
Después de que Paloma Valencia lo aceptara como socio de su fórmula presidencial, en calidad de vicepresidente, Juan Daniel Oviedo, en su primera declaración ofreció una muestra sorprendente de su ideología y de su agenda secreta: “Esta es una coalición que nace hoy de dos partidos (?) en la que somos capaces de reconocer nuestras diferencias, pero unirnos alrededor de un propósito que es indispensable en este momento de Colombia”. Oviedo no dijo cuál es su “propósito”. Se contentó con lanzar unas frases de cajón para embolatar al auditorio.
Afirmó que debemos “mirar hacia el futuro” y mostrar que “voces distintas pueden aportar a la construcción de ese futuro en el que todos quepamos”.
¿“Voces distintas”? Se trata, en realidad, de programas distintos y hasta opuestos que no ayudarán en nada al bienestar del país. Veamos por qué.
El sintagma “en el que todos quepamos” es un refrito mamerto. Fue inventado para inocular la idea de que la violencia comunista y sus aparatos de muerte deben “caber” también en Colombia, ser aceptados por la sociedad como algo normal, “histórico” y necesario “para la paz del país”. Oviedo llegó a imponer al Centro Democrático puntos que ese partido combatía, o parecía combatir: el exige la “implementación” de los acuerdos de La Habana, la perennidad de “justicia especial” de la JEP, la inmunidad total para los jefes de las FARC, etc.
Oviedo dice que ese programa debe caber, es decir coexistir con sus víctimas y hasta dirigir a las mayorías. El sabe que esa es la meta de la frase: “un país en el que todos quepamos”.
La pregunta es: ¿Por qué Oviedo, un hombre ligado al samperismo y al santismo, escogió ese tema explosivo para su primera declaración como acólito de Paloma Valencia? Respuesta: porque ésta lo respalda en eso, porque ella adora esa demagogia. Si eso no es cierto, que lo digan. ¿Cuáles fueron exactamente los arreglos entre ellos? ¿Qué puntos de la agenda de Oviedo aceptó Valencia? ¿Por qué no hay un documento al respecto?
La colusión Valencia-Oviedo destruirá al Centro Democrático. Centenas de miles de personas que votaban por el CD están abandonando esas toldas y anuncian en las redes que no votarán por Paloma el 31 de mayo, sino que votarán por Abelardo de la Espriella. Esa decisión es digna, decente, ejemplar. “El Tigre” y su vicepresidente de lujo, el ex ministro José Manuel Restrepo, si combaten esas tesis, pueden ganar la presidencia en la primera vuelta.
El experimentalismo electoral del CD creador de tantas desgracias para Colombia desembocó en un oportunismo agresivo que propició la llegada al poder de gente “progresista” como Santos, Duque y el mismo Petro. Esta vez, cuando muchos pensaban que el CD estaba dispuesto a ayudar al país a salir del petrismo, el CD volvió a someterse, a montar un frente para seguir en lo mismo o en algo peor. Todo ello disfrazado de aperturismo hacia las “nuevas ideas” y de amonestaciones: hay que hacer concesiones fuertes para vencer al impopular Iván Cepeda. Pero nadie es tonto.
El paso dado por Paloma Valencia, con respaldo de Álvaro Uribe, marca el fin del Centro Democrático, o de lo que el país creía que era el CD. Su crisis de dirección, los golpes bajos dados a sus congresistas más valiosas, la negativa a consultar a las bases y dejar que oficinas de encuestas decidan por ellas, desató una desbandada de miembros y simpatizantes.
El tema de “caber en Colombia”, merece por eso un examen. Esta vez, esa frase tiene como objetivo darle cartas de nobleza al fanatismo woke, a la teoría de género y al activismo trans, temas que Oviedo mencionó al hablar de “identidad de género”.
El truco de Oviedo para hacer pasar la píldora de la culpabilización fue substituir hábilmente el punto de las ideologías totalitarias —que las democracias deben combatir con firmeza y permanentemente si quieren sobrevivir—, por otro elemento: la población. Oviedo habló de “voces distintas [que] pueden aportar a la construcción de ese futuro en el que todos quepamos, en el que los campesinos, los informales, los indígenas, la población negra, la población con discapacidad, las mujeres, la población con orientación sexual e identidad de género quepa y esto lo estamos consintiendo a partir de un propósito de futuro, dejando de lado los odios del pasado y demostrándole a Colombia que eso que estamos haciendo no es oportunismo, es responsabilidad” (*).
Increíble. ¿Cuándo no hubo espacio para las mujeres en Colombia? ¿Quién declaró que los campesinos deben ser odiados y no caben en Colombia? ¿A quién se le ocurrió decretar que los pobres, los enfermos, los indígenas, los homosexuales son odiados y no tienen cabida en Colombia? Oviedo delira. Y se equivoca de país. El escupe sobre Colombia como si estuviera ante la Rusia soviética donde Lenin y Stalin lograron exterminar a los “kulaks” o “campesinos ricos” es decir a las familias que tuvieran más de dos vacas. Colombia no es la China de Mao ni la Camboya de Pol Pot que aniquilaron millones de personas de las ciudades pues debían “purificarse” en el campo. Colombia no es Afganistán donde las mujeres deben ocultar sus rostros y cuerpos detrás de vestimentas pavorosas. Colombia no es Irán donde los homosexuales son ahorcados en andamios. No arroja como en Cuba a los homosexuales a la cárcel y los envía al paredón, sobre todo en tiempos de Ernesto Guevara.
Oviedo es un miserable demagogo mal informado cuando insinúa que hay que tomar el poder para poner fin a los “odios del pasado” para que esas personas “puedan caber en Colombia”.
Lo más escandaloso de ese corrientazo verbal es que ni Paloma Valencia, ni la dirección, ni alguien de la base del Centro Democrático se atrevió a derribar esas falacias.
La población, las clases y grupos que menciona Oviedo nunca fueron excluidos del país. La izquierda, por razones ideológicas, diaboliza y miente a todo dar, para ganar votos entre la población menos informada. Quien practica la exclusión es la subversión narco-comunista. ¿Petro al destruir el sistema de salud no está excluyendo a los más pobres? Quien expulsa de sus tierras a millones de familias campesinas, la que lanza al éxodo a millones de jóvenes, como en Venezuela, son las guerrillas y los carteles narcos. Son las ideologías mortíferas que justifican tales atrocidades las que le cierran las puertas a los trabajadores, los que transforman las comunidades indígenas en masa de maniobra militar y electoral.
Juan Daniel Oviedo quiere que la población no reflexione ni se libere de esa retórica lamentable. Paloma Valencia tampoco.
(*).- https://twitter.com/CeDemocratico/status/2032154940614066623
14/03/2026 | Por Eduardo Mackenzie . .
https://lalinterna.azul2.wordpress.com/2026/03/14/el-escandalo-de-la-alianza-valencia-oviedo/