¿Cuántos crímenes se cometen en tu nombre?

El titular se ha tomado de la frase atribuida a madame Roland, que “a contrario sensu”, (contrario a lo que se creía, Juanito) no era una aristócrata francesa guillotinada durante la revolución. Se trataba, como puede verificarse con el “profesor” Google, de una revolucionaria moderada, girondina para más señas, que contrastando con los radicales jacobinos llegó a ser condenada a muerte. Es que, como todas las tales revoluciones, la francesa fue muy sangrienta como se puede verificar desde su mismo himno “La Marselllaise” en donde se habla de “estandarte sangriento” y recomienda que “una sangre impura abreve nuestros surcos”. Para confirmar la apreciación, bastaría darle una mirada a las revoluciones del siglo XX, como la rusa de Lenin, la “cultural” de Mao y para no ir muy lejos la cubana de Castro y la gran estafa del PRI de México. Al final se llega a la definición de Marañas: “Revolución es un cambio de ricos”.

Pues bien, el titular se le aplica a la tan cacareada y mal emprendida “búsqueda de la Paz” en Colombia, protagonizada en buena parte por el mamertismo internacional, o sea: “PAZ, ¿Cuántos crímenes se cometen en tu nombre?”.

Se entiende, además, que Crimen es: “Acción indebida y reprensible” o “que perjudica a alguien o algo”, como enseña la “maestra” Wikipedia. Desde este punto de vista, acontecimientos como la elección de un presidente financiando su campaña con dineros ilícitos, o la manipulación de resultados electorales para ser elegido, por parte de otro, constituyen claros crímenes contra la nación. Y claro, sus protagonistas ¡son criminales!

Entonces, en las circunstancias actuales, año preelectoral, es conveniente hacer referencia a los numerosos precandidatos que han ido surgiendo, principalmente a los que han tenido algún protagonismo con el malhadado proceso del acuerdo espurio de La Habana.

Se parte del hecho, claro por demás también, de haber negado (¿en nombre de la PAZ?) los resultados del plebiscito que anuló de hecho el acuerdo de La Habana, constituye también un crimen contra la patria, porque, por lo menos, constituyó una “Acción indebida y reprensible”. Todos los protagonistas y cómplices de este crimen son entonces y claramente: criminales y, dentro de este grupo es preciso incluir a los exfuncionarios del gobierno anterior, que aparecen hoy aspirando a ser favorecidos en las próximas elecciones. La responsabilidad de ratificarlos en su aspiración le queda ahora a la comunidad.

En este nefasto grupo debieran incluirse los magistrados que apoyaron el hecho de desconocer el resultado del plebiscito y los parlamentarios que propugnaron el “fast-track y, en fin, todas las tropelías que condujeron a situaciones como el establecimiento de la JEP, crímenes todos: “en nombre de la PAZ”.

Este tipo de circunstancias, viene de muy atrás. El país, por ejemplo, se ha ido acostumbrando a tolerar, con el transcurrir del tiempo, situaciones que constituyen verdaderos crímenes contra la patria. Bastaría recordar el episodio de la toma del Palacio de Justicia protagonizado por dos grupos claramente definidos, el narcotráfico y el M-19, y, con el pasar de los años, la comunidad se encuentra con que los narcotraficantes encuentran su asiento en el congreso y uno de los componentes del M-19 es uno de los principales aspirantes a la primera magistratura.

Lo más preocupante es que la gran justificación (¿disculpa o pretexto?) para la comisión de crímenes como los descritos, es “la búsqueda de la anhelada PAZ”. Es entonces conveniente también analizar en que consiste esa PAZ que a pesar del narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, la impunidad, la inseguridad, etc., que campean por la nación, “se ha venido logrando” o “que estamos viviendo”, según las abundantes apologías que continuamente emite el mamertismo internacional, como se ha visto en las recomendaciones de funcionarios de organismos internacionales infiltrados hasta los tuétanos, para continuar con el tal proceso de La Habana, con el (repetido también) lema: “en nombre de la PAZ”.

Esa tal “búsqueda de la PAZ”, también ha sido el pretexto para atacar a quienes se oponen a los propósitos del movimiento mamerto (el comunismo internacional, Juanito), que ha buscado desde hace 70 años (“remember” el 9 de abril) apoderarse del poder utilizando “todos sus medios de lucha” (incluyendo, claro, los de comunicación pautados o mejor fletados), los que a su vez han protagonizado dichas luchas, otros de los tantos crímenes que se han cometido “en nombre de la PAZ”.

Finalmente, hay que considerar a los funcionarios que profusamente han cometido otro crimen: “la repartición de mermelada”, bien sea para sostenerse en el poder o para obtener muchos de los privilegios y gabelas que también les han otorgado criminalmente “en nombre de la PAZ”.

Se concluye entonces con el dicho costumbrista arriero: “¡Ahí les queda ese trompo en la uña!”.

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