
Nuevamente comento un artículo de mi amigo Gabriel Rodríguez, por cierto, otra vez acerca de una aseveración o propuesta llena de nobleza y propósito de paz de la doctora María Fernanda Cabal. Dice la candidata que, de llegar a la presidencia, ella revisaría el acuerdo Santos-Farc a fin de considerar su modificación o su derogatoria.
Yo pienso, y ojalá me equivoque, que en este caso solo cabe la segunda opción, no porque sea la solución radical, no, sino porque yo como cualquier persona de bien y sensata, además con algunos años ya vividos, quiero la paz para esta patria mía, ojalá por las buenas y mediante un buen acuerdo; no tengo ni un solo género de duda. Pero la experiencia con estos grupos terroristas colombianos nos dice otra cosa. También la experiencia y la historia nos enseñan que, para lograr la paz, la verdadera paz, estable y duradera, hay diferentes caminos, algunos muy tortuosos…Bendita la paz lograda sin sangre y con la sola firma de un papel. No es utopía, pero sí es muy raro.
Recuerdo las muecas de Santos, las de sus áulicos y las de ciertos obispos conocidos, cuando el Papa Francisco en su visita al país unos meses después de la mentirosa “validación” del acuerdo, recalcaba en cada discurso (todo lo tengo grabado) que la paz sin justicia no era posible.
Yo lo percibí como “directazos” a los protagonistas pues supongo que estaban convencidos, gran error, de que el Papa es “izquierdoso” y por tanto esperanzados, en que acolitaría la farsa que ellos llamaron y siguen llamando Paz.
Baldes de agua fría fueron para ellos las homilías pronunciadas por Francisco a lo largo y ancho del país en aquella bendita visita.
Sin justicia, sin verdad, sin reparación, no puede haber verdadera Paz, decía y repetía. Y con entrega total e incondicional a los caprichos de los terroristas, tampoco, agrego yo…
Estoy absolutamente seguro, de que las Farc y los que se benefician, no aceptan sino eso que quedó en el pacto que rechazó el Soberano.
Con tremendo acuerdo logrado sin esfuerzo, donde pusieron las condiciones y chantajearon en medio de la matanza, delinquiendo mientras negociaban y sin dejar de delinquir, no creo que quieran considerar modificación alguna ahora, siendo que jamás tuvieron verdadero propósito de paz. Es más: ellos piensan que hasta “merecen” más.
“Se negocia con el enemigo y en medio de la guerra, no hay problema con eso” decían con descaro Santos y sus compinches. “Están entregando la patria!” decíamos muchos, la mayoría, esa que finalmente rechazó el acuerdo en legítimo plebiscito.
Recordemos que Santos y sus mal llamados “negociadores” no negociaron nada, porque todos nos dimos cuenta de que, De la Calle, Jaramillo y los demás, solo aceptaban el dictado de los facinerosos, como finalmente quedó comprobado. Tan descaradamente, que el pueblo no se comió el cuento y por eso dijo NO.
JOSÉ A. KAPPAZ E., La Linterna Azul, 07/10/2021
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