El asalto a la democracia

Colombia sufre el desafío constante de los violentos que atentan casi a diario contra ciudadanos inermes en distintas regiones del país, lanzan drones y bombas contra la policía y el ejército. Es un asalto desde diversos sectores contra la democracia, agravado por la corrupción desenfrenada. El cobarde atentado contra Miguel Uribe muestra un evidente fin desestabilizador. Pretendían quitarle la vida para aterrorizar a los ciudadanos, al resto de candidatos presidenciales y demostrar que ningún aspirante a gobernar este país dentro del sistema democrático tiene garantías para hacer campaña.

 

La democracia se fundamenta en los orígenes milenarios de Grecia, donde los candidatos podían expresar sus ideas, fraternizar con el público y sus seguidores, para elegir el mejor. Eso era lo que hacía el senador Miguel Uribe, un joven político que se distingue por su disciplina y capacidad de defender sus propuestas, sugiriendo medidas razonables para la población de menores recursos y que hacía pedagogía a la sombra de un árbol, en un parque rodeado de simpatizantes y curiosos, como prueban los videos, infiltrados por una banda de despiadados criminales y gatilleros entre el público.  Uribe estaba sereno, en camisa y sin chaleco antibalas. Le dispararon a la cabeza con la evidente intención de asesinarlo. Miguel Uribe es un héroe de la democracia.

 

Pretenden impedir que la oposición se exprese y establezcan relaciones pacíficas con el público.  Para atemorizar a los colombianos escogieron de blanco a un político de carácter, reconocido por su buen juicio, propuestas de cambio y firme crítico del actual gobierno. Las campañas políticas de la oposición transitoriamente se paralizan. Es evidente que el gobierno a los dirigentes de la oposición que suele insultar no les garantiza la seguridad. Si Miguel Uribe hubiese tenido un equipo protector y dinámico más completo y eficiente, el sicario no habría podido disparar a mansalva.

 

La reacción de la población al rechazar de manera instantánea tan cobarde ataque, incluso por cuenta de aquellos que no comulgan con sus ideas, muestra que el sentir democrático de nuestros ciudadanos se mantiene en alto. Así lo demuestran las gigantes marchas y plegarias por todo el país pidiendo por su supervivencia y por la democracia.

 

La democracia y el respeto por el derecho están hondamente arraigados en nuestra población, así una minoría de bandidos se haya apoderado de gran parte del país. Los desalmados y violentos siguen siendo minoría, por sus millones y armas mantienen un inmenso poder de intimidación sobre el ciudadano del común, con sus negocios ilegales y presencia en más del 70 % del territorio nacional, amedrentan a los civiles, más no consiguen borrar sus ideales democráticos.

 

Arriban en buena hora las declaraciones del presidente de la Corte Constitucional, Jorge Enrique Ibáñez, quien plantea la defensa a ultranza del derecho y el imperio de la ley. Los desafíos terroristas, deben ser rechazados por los funcionarios públicos, las Fuerzas Militares y la población, siempre sustentados en las normas constitucionales y democráticas.  El anarco-socialismo y la corrupción están enquistados en el Gobierno y abusan del poder. Pareciera que haber militado en la banda del M-19, basta para ser ministro de Hacienda, lo que impulsa al gobierno al desastre político-económico. Más si el Congreso, los medios de comunicación, la sociedad, los militares, el clero, los empresarios, estudiantes y la población en general defienden la democracia, la misma volverá a resplandecer en el país.

 

Es de recordar que al estadista Álvaro Gómez lo asesinan cuando denunciaba el Régimen en el cual actores de la peor laya, ligados a políticos y elementos violentos, con camiseta de diversos partidos, se las ingeniaron para perpetuar sus negociados y envilecer la política. Su talentosa y franca denuncia cobra inmensa vigencia: “el enemigo de Colombia es el Régimen” y, de no acabar con el mismo, los gobernantes seguirán siendo sus títeres o cómplices y no podrán imperar a plenitud la democracia y el derecho en Colombia, ni ganarse la guerra a los violentos, las bandas criminales y a los corruptos que saquean el sistema y deslizan su garra sucia por los fondos públicos. Hoy sufrimos el despotismo degradante del Régimen y la frustración general por el mal gobierno, para derrotarlo se requiere la unión monolítica nacional por la democracia. Ese debe ser el norte de Colombia.

 

 

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