60% de las motos circulan sin SOAT. Eso no es una explicación, es una confesión. ¿Entonces el Estado le va a garantizar el ingreso a las Compañías de seguros? Buen momento para ser accionista de una de esas empresas. Bajo esa misma lógica, entonces el Estado debería pagarle el IVA a todos los comerciantes porque hay evasión, o asumirle la declaración de renta a quien no la presenta porque “igual no está pagando”. El argumento completo se reduce básicamente a esto: “Como mucha gente incumple la norma, entonces socialicemos el costo del incumplimiento.” Maravilloso precedente.

 

Propuesta mala, y con tufillo evidente a cálculo electoral.

 

Joya #2: USD 50.000 millones prestados

 

Esta semana, en entrevista económica, Paloma explicó que su gobierno buscará un préstamo gobierno a gobierno con Estados Unidos por cerca de USD 50.000 millones para refinanciar la deuda externa colombiana y acceder a tasas más favorables. Aquí hay que detenerse, porque el argumento es sutil y conviene desarmarlo con cuidado.

 

Primero, lo positivo: refinanciar deuda cara con deuda barata es, contablemente, una buena idea. Pero acá viene el problema, nos están vendiendo una ficción. La propuesta dice que “no es nueva deuda”, que es cambio de deuda. Pero si miramos la propuesta económica completa de Paloma, ella promete lo siguiente:

 

  • Reducir déficit en $50 billones

  • Aumentar gasto en seguridad en $20 billones

  • Comprar $3 billones en medicamentos

  • Titularizar y pagar deuda del estado a EPS y estabilizar salud con $9 billones iniciales

  • Pagar soat de motos por ~$3,4 billones anuales

  • Reducir impuestos

 

Cuando uno suma con calculadora honesta, no es refinanciación: es endeudamiento neto adicional, vendido como ingeniería financiera. Y está también la historia. En 30 años de historia económica colombiana, los grandes saltos en deuda externa siempre se vendieron como soluciones técnicas y siempre, sin excepción, dejaron al país más vulnerable al ciclo cambiario.

Y por último, una candidata que en su mismo plan dice que “el dólar está ficticiamente bajo” propone, en la misma frase, endeudar al país en dólares por un monto equivalente al 12% del PIB. Si el dólar sube —y ella misma lo predice— ese servicio de deuda se vuelve impagable.

Esto no es derecha responsable. Esto es alquimia fiscal.

Joya #3: El debate virtual, o cuando la política se vuelve show

Y llegamos al episodio más bochornoso de la semana, el que retrata el problema de fondo. El martes pasado, después de días anunciando “el debate que toda Colombia estaba esperando”, Paloma transmitió un debate donde apareció ella sola, mientras imágenes generadas con inteligencia artificial simulaban a Iván Cepeda y a Abelardo de la Espriella en pantalla. Cepeda había descartado públicamente su participación esa misma tarde con una frase que duele: “Hay buenos chistes hoy en el escenario político“. Abelardo se negó. Y Paloma, en lugar de cancelar, debatió contra fantasmas digitales.

Esto es indefendible. No es indefendible porque sea ilegal. Es indefendible porque es bien tonto y ridículo. Una candidata que se postula como Dama de Hierro, como pedagoga, como la voz seria de la derecha, terminó haciendo exactamente lo que criticaba: convirtiendo la campaña en show. TikTok político.

El argumento pendejo

Y no contentos con las ridiculeces y las propuestas desesperadas, terminaron adoptando el mismo argumento existencial de Fajardo. Ese argumento que siempre aparece cuando una candidatura empieza a quedarse sin gasolina política: “Yo soy el único que le gana a X en segunda vuelta.” Es, probablemente, el argumento más intelectualmente perezoso de toda la política colombiana. Porque no intenta demostrar liderazgo, tesis o capacidad de movilización. Intenta vender inevitabilidad. Como no logro entusiasmarte en primera vuelta, entonces te vendo miedo hipotético sobre la segunda. A Fajardo se le agotó ese cuento en 2022. Y se le volvió a agotar en este ciclo. Ahora Paloma decidió reciclarlo.

Primero, no es cierto. La encuesta de Atlas Intel muestra que tanto Paloma como Abelardo le ganarían a Cepeda en un eventual escenario de segunda vuelta. Algunos palomistas ahora matizan diciendo: “Sí, pero Paloma gana por más margen.” Y puede que tengan razón. El problema es que siguen saltándose un pequeñito detalle logístico: primero hay que clasificar a segunda vuelta. Y ahí es donde la dupla fauna —Paloma y el Atún— empezó a enredarse peligrosamente.

Además, el argumento es absurdamente hipotético. Funciona exactamente igual que decir: “Nacional es el único equipo colombiano que le gana al PSG en la final del Mundial de Clubes.” Perfecto. Pero primero tendrías que llegar a la final. Y en política eso importa muchísimo más. Porque las elecciones no las gana el candidato que mejor se vea en simulaciones imaginarias de segunda vuelta. Las gana el que logra construir una coalición emocional, política y narrativa suficientemente fuerte para sobrevivir la primera. Eso fue exactamente lo que entendió Petro en 2022. Y exactamente lo que Paloma parece haber olvidado en 2026.

El argumento me exacerba, porque de verdad lo creen a uno pendejo.

El tigre sí come Zucaritas

 

Lo que voté en marzo no es lo que está apareciendo en mayo. Y como votante con ideas de libertad, Estado pequeño, respeto al derecho de propiedad, conservador en valores y con una cosmovisión muy clara sobre el rol limitado que tiene que tener el Estado, la candidatura de Paloma ya no me representa.

 

Mi voto va por Abelardo. A él le reconozco coherencia en su mensaje y muchas ganas de animar al electorado. Sus propuestas, en términos generales, son muy similares a las de Paloma. Voy con Abelardo básicamente por su carácter. Y aunque hay personajillos que lo acompañan y que yo detesto, soy pragmático en reconocer que me representa mejor que Paloma.

 

Eso sí, si llega a pasar Paloma a segunda vuelta, votaré con entusiasmo y hasta camiseta de VanCamps me pongo porque lo que sí nos debe unir a todos es la firme creencia que Colombia en manos de Cepeda entraría en sus horas más oscuras.

 

Nota del autor:

 

Este artículo contiene opiniones del autor sobre el desempeño de campaña y las propuestas programáticas de la candidata Paloma Valencia. No constituye asesoría electoral. Las cifras citadas provienen de fuentes públicas. En pleno uso del derecho a la libre expresión es que el autor publica este texto.

 

 

8/05/2026 | Por Nicolás Fernández | Substack