La amenaza fallida

Imposible, si amamos a Colombia, olvidar este día del año 1810 en el que fue sellada para siempre nuestra independencia. Gracias a esos héroes de ayer que por amor a la patria se olvidaron de la miseria, de la esclavitud, de sus hijos, de sus familias, de la vida y nos dejaron el regalo de la libertad que nosotros heredamos y al que no estamos dispuestos a renunciar, porque entendemos que ella es la vida de la patria y la de todos sus buenos hijos, hoy amenazada más que ayer por los amigos del odio, la destrucción y la desolación.

Los mismos que exhiben nuestra bandera al revés, con lo que insinúan que lo único que desean es ver a Colombia bañada en sangre, los mismos que convirtieron esta celebración en amenaza social como nunca, con marchas, incendios y bloqueos a las vías, los mismos que pretenden convertir a nuestras Fuerzas Militares y a la Policía en instituciones de segunda, de tercera o de cuarta categoría, catalogadas como “asesinas” y no como defensoras del orden institucional, de la soberanía, del principio de autoridad y de los derechos humanos. Esos, los mismos que tienen algunos infiltrados en la Justicia y en el Congreso, incluidos el comité de derechos humanos de la ONU, de la OEA, de la Corte Penal Internacional y gran parte de la Comunidad Europea.

Esos, los mismos para quienes violar los derechos humanos es un derecho y hacerlos respetar es un delito, los mismos que quieren asaltar el poder para destruir nuestro país, nuestras familias y aplaudir el desfile de niños, jóvenes y adultos hacia otros países huyéndole a la miseria en busca de refugio y de un plato de comida, tal como sucede con nuestros hermanos cubanos, los  nicaragüenses,  los  venezolanos  y los de Corea del Norte, fila que empiezan a  engrosar inmigrantes peruanos, chilenos y  argentinos entre otros.

Esos, los mismos  a quienes la alcaldesa de Bogotá les prestó un terreno público para que hicieran sus entrenamientos, fabricación de explosivos y que, aparte de la de Bogotá, gozan de  un   supuesto respaldo de los alcaldes de Cali y de Medellín. Ahora sólo falta que le reclamen el “derecho de   dominio de posesión” sobre ese predio y que los capitalinos se queden callados. ¿Qué   futuro país piensan construir entonces?

Esto nos debe de llevar a hacernos varias reflexiones. Por ejemplo: ¿ese es el país que queremos los colombianos de bien? ¿Nos dejaremos arrebatar nuestra libertad, nuestro Himno, nuestra Bandera, nuestro Escudo, nuestro paisaje, nuestras selvas, nuestros mares, nuestro campo, en una palabra, nuestro amor a la patria, nuestra vida? ¿Vamos a permitir ser gobernados por los que cambian el trabajo, el estudio, la sana convivencia y la familia por el odio, la destrucción, la miseria y la guerra? Por fortuna la amenaza violenta que tenían proyectada para el día de la independencia, resultó fallida y convertida en una estruendosa auto derrota para ellos que sólo aspiran a convertirse en los grandes beneficiarios de la impunidad. A ellos tenemos que demostrarles que la diferencia no está en tener plata, sino en no ser humanos.

Hoy, más que ayer, Colombia está en las manos de sus mejores hijos que somos la mayoría. Nuestro patriotismo lo dejaremos plasmado en las elecciones del próximo año de 2022, cuando aspiramos a consolidar la más grande alianza de las fuerzas vivas en todo el país para salvar la democracia y la libertad y con ellas, perdure por siempre en nuestras mentes el grito rebelde de los comuneros guiados por el héroe José Antonio Galán, que sirvió de base para los logros obtenidos por nuestro Ejército a órdenes del Libertador Simón Bolívar. Y así, unidos todos, conservemos por siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones, sin temores ni amenazas, las tradiciones y al veinte de julio, día de nuestra independencia.

Gonzalo Mejía Córdoba, Periódico Debate, 27/07/2021

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