
El País discute ciegamente sobre la Consulta Popular propuesta por Petro. Según el presidente, ese sería el camino para aprobar las reformas que fueron rechazadas con sensatez por el Congreso de la República.
Un análisis juicioso nos lleva a la conclusión de que son un desastre para Colombia, pues en vez de mejorar la situación, provocarán grandes crisis en todas las instituciones. Son irracionales, inconvenientes, improvisadas y carentes de elementales estudios técnicos.
Constituyen la aplicación de un montón de teorías marxistas que conducen a la miseria y al atraso económico. Petro, como si fuera un profeta salido de los antros del hambre, del caos y del subdesarrollo, pretende resucitar un sistema económico que lleva 150 años de fracasos.
Unos cuantos ideólogos fanatizados e ignorantes que pasan fugazmente por los ministerios, y que son reemplazados inclusive a los pocos días de asumir sus cargos, pretenden poner a funcionar lo que nunca antes ha funcionado.
El socialismo de Petro solo produce miseria
¿Por qué? Por la sencilla razón, demostrada una y mil veces por el sentido común y la agresión evidente de la realidad, que el socialismo solo produce miseria. Que las únicas políticas de Estado acertadas, que generan progreso y solucionan los problemas sociales, son la iniciativa privada, la promoción de la propiedad privada, la reducción del estado al tamaño estrictamente necesario y la disminución radical de los impuestos, para que las personas y las empresas tengan prosperidad y creen nuevas fuentes de empleo.
Estos son los fundamentos del crecimiento económico y del desarrollo social. Pero Marx, Petro y muchos otros ignorantes ideologizados y cegados por la mala fe, luchan para exterminar la propiedad privada con todos los beneficios que genera, de tal forma que el estado todopoderoso sea el que atienda las necesidades de la población a través de subsidios politizados. ¡Es decir, a ti que votas por mí, te doy cosas; pero a este otro que no vota por mí no le doy nada!
Ese sistema es absurdo y solo conduce al fracaso. Entonces, según los socialistas, la salud, la educación, las pensiones, el comercio, la agricultura, la industria y todas las actividades empresariales deben estar en manos del Estado. Y eso es lo que el gobierno pretende imponer a través de sus reformas.
Una Consulta Popular espuria
Para aprobar las reformas acude entonces a una insensatez mayor, que es imponerlas por medio de una Consulta Popular. Para convocarla, deberá tener la aprobación del Senado, lo cual es muy improbable, a no ser que de nuevo corran ríos de dinero en maletas para saciar la voracidad de los muchos congresistas corruptos. Este procedimiento criminal para aprobar las reformas las hace nulas, pues es una violación flagrante de la Constitución y la ley.
Regresaremos a recorrer los caminos delirantes por los cuales ya hemos transitado en el pasado, pero sin aprender ninguna lección. Uno de ellos fue el de la séptima papeleta en 1991,un engendro que se inventaron el expresidente César Gaviria y el M-19 para reformar la Constitución de 1886, siendo que esa famosa papeleta no fue contabilizada por la Registraduría, ni por nadie, pero el gobierno de la época se inventó la mentira de que habían votado por ella 7 millones de personas. Y Colombia tuvo una nueva Constitución a la medida del M-19, que ya no le sirve a Petro, pues quiere otra que le permita imponer radicalmente su marxismo fracasado.
Santos se robó el Plebiscito
En el 2016 fue convocado un Plebiscito para aprobar el proceso de paz con las FARC, pero ese fue el más grande fraude de nuestra historia. A pesar de haber ganado el NO, entre el presidente Santos, el Congreso de la República y la Corte Constitucional se robaron el resultado. Fraudulentamente impusieron el SÍ, obligando a Colombia a aceptar una transformación Constitucional que fue rechazada en las urnas, cuya implementación ha costado $40.000 millones de dólares (cuarenta mil millones de dólares), y que nos está conduciendo al caos y a la barbarie, pues ahora hay menos paz que en cualquiera de las épocas pasadas de nuestra historia.
Para llegar a esta trágica situación, la falsa oposición, que en realidad existe para traicionar y permitir el empoderamiento de la izquierda, fue cómplice de estas y muchas otras infamias y manipulaciones. En el 2016, Álvaro Uribe, como jefe de la oposición, negoció con Santos el resultado del Plebiscito y poco después, Iván Duque, su candidato a la presidencia, implementó el infame Acuerdo de impunidad, faltando a todas sus promesas electorales.
Y ahora, Petro nos quiere imponer una Consulta Popular, ante la cual los partidos políticos, sin excepción alguna, ya comienzan a proponer estrategias fallidas. Pero nadie cuestiona el asunto fundamental de la legitimidad y legalidad de su convocatoria, que tendría que ser aprobada por el Senado de la República en plena libertad, sin coacciones, sin sobornos y sin chantajes.
De ser aprobada, las preguntas de la Consulta tendrían que ser imparciales. Por ejemplo, cuando el Plebiscito de 2016, la pregunta se la inventó Santos, diciendo que él tenía autoridad para escoger la que se le diera la gana. Y entones escogió ésta:
«¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?».
¿Qué persona racional no querrá esto para su país? La pregunta contiene engaño, dolo y mala fe. ¿Acaso esa pregunta aprueba la más escandalosa impunidad a los crímenes cometidos por las FARC durante medio siglo? ¿Aprueba la entrega de 26 curules gratis en el Congreso a los guerrilleros de las FARC? ¿Permite evadir la reparación de las FARC a sus millones de víctimas? ¿Autoriza a las FARC legalizar su inmensa fortuna criminal?
Tal como tenía que suceder, las consecuencias de esa pregunta espuria han conducido a Colombia hacia un baño de sangre, al dominio de 700 municipios por parte de organizaciones terroristas y a que enormes regiones como el Cauca, el Catatumbo y el Chocó sean inviables, porque allí el Estado de Derecho ha desaparecido.
Como en pocos días se conocerán las preguntas de la Consulta Popular, de acuerdo con la lógica marxista y el auxilio de Santos, serán más o menos así: ¿Usted quiere que se acabe la pobreza? ¿Usted quiere que el Estado cree un sistema de salud eficiente que atienda a todos los colombianos? ¿Usted quiere que todos los ancianos desprotegidos tengan una pensión?
El fraude será el ganador de la Consulta Popular
Evidentemente los idiotas votarán a favor, pues su número es infinito. Y también, una vez más, el ganador de la consulta será el fraude, que es el principal elector de este gobierno. Y el resultado será que en muy poco tiempo Colombia se quedará sin salud, sin pensiones, en la miseria, sumergida en el caos del marxismo y en la más absoluta falta de paz. Lo cual no es ninguna previsión, sino la realidad del presente.
Imploramos a Dios para no repetir los errores del pasado. La auténtica Colombia no puede permitir que la falsa oposición nos traicione una vez más, pues ese engendro viene siendo el principal partido político desde los tiempos siniestros de Santos.
Es necesario proclamar que la Consulta Popular será el caballo de Troya para cambiar la Constitución, imponer la dictadura vitalicia y conducir a Colombia hacia el marxismo. Que nadie se engañe, pues esa es la meta de Petro, que pretende hacernos esclavos de un régimen totalitario, como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
31/03/2025 | Por Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción | trujillo.eugenio@gmail.com