El “movimiento del bate” aparece en Medellín

Aunque la prensa antioqueña tiene reticencias para admitirlo, el retiro de la “minga” belicosa que asedió durante dos días el centro administrativo de Medellín, conocido como La Alpujarra —donde trabajan la gobernación, la alcaldía, la asamblea departamental y el consejo municipal, el palacio de justicia, los magistrados y los funcionarios y empleados de esas dependencias—, no se debe a que las supuestas reivindicaciones de ese grupo hayan sido satisfechas por las autoridades. De hecho, nadie sabe si hubo o no negociación real entre los sitiadores y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón.

 

El factor determinante en la prematura huida de los 500 amotinados en sus 50 buses, camiones y “chivas” variopintas es que un grupo de ciudadanos llegó hasta al lugar del bloqueo y le montaron una contramanifestación a los bloqueadores y los invitaron a que despejaran el centro.

 

Armados de bates en madera y dispuestos a romper el bloqueo y ayudados por ciclistas, motos, camiones y algunos veteranos retirados de las fuerzas militares y de policía, el grupo de civiles mostró su determinación: se opusieron físicamente al corte de las vías —en unos puntos tuvieron que responder físicamente a los golpes de la minga—, y lograron hacerlos retroceder y abrieron la calle San Juan.

 

Desbordados por la oposición firme y el mitin ciudadano paralelo, los indígenas, que suelen doblegar durante semanas a la población con sus machetes, capuchas y garrotes, que disimulan bajo el nombre de “bastones de mando”, recibieron contraordenes por radioteléfono de sus superiores invisibles. Y en la madrugada del 19 de marzo huyeron en sus vehículos.

 

Ese fue evidentemente un triunfo de la ciudadanía y de las autoridades. Ellos impidieron de manera pacífica la repetición de los desmanes que la subversión organiza con gran cinismo, manipulando familias indígenas. Los ministerios de la Defensa y del Interior callaron el hecho de que, a lo largo de los 300 kilómetros que separan Medellín de San Pedro de Urabá, avanzaba el amenazante grupo. Es difícil negar que Gustavo Petro estuvo al corriente de esa operación y que guardó silencio sin preocuparse por los riesgos que corría la población. Según algunos testigos, la minga estaba dispuesta a entrar y controlar por la fuerza el corazón administrativo del departamento de Antioquia.

 

¿Cumplían órdenes del poder central? No hay pruebas al respecto. Sin embargo, los hechos hablan por sí solos. Desde el primer día de su presidencia, Gustavo Petro exhibió su odio por Antioquia y Medellín: redujo las ayudas nacionales en sectores cruciales como educación secundaria y universitaria, vivienda popular, sistema eléctrico y el metro de Medellín. Empero, el gobernador Rendón y el alcalde Federico Gutiérrez, lograron, pese a todo, sacar adelante esos programas, lo que aumenta la inquina anti-antioqueña de Petro.

 

El candidato presidencial del petrismo y agente de influencia de las Farc, también hizo gala de su odio por Antioquia. En un discurso el 12 de febrero pasado, vociferó: “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, de la narco-economía y del terrorismo de Estado”. Cuando los medios alertaron sobre eso, cuatro días después, Federico Gutiérrez respondió: “Lo que a algunos tanto les choca de Antioquia es que ven el desarrollo, la pujanza y el progreso; pero, sobre todo, que hemos sido el muro de contención del comunismo en Colombia”, y agregó: “Quien hoy nos ofende sí que se ha dedicado a defender a los peores criminales, que le han hecho un gran daño a Antioquia y a Colombia”.

 

El gobernador Julián Rendón, dijo por su parte: “Los ataques a nuestra región son producto del odio, la ignorancia, el resentimiento y la ruindad”. El candidato Abelardo de la Espriella también intervino: “Antioquia es la cuna del trabajo y de la modernidad económica del país; por eso Iván Cepeda denigra del pueblo antioqueño”. El 17 de marzo, la Asamblea Departamental de Antioquia declaró “persona non grata” a Iván Cepeda Castro por sus insultos y, sobre todo, por las amenazas contra Antioquia vertidas en su estrafalario “programa de gobierno”.

 

Lo curioso es que el mismo 17 de marzo llegaron los 500 indígenas, bloquearon las oficinas de la Alpujarra y las vías aledañas. ¿Fue esa la reacción de Iván Cepeda a la declaratoria de persona non grata? ¿Quería tomarse La Alpujarra para exhibir sus músculos? Tal movida aumentó la ira de los medellinenses. Así nació el “movimiento del bate” y en 24 horas la incursión de la minga se desmoronó.

 

Es difícil entender por qué la prensa no le ha prestado mayor atención a la secuencia de lo ocurrido en la Alpujarra. Hubo, es cierto, crónicas sobre eso, pero el análisis detallado de la acción espontánea de la ciudadanía, de sus orígenes y efectos prácticos, psicológicos y políticos sobre los agresores y sus jefes brilla por su ausencia.

 

El impopular candidato Iván Cepeda que poco antes había invitado a un mitin con Ana Silvia Secoué, alias Aida Quilcué, su fórmula a la vicepresidencia, en el Parque de los Deseos, echó atrás. El acto fue anulado. El fracaso de la minga invasora —que llegó a utilizar niños y mujeres indígenas, algunas embarazadas, como escudos humanos contra una imaginaria reacción violenta de la policía—, ¿dejó al mitin sin piso? En esa reunión los indígenas iban a jugar el papel de masa partidaria de Iván Cepeda. Habitual en las campañas del petrismo, la táctica consiste en pagar y transportar a centenas de personas, con dinero, alimentos, para reforzar la idea previamente construida por diversos artificios, incluyendo el más impactante: los falsos sondeos no de opinión, sino de propaganda.

 

Con lo que no contaban era con el rechazo militante de los antioqueños agraviados y amenazados por Petro y Cepeda.

 

El “movimiento del bate” no solo jugó un papel novedoso como elemento de protección civil, sino que creó un precedente de audaz movilización pacífica para enfrentar ciertas tácticas combinadas de la subversión.

 

A 70 días de la primera vuelta presidencial lo ocurrido en estos días en Medellín debería ser estudiado con fineza. Pues hay que encontrar paradas a la violencia y a los trucos de fraude que serán numerosos e insólitos, como lo dio a entender Alexander López, un agitador del Pacto Histórico, al decretar que las “mingas indígenas” irían por todo el país para hacer ganar a Cepeda, sea como sea, en la primera vuelta del próximo 31 de mayo.

 

20/03/2026 | Por Eduardo Mackenzie . .

 

 

https://lalinterna.azul2.wordpress.com/2026/03/21/el-movimiento-del-bate-aparece-en-medellin/

 

 

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