
El camino que usted ha tomado, precedido por su alcabalero ministro de Hacienda, con toda sinceridad creemos, señor Presidente, que no es el indicado ni para usted ni para el país. Por ahí no es, señor Presidente, porque la Reforma Tributaria que su gobierno presentó al Congreso, tiene todas las características de ser “inoportuna, inconveniente y agresiva” según calificación de Rafael Nieto Loaiza y desproporcionada y falta de un concienzudo estudio sobre la realidad nacional, agregamos nosotros, ya que por la improvisación con la que fue elaborada no pudo evitar el viejo truco del “garrote y la zanahoria” con el resultado de que para las clases menos pudientes del país hay mucho más de lo primero que de lo segundo.
A pesar de ciertas ínfulas que se dan algunos compatriotas cuando siguiendo la propaganda oficial creen en los cuentos chinos de que somos un país con un satisfactorio índice de desarrollo, la verdad monda y lironda es que no lo somos, o por lo menos no en la proporción que nos quieren hacer creer ya que de cada 10 familias colombianas 4 no han superado el límite de pobreza y las 6 que supuestamente si lo han hecho, padecen todavía de muchas carencias porque sus menguados ingresos, evaluándolos con base el pobre salario mínimo vigente en este país, como quiera que tiene que alcanzar para el alimento, el vestido, el estudio de los hijos, el transporte, el alquiler o la cuota mensual para reducir la hipoteca por la vivienda, la salud y los gastos inesperados, definitivamente no alcanzan, por lo cual de continuo estará deficitado el presupuesto familiar, con el triste resultado de que cada vez hay que privarse de cosas necesarias para poder conseguir las esenciales, lo que al final se suele convertir en una caótica y desesperante situación que en ocasiones lleva al padre de familia a endeudarse muy por encima de sus posibilidades de pago y a sufrir las terribles consecuencias que esto conlleva, las cuales por supuesto que usted, señor Presidente o su ministro de Hacienda no conocen y no conocerán jamás.
Y qué decir del caso de personas de edad avanzada que han logrado adquirir con sus ahorros de toda la vida o han heredado una propiedad, que seguramente será gravada con una tarifa alta, pero que no poseen recursos para gastos, por lo cual no tienen con qué pagar ningún impuesto. ¿Será, señor Presidente, que deben tratar de vender la propiedad y entregar lo que obtengan por la venta al gobierno?
Y quiere usted ahora, señor Presidente, obligar a muchos millones de sus compatriotas a pagar más impuestos de los que ya tienen que pagar porque hacen parte del día a día, sobre todo, sacando de donde no hay y todo para atender los grandes gastos de la burocracia oficial (guardaespaldas, automóvil con chofer, celulares, viajes al exterior, jugosos viáticos, bonificaciones legales y extralegales, y salarios mensuales de ocho cifras) correspondiente a asesores, consejeros, asesores de los consejeros, directores, presidentes de instituciones, viceministros, y una alta y copiosa fronda burocrática, sobre todo la de los embajadores, cónsules, y toda clase de altos diplomáticos que al parecer para nada importante sirven pues cada vez que entre Colombia y otro país hay necesidad de conversar o convenir algo, los altos funcionarios con sede en Bogotá tienen que viajar. ¿Es que no confían en los embajadores o simplemente tienen ganas de viaticar? Por ahí no es, señor Presidente.
Pero hay algo todavía más insoportable. El gobierno necesita dinero para pagarle a los jefes de las antiguas guerrillas y a los guardaespaldas de esos jefes, lo mismo que a los congresistas Comunes y a sus secretarios, auxiliares y mensajeros y como si esto fuera poco, para atender la nómina y los gastos de esa JEP que el pueblo colombiano rechazó en un plebiscito, a pesar de lo cual sus magistrados y secretarios y el montón de funcionarios siguen, más parece que solo devengando y persiguiendo a las fuerzas armadas que haciendo otra labor, todo lo cual usted se había comprometido a eliminar si era elegido presidente. Pues por ahí no es, señor Presidente.
¿Ya le entregaron al gobierno las armas, las verdaderas armas que usaban las Farc? ¿Ya devolvieron a todos los secuestrados y a todos los niños y niñas que faltan en los dolientes hogares de esta pobre Patria? ¿Ya entregaron las fabulosas cantidades que atesoraron, de las cuales algo mencionó uno de los “narcotalios” en carta a un “común”, que si no estamos mal consta de dólares y otras divisas, joyas y oro, todo ello producto del secuestro y del despojo a los secuestrados, o a los pasajeros que asaltaban en los “retenes”, o la enorme fortuna derivada de su comercio de drogas prohibidas, que según se ha afirmado por parte de fuentes confiables, es tan grande su cuantía que puede ser cercana a la mitad del presupuesto nacional? ¿O acaso usted desea que ellos conserven esos tesoros como pago a sus hazañas en bien de la República? Por ahí no es, señor Presidente.
Adelgace la burocracia nacional, señor Presidente. Cancele varias embajadas y consulados que solo son refugios para enemigos peligrosos o para amigos fatigados. Venda activos nacionales que para eso son cuando hay emergencias económicas. Utilice el dinero recogido por la Sociedad de Activos Especiales. Que su ministro de Hacienda en vez de estar pensando en impuestos, así sea combinados con microscópicas ayudas estatales a las familias más necesitadas, hable con el FMI y le cuente que solo hay caja para cinco o seis semanas y podrá ver que allí le prestarán a Colombia el dinero que necesite. Por cierto, que eso es lo que se ha debido hacer desde hace varios meses, pero no se hizo, por solo pensar en impuestos, tasas y contribuciones y todo a la última hora. ¿No será eso irresponsabilidad, señor Presidente?
Finalmente, con el respeto debido a la calidad de Jefe de Estado y de Gobierno y de suprema autoridad administrativa que le asigna la Constitución Nacional, permítanos que le digamos, señor Presidente, que, si usted y el ministro Carrasquilla no reflexionan y arreglan este problema, estarán pavimentando de mármol de Carrara la vía que llevará a Petro, o a Fajardo, o a la viuda de Tirofijo a residir de por vida en la Casa de Nariño y a usted al peor de los círculos del infierno de Dante, sin que haya Uribe que valga.
De manera que, ¿querrá usted solucionar este gigantesco problema? Piénselo y actúe con sindéresis, porque por ahí sí es, señor Presidente.
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