Al igual que en Chile, donde el expresidente Gabriel Boric dejó –sin éxito– en manos de la exmilitante del Partido Comunista Jeannette Jara la continuidad de su proyecto, Iván Cepeda lleva hoy en Colombia la bandera del petrismo para las elecciones presidenciales del 31 de mayo con un perfil más radicalizado, admitiendo, sin complejos, su formación comunista desde su adolescencia

La izquierda colombiana ya no podrá evadir debates ideológicos que ubican a su líder de turno en la misma acera que Marx, Engels, Stalin o Lenin. El hoy presidente, Gustavo Petro, ha preferido autodenominarse como «humanista» o «progresista», huyéndole a la etiqueta de «comunista», e incluso evitando menciones directas al socialismo, aunque defienda un Estado interventor y redistributivo. Sin embargo, su heredero político no oculta sus raíces. Al igual que en Chile, donde el expresidente Gabriel Boric dejó –sin éxito– en manos de la exmilitante del Partido Comunista Jeannette Jara la continuidad de su proyecto, Iván Cepeda lleva hoy en Colombia la bandera del petrismo para las elecciones presidenciales del 31 de mayo con un perfil más radicalizado y sin ánimos de buscar la moderación.
«Yo fui militante de la juventud comunista en mis años de adolescencia», respondió Iván Cepeda en una entrevista con el periodista Daniel Coronell cuando le preguntó directamente si él es comunista. «Luego hice parte del Partido Comunista», agregó, para posteriormente dedicarse a enumerar todas las organizaciones políticas de las que ha formado parte, como una salida cómoda para evitar la respuesta directa. Pese a su evasiva, algo quedó claro: no basta con desvincularse formalmente de un partido para cambiar las ideas. Así como Jeannette Jara no pudo quitarse el rótulo de comunista renunciando a su militancia de cara a los comicios presidenciales del año pasado en Chile, Iván Cepeda tampoco lo conseguirá, por más que, en su caso, haya transcurrido más tiempo.
Haber sido comunista no parece incomodarle a Iván Cepeda. Sin embargo, Gustavo Petro, su aliado político y «amigo desde hace 40 años», –como señaló en la misma entrevista– sí ha refutado los señalamientos al respecto como cuando, por ejemplo, el presidente de Argentina, Javier Milei, lo llamó «comunista asesino», y el inquilino de la Casa de Nariño aclaró que su proyecto no busca replicar regímenes comunistas sino construir un país «más equitativo», agregando además una objeción sobre la etiqueta ideológica: «Los que nos atacan no tienen ni idea de qué es el comunismo».
Los esfuerzos de Petro por distanciarse de rótulos como el de «comunista» o «castrochavista» con un discurso ambientalista que lo ubique más hacia el mal llamado «progresismo» parecen diluirse con un Iván Cepeda más ideologizado, que no solo enaltece el hecho de haber crecido en un «hogar con padre y madre comunista» sino que además recuerda con aparente orgullo que sus padres le celebraban como una gracia cuando tenían que ir a buscarlo en una comisaría.
Hoy, Iván Cepeda lidera las encuestas para las próximas elecciones presidenciales con un 35 % que parece ser su techo y con una estrategia enfocada en cerrar filas con sus votantes duros sin abrir espacios para sumar indecisos o electores de centro. La escogencia de la activista indígena Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial así lo evidenció. Es por esto que Iván Cepeda no parece sonrojarse al reconocer que viene de la militancia comunista, ya que su apuesta es llegar al poder con un proyecto aún más radicalizado que el de Petro, sin descartar la convocatoria a una constituyente, aunque –como indicó en la mencionada entrevista–, la condiciona a un «acuerdo nacional» previo.