Yuval Golan, director de la firma Waltz, dice que por la incertidumbre, las personas con recursos protegen su capital por fuera de las fronteras.

En un contexto marcado por la volatilidad política y las señales de desaceleración económica, la fuga de capitales desde Colombia hacia economías más estables se ha convertido en una dinámica cada vez más visible y estructural, que si bien no es del todo nueva, se ha hecho más aguda en los últimos dos años, principalmente hacia destinos como los Estados Unidos, en busca de activos tangibles como los bienes raíces y el oro. En EEUU colombianos han comprado 14.800 propiedades.
Yuval Golan, fundador y director general de Waltz, sostiene que esta transformación patrimonial, si bien es algo importante, se da en medio de contextos en los que, cuando un país entra en ciclos de incertidumbre política o económica, las personas que tienen recursos buscan proteger su capital fuera de sus fronteras.
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“Las personas de clase media alta, cuando tienen esta experiencia con gobiernos volátiles, siempre van a tomar la decisión de proteger sus activos fuera del país”, asegura Golan, quien pone como ejemplo el caso colombiano, donde la llegada de un gobierno de izquierda ha sido interpretada por muchos inversionistas como un cambio de paradigma económico.
Según su experiencia, este tipo de virajes generan dudas sobre la sostenibilidad de las reglas de juego, lo que lleva a muchos a transferir sus ahorros y sus inversiones hacia activos más seguros y predecibles. La situación es comparable con lo ocurrido en Chile y Brasil tras el retorno de gobiernos progresistas, o incluso con Israel, donde, según relata, el término “cómo saco mi plata” fue tendencia en redes sociales tras intentos gubernamentales de modificar las estructuras institucionales.

Un fenómeno relevante entre los inversionistas
En charla con Portafolio, este analista resalta que el fenómeno no es solo perceptual, ya que las cifras respaldan la magnitud de la salida de capitales desde Colombia hacia el mercado inmobiliario estadounidense.
“De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios (NAR), en los últimos cinco años los colombianos han comprado 14.800 propiedades existentes en Estados Unidos, excluyendo proyectos nuevos o en desarrollo. El valor total de estas adquisiciones asciende a 5.000 millones de dólares, una cifra que convierte a Colombia en el quinto país del mundo que más invierte en bienes raíces en Estados Unidos”, indicaron.
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Solo en 2024, los colombianos invirtieron más de US$700 millones en este tipo de activos; mientras que el perfil de estos inversionistas no es el del comprador promedio de vivienda para residencia, sino que se trata de personas con capacidad adquisitiva considerable, que ya cuentan con ingresos estables en Colombia, e incluso con propiedades locales, pero que optan por diversificar su patrimonio en el exterior como forma de protección ante el riesgo país.
Uno de los activos más buscados en este proceso son los bienes raíces, punto en el que Golan explica que el real estate estadounidense ofrece una combinación difícil de igualar: seguridad jurídica, estabilidad cambiaria, posibilidad de valorización sostenida, y capacidad para generar ingresos pasivos.

“Además, desde la crisis financiera de 2009, el mercado inmobiliario ha experimentado una baja en la construcción de nuevas viviendas, lo que ha reducido la oferta y ha mantenido en alza las rentas, especialmente en zonas metropolitanas. Desde 2009 no hay tanta construcción. Como los intereses siguen siendo altos, no se está comprando tanta vivienda nueva. Por eso, la renta se incrementa”, señala.
Una inversión que puede rentar el doble que en Colombia
Con todo lo anterior, desde Waltz sostienen que la situación descrita abre un nicho atractivo para los inversionistas extranjeros que, sin intención de habitar las propiedades, buscan aprovechar el déficit de oferta en el mercado de arriendo; al tiempo que enfatizan en que cuando se invierte en real estate en dólares, el retorno es doble.
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“Por un lado, a través del ingreso por renta; por otro, por la eventual revalorización del inmueble. Y como el dólar es una moneda fuerte frente al peso colombiano, el beneficio cambiario agrega una capa adicional de rentabilidad”, explicó.
Pero no todos los que buscan salir del país con sus inversiones tienen el músculo financiero para adquirir propiedades completas y en esos casos, la alternativa son las copropiedades o inversiones parciales en activos duros, como acciones inmobiliarias fraccionadas o fondos vinculados al oro. Según Golan, este tipo de productos permiten a inversionistas con menor capital comenzar a construir patrimonio en mercados más estables sin asumir el costo total de una propiedad.

Yuval Golan, fundador y director general de Waltz
Cortesía – A.P.I.
La lógica detrás de estas decisiones va más allá del retorno financiero, ya que para muchos inversionistas colombianos, mantener el ingreso y el trabajo en el país, pero enviar sus ahorros e inversiones al exterior, es una estrategia de blindaje emocional, familiar y patrimonial, es decir, “mantengo mi salario aquí, pero mis ahorros, mi inversión, la voy a tener en una economía más fuerte, que no sea tan susceptible al tema político”.
No obstante, dejó claro que no se trata de un rechazo ideológico, sino de una reacción racional al entorno y recordó que la historia latinoamericana ha mostrado que, cuando se presentan cambios profundos en el modelo económico o institucional, los sectores con mayor capacidad económica toman decisiones preventivas y que si la situación mejora, el capital puede regresar.
En EEUU colombianos han comprado 14.800 propiedades
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“Además de los bienes raíces, otro activo que gana relevancia en estos movimientos de capital es el oro. Catalogado históricamente como un refugio en tiempos de crisis, el oro es hoy más accesible que nunca gracias a plataformas digitales que permiten adquirirlo en pequeñas fracciones y mantenerlo en bóvedas seguras fuera del país”, sostuvo.
Para Golan, “este tipo de inversión también tiene sentido en el actual entorno, que es tangible, tiene demanda global y no está expuesto a decisiones gubernamentales locales” y se ha movido en un escenario en el que la digitalización ha facilitado este tipo de estrategias.

“Gracias a plataformas financieras y tecnológicas, cualquier colombiano con conectividad puede hoy crear una empresa en Estados Unidos, abrir una cuenta bancaria, acceder a crédito y comprar un inmueble, sin necesidad de estar físicamente en ese país. Este fenómeno, que antes era exclusivo de grandes capitales o de elites corporativas, se ha democratizado parcialmente, acelerando el ritmo de salida de capitales”, acotó.
Así las cosas, la pregunta que queda en el aire es cuánto de esta fuga es temporal y cuánto estructural, dado que si bien algunos inversionistas podrían estar esperando señales de estabilidad política y económica para repatriar su capital, otros ya han tomado decisiones de largo plazo como radicarse, diversificar o simplemente mantener el patrimonio alejado del riesgo local.
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Estos expertos cerraron diciendo que la combinación entre ritmo económico débil e incertidumbre institucional ha generado un cambio sustancial en el comportamiento financiero de los inversionistas colombianos y que la fuga de capitales ya no se percibe como una alarma pasajera, sino como una dinámica de fondo en un mercado que se transforma al ritmo de la confianza.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio
14 jul 2025 – 11:00 a. m.