El Cr. Aureliano Buendía

¿No es acaso esencial para la organización social y política más perfecta, el Estado democrático, el respeto por las decisiones que toma el congreso? ¿No son acaso sus decisiones el resultado de un ejercicio del poder estatal a través de la función legislativa? Siguiendo a Carré de Malber, acaso la aprobación o no de nuevas leyes, como serían todas esas reformas que propone “el proyecto”, ¿no deberían ser el resultado de la función estatal legislativa en aplicación precisamente de la tridivisión de los poderes? Y, ¿qué debemos entender por leyes? No son otra cosa que todas esas normas que hace el Congreso y que crean, modifican o extinguen situaciones jurídicas de carácter general y permanente, como explica A. Copete Lizarralde.

Y, el Congreso, en cualquier democracia, ¿no tiene acaso la importantísima función de ejercer un contrapeso efectivo al órgano ejecutivo del poder público, es decir al gobierno? Es más, desde una perspectiva más ortodoxa ¿el ejecutivo no debería limitarse a aplicar las leyes que haga el congreso y no terminar siendo un colegislador?

Entonces, si esto es esencial en una democracia – porque lo es – y en consecuencia debe ser respetado por cualquier demócrata, ¿por qué la tribulación y el llamado al alzamiento popular para exigir con pistola lo que el congreso, la verdadera voz del pueblo, ¡la función legislativa! decidió no aprobar?

¿Será que más bien se encontraron, un excesivo presidencialismo, un radicalismo socialista, una hipercorrupción y una decadencia social? que no acepta el ejercicio de la función legislativa resultando en una peligrosa dictadura popular?

Desposeído de la toma sobrenatural de que fui víctima en los párrafos anteriores, por algún espíritu constitucionalista, tal vez encontrado la semana anterior en el Queen Mary… si no se aceptan las decisiones de la justicia, tampoco se permite el ejercicio de la función legislativa, no se puede ejercer ningún control y el gobierno no reconoce la ley y ya no estamos en una democracia ¿en qué estamos?

Es un despropósito que la Minga, Fecode, los terorristas de la primera línea, entre otros cafres, defiendan una reforma laboral que ni entienden, ni aplican, ni saben explicar porque su único trabajo remunerado, sin saber que es un trabajo, ha sido salir a las calles a defender la reforma laboral, de salud, de educación y de justicia. De toda es ralea, el caso de los indígenas es asombroso pues ni siquiera les aplica la justicia porque tienen sus propios ordenamientos jurídicos que les respeta la constitución de 1991, entonces ¿a qué reforma a la justicia se oponen o qué intereses los legitiman en esas marchas? Respecto a la salud, ¿a qué salud se oponen si sus médicos son teguas y caciques ancestrales? Ellos no creen en la salud ni medicina tradicional de la Santa Fe.

Un día cívico, que no deben cobrar como trabajado. Son unos vagos, desagradables, sucios, enfermos de alma y cuerpo, con daño mental evidente que exigen un examen siquiátrico y toxicológico inmediato del capitán del barco quien parece estar poseído por el Cr. Aureliano Buendía.

Jueves, 20 de Marzo de 2025

Juanfelipereyes@hotmail.com

https://www.elnuevosiglo.com.co/columnistas/el-cr-aureliano-buendia

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