Falacias, incoherencias y complicidades

La operación militar de las autoridades del Departamento de Justicia y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que capturó al narco dictador Maduro y a su esposa y la consiguiente aceptación del Presidente Trump y su Secretario de Estado de un gobierno transitorio en Venezuela con estrechos vínculos con el régimen chavista-madurista y presidido por la señora Rodríguez y con el apoyo de su hermano Jorge Rodríguez como Presidente de la Asamblea Nacional, ignorando y descalificando al legítimo ganador con un 70% de los votos de las elecciones robadas por Maduro y sus secuaces, don Edmundo González y a la valerosa heroína de la oposición y Premio Nobel de Paz, María Corina Machado, son, sin duda, un mal ejemplo de incoherencia y un probable error político por la falta de un plan político y económico tras la intervención, error cuya corrección exigirá mayores sufrimientos y daños para el hermano país.

 

Por otra parte, la guerrilla verbal, las amenazas y ofensas recíprocas entre el Presidente Trump y el Jefe del desgobierno de Colombia aumentan los riesgos de una ruptura de la histórica amistad, del mutuo respeto y necesaria cooperación entre los dos jefes de Estado. Pero hay más en este drama en el cual no faltan las falacias y las contradicciones. Si el narco dictador Maduro capturado era un usurpador, igualmente lo sería la señora Rodríguez porque ambos no fueron elegidos democráticamente, sino impuestos por un régimen de terror y represión, cuyos secuaces y cómplices principales son los señores Diosdado Cabello y el general Padrino.

 

Adicionalmente, abundan las incoherencias, las complicidades y las falacias en la política y la existencia pública de Colombia. Trataré de ser claro y explícito, sin incurrir en ambigüedades ni eufemismos que encubren con lenguaje aparentemente decoroso y correcto la realidad. En Colombia existe un poder fáctico que se denomina el establecimiento, que es centralista y posa de centrista en cuestiones políticas, y aparenta moderación y practica el diálogo sin efectos benéficos y suele condenar la polarización política y calificar las firmes convicciones y la defensa de principios como extremismos de la derecha. Esto último encubre la realidad y lo que es peor, protege un régimen de complicidades e intereses creados que ha permitido la continuidad, y agrava las patologías y dolencias de la nación, como son la violencia, el narcotráfico, la corrupción. El establecimiento considera que un gobierno que a partir del 7 de agosto de este año aplique sin vacilaciones la Constitución y las leyes contra los violentos, los terroristas, los narcotraficantes y autores de actividades ilícitas y los corruptos sería inconveniente porque aumentaría la polarización política, Es preferible, dicen los vanidosos figurones, y varios de sus candidatos del 1%, un gobierno que dialogue, que administre con moderación y realice transacciones para mantener un statu quo sin que el discurrir de la existencia pública se interrumpa ni cambie, olvidándose del idealismo de los principios y valores fundamentales, en suma, de la ética y de los superiores intereses de la Patria.

 

Ante las advertencias y amenazas de Trump contra Petro, el establecimiento y sus candidatos centralistas y centristas, salen ante las cámaras de televisión, con caras de circunstancia, orondos y vanidosos, a defender el derecho internacional y el humanitario, que los criminales violan todos los días en Colombia. Estos campeones del eufemismo y las falacias elogian una institucionalidad vulnerable y a veces ineficiente. ¿Por qué razón tendría que intervenir Estados Unidos en Colombia?, se preguntan los gatopardos del establecimiento si somos una democracia y una República respetables, con instituciones sólidas, transparentes y eficaces. Claro que existe una Constitución Política, pero varias de sus normas se incumplen y son letra muerta. Formalismo constitucional y no realidad en la praxis.

 

No somos partidarios de una intervención militar ni de sanciones para Colombia, pero sí exigimos coherencia en los dirigentes. La incoherencia es mayúscula cuando se olvida que Colombia produce el 70% de la cocaína que se comercia y consume a nivel global. La narco dictadura de Venezuela es la principal distribuidora de esa producción con la ayuda de las bandas criminales del ELN, las disidencias de las FARC con su cabecilla Iván Márquez, quien aparece tan sonriente y amistoso en las fotografías, las cuales son de público conocimiento, con el candidato presidencial Cepeda. Se olvida también que Petro ha intentado violar repetidas veces nuestro ordenamiento constitucional e insiste en dialogar con los criminales y narcotraficantes, incluso con Iván Márquez, garantizándoles la libertad y otros privilegios, entre otros, el cese unilateral del fuego, la suspensión de las órdenes de captura, y designándolos con el eufemismo de gestores de paz. Se olvidan las morosidades de la justicia, del cartel de la Toga con magistrados condenados y prófugos, de la Fiscalía inactiva frente a ciertas indagaciones y procesos, de la Contraloría y de la Procuraduría con similares actitudes y todos estos entes tardíos para acusar y castigar a los corruptos y ladrones de los recursos públicos. Se olvidan y toleran la omisión de sus deberes constitucionales de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes existiendo una sentencia del Consejo Nacional Electoral sobre la violación del límite de gastos de la campaña presidencial de Petro y la falsedad de varios de sus registros contables, la cual gerenció el actual Presidente de Ecopetrol. Se olvida también que existe una norma constitucional que ordena la pérdida de la investidura a quien incurra en estos delitos. Se olvida el abuso de los recursos fiscales por parte del actual desgobierno que ha conducido a la crisis fiscal y al nivel de endeudamiento sin precedentes en la historia republicana. Se olvida la quiebra del sistema de salud. Se olvidan las adicciones e inclinaciones del jefe del desgobierno, incompatibles con la dignidad y el decoro del cargo que ocupa. Se olvidan las acusaciones del Ministro Benedetti contra Petro, contra la ex canciller Sarabia, y las propias acusaciones e investigaciones judiciales, exabruptos y adicciones del mismo ministro acusador. Se olvidan las acusaciones del hijo de Petro sobre el ingreso de dineros ilícitos a la campaña presidencial de su padre. La amnesia ética es una de las mayores complicidades que sostienen el régimen.

 

Confieso que no es grato y sí doloroso describir la anterior realidad nacional. Pero es menester invitar a reflexionar para reaccionar éticamente, con fervor patriótico, con unidad, y rechazar las falacias e incoherencias de la política colombiana con el fin de apoyar la posibilidad de elegir en primera vuelta un gobierno cuyo jefe tenga el carácter, la independencia y la coherencia necesarios para defender la Patria y aplicar todo el rigor de las leyes. Sólo un Tigre y los defensores de la Patria unidos podemos desmontar el régimen de complicidades y traer seguridad, justicia social y prosperidad a los colombianos. Colombia necesita un Tigre, no un gatopardo.

 

7/01|2026 | Por Martín Alonso Pinzón

 

https://lalinterna.azul2.wordpress.com/2026/01/07/falacias-incoherencias-y-compli

 

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