Los candidatos presidenciales escogieron sus fórmulas para vicepresidente. Aunque en Colombia la figura del vicepresidente ha ocupado siempre un plano secundario, esa escogencia marca un rumbo político e ideológico de gran importancia.
El primero en anunciar a su vice fue Iván Cepeda. Escogió a Aída Quilcué, una mujer indígena, militante de la causa indigenista, comprometida con los bloqueos de la Vía Panamericana en el Cauca y enemiga de la Policía y del Ejército. Ella es causante del gran problema que afecta a los departamentos de Cauca, Nariño y Putumayo, que se encuentran aterrorizados por grupos guerrilleros armados, que se han aliado con los indígenas.
Le siguió Abelardo de la Espriella, quien escogió a José Manuel Restrepo, brillante exministro y exrector de dos prestigiosas universidades, lo cual fue un gran acierto.
Finalmente, Paloma Valencia escogió a Juan Daniel Oviedo, activista de izquierda y pro LGBTI, porque sacó 1.200.000 votos en la consulta interpartidista. Sin embargo, es evidente que esos votos son prestados, pues la izquierda santista dio la orden de votar por él para crear confusión en el Centro Democrático.
Dos condiciones inaceptables
¡Y lo consiguieron! Fue escogido a pesar de imponer dos gravísimas condiciones. La continuidad de la JEP y la implementación del Acuerdo de paz. La JEP es un infame tribunal de impunidad para favorecer a las FARC, que durante 8 años no ha dictado una sola sentencia sobre los crímenes de la guerrilla, pero muchas contra los miembros de la Fuerza Pública.
El Acuerdo de Paz de Santos convirtió a una guerrilla derrotada en dueña de la mitad del territorio de Colombia, en el cual se han invertido más de 100 billones de pesos sin ningún resultado. Dos condiciones opuestas al ideario del CD, que sus militantes rechazan y que ciertamente restarán votos en vez de sumarlos.
¿Cómo explicar semejante absurdo? Obedece a un evidente proceso de transformación ideológica. Quien definió esta operación de Guerra Psicológica Revolucionaria con sabiduría y precisión fue el pensador brasileño Plinio Correa de Oliveira, fundador de las organizaciones Tradición, Familia y Propiedad. Lo explica en su célebre ensayo: Transbordo Ideológico Inadvertido y Diálogo, que es materia obligatoria de estudio en todas las academias del mundo donde se enseña la Guerra Política.
Es un mecanismo a través del cual las personas, instituciones, e inclusive países enteros, son llevados gradualmente a asumir posiciones ideológicas, políticas y morales totalmente contrarias a las que profesan. Por medio de una acción psicológica y propagandística, se derrumban las fronteras del pensamiento, para que en forma gradual y paulatina estas se vayan erosionando hasta llegar con el tiempo a posiciones totalmente contrarias a las iniciales.
Es el arma más poderosa del socialismo y del marxismo cultural para demoler la Civilización Cristiana, y funciona a todo vapor en Occidente para agravar la crisis inmensa que padecemos.
Pues bien, eso es exactamente lo que le ha sucedido al Centro Democrático, generando una crisis que nadie sabe dónde terminará. Pero veamos en cámara lenta cómo ha sido ese proceso de auto-demolición.
Un proceso gradual, metódico y suicida
Durante los dos gobiernos de Uribe, entre 2002 y 2010, el país aplaudió la política contundente contra las guerrillas marxistas, el terrorismo y la subversión armada, que fueron derrotadas gracias a la acción contundente del Estado.
Lo sucedió Juan Manuel Santos en 2010, el escogido por Uribe, quien echó por tierra todo lo que se había conseguido. Impuso un fraudulento proceso de Paz que consagró la impunidad absoluta a las guerrillas marxistas, creó la JEP con esa exclusiva finalidad, e hizo que Colombia regresara a la violencia y al caos.
Después llegó Iván Duque en 2018, quien hizo toda su campaña presidencial prometiendo que desmontaría la JEP y modificaría sustancialmente el Acuerdo de Paz. Pero, apenas llegó a la presidencia, lo primero que hizo fue darle vida a la JEP y comenzar la implementación del Acuerdo. Es decir, exactamente lo contrario de lo que había prometido en la campaña presidencial. Además, fue de una debilidad imperdonable para enfrentar el paro terrorista de 2021, que fue promovido por Petro, y que casi destruye a Colombia.
Esa cobardía ante el terrorismo permitió el triunfo de Petro en 2022, quien desde entonces se ha dedicado a desmantelar el Estado de Derecho, protegiendo a todos los grupos terroristas que destruyen a Colombia.
Y ahora, cuando el país quiere poner fin a la pesadilla petrista, queremos un presidente que encarne lo contrario del abismo hacia donde estamos siendo conducidos. Pero, a pesar de ello, Paloma Valencia hace alianzas inaceptables con todos los enemigos de Uribe y del Centro Democrático. Sus aliados de hoy, con quienes formó su equipo de campaña, fueron los alfiles de Juan Manuel Santos, el principal enemigo de Uribe, de su gobierno y de su obra. Allí están Pinzón, Cárdenas, Peñalosa, Luna, Galán y Oviedo, que hasta ayer eran adversarios del partido.
La única explicación de esta tragedia, es que el Centro Democrático ha sido objeto de un Transbordo Ideológico Inadvertido de inmensas proporciones, que bajo la dirección de Paloma Valencia, lo lleva a defender todo lo que han combatido durante dos décadas. Por decir lo menos, es uno de los más grandes absurdos que hemos presenciado en este siglo.
Perderán a muchos de sus electores
¡Las consecuencias serán devastadoras! El partido se ha rajado en dos mitades. Los que rechazan esa decisión migrarán en masa donde Abelardo de la Espriella, pues la coherencia los obliga a cambiar de candidato.
Estamos ante una opinión pública que se desplaza masivamente hacia la centro-derecha, como lo han hecho todas las naciones hispanoamericanas en el último año. Estamos hartos del desastre del socialismo, del terrorismo, del narcotráfico y de las políticas de Estado que conducen a multiplicar los pobres y a destruir la propiedad privada y al sector empresarial.
Se ha cometido un gran error histórico que ya no tiene reversa. El CD se ha clavado una puñalada en el corazón, y además se ha disparado un tiro en el pie. Se abrazó con los enemigos de ayer para conseguir unos votos que nunca van a llegar, porque el centro dejó de existir y la izquierda está en el más grande descrédito.
Los que sí llegarán serán los limitados votos de la comunidad LGBTI, que además están amarrados al marxismo cultural, que es el gran aliado de la izquierda. Ellos promueven el aborto, la Ideología de Género, el adoctrinamiento infantil a favor de la causa homosexual, el cambio de sexo en niños y adolescentes, la adopción de niños por parejas homosexuales, el “matrimonio” homosexual, la agenda política gay, etc.
Es decir, todo lo que destruye a la familia, con el falso argumento de la libertad de expresión y la diversidad sexual, que son las causas de la demolición de la Civilización Cristiana, que avanza implacable gracias a los programas de la ONU y de la colaboración de los políticos woke, que conducen a Occidente hacia el matadero de la historia y de la cultura.
13/03/2026 | Por Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción | trujillo.eugenio@gmail.com . .
