En Colombia existe una verdadera y auténtica derecha, que se manifiesta en forma muy misteriosa. La mayor parte del electorado es de derecha, en proporción mucho mayor que el de la izquierda y el del centro, pero vota por políticos que parecen ser de derecha, pero en realidad no lo son. Y lo que es peor, les da vergüenza mostrarse como de derecha, aunque siempre están a la procura de los votos de la derecha.
En medio de la destrucción promovida durante décadas por las FARC, el ELN, los narcos y demás grupos terroristas, en el año 2002 Colombia votó por la derecha, en la persona de Álvaro Uribe, que siempre ha sido un enemigo de las FARC, pero no es un político de derecha. Ante su exitoso primer gobierno entre 2002 y 2006, fue reelegido porque los electores lo consideraban de derecha.
Uribe escogió a Santos, el traidor
En el 2010, Uribe cometió el más grande desacierto al escoger a Juan Manuel Santos como candidato presidencial de su partido, designándolo como el continuador de su legado político. Pocas personas lo conocían tan bien como él, pues Uribe sabía que era un hombre de izquierda, cercano a los Castro, enredado con las FARC desde su juventud, mentiroso compulsivo y traidor de antología. Pero fue elegido porque su mentor parecía ser un hombre de derecha.
El mismo día de su posesión como presidente se abrazó con Hugo Chávez, a quien declaró su nuevo mejor amigo. De allí en adelante, durante los siguientes ocho años, hasta el 2018, fue el paladín de la izquierda, de la corrupción, del despilfarro y de la entrega del País a la subversión. Realizó un Acuerdo de paz con las FARC que fue una vergüenza histórica, una capitulación inadmisible y una demolición del Estado de Derecho.
Cuando se realizó el Plebiscito en el 2016 para refrendar el Acuerdo de paz, de nuevo Uribe se convirtió en el falso adalid de la derecha, permitiendo el robo descarado del Plebiscito. Ganó el NO, pero Santos y Uribe exigieron que se hiciera todo como si hubiese ganado el SI, para imponer la falsa paz que el traidor de Santos había prometido.
Entonces, por primera vez en la historia de Occidente se hizo un Plebiscito y el Gobierno ejecutó lo contrario del resultado ganador. Una vez más, la derecha fue vilipendiada por políticos que no son de derecha, pero son elegidos con los votos de la derecha.
Después, en el 2018, Uribe escoge de nuevo al candidato de su partido para suceder a Santos, y maniobra para que sea elegido el Dr. Iván Duque, que obviamente, al igual que Uribe y que Santos, es elegido con los votos de la derecha, pero gobierna en contra del ideario político de la derecha.
Casi todas las promesas hechas en la campaña presidencial de Duque son de derecha, pero una vez en la presidencia, no ha cumplido ninguna de ellas. Impuso la JEP, que es un tribunal marxista creado para garantizar la impunidad de los terroristas que han destruido a Colombia. Aumentó los impuestos, hizo crecer el Estado y lo convirtió en asistencialista y repartidor de subsidios, o sea, cada vez más socialista. Solo no ha colapsado gracias al empuje y al trabajo de la clase empresarial.
Se impone el “extremo centro”
Para las elecciones del 2022, de nuevo el partido de Uribe hace una jugada maestra para impedir la designación de un candidato presidencial de derecha. Por medio de oscuras maniobras que aun no han sido explicadas, fue escogido un candidato de “extremo centro”, de la misma línea que el presidente Duque, que no inspira la confianza necesaria para enfrentar el peligro de la extrema izquierda y que seguramente quedará rezagado en la contienda electoral.
Ante el terror de definirse como derechista, el partido de Gobierno perderá las elecciones, pues no tiene un candidato firme y coherente que haga una campaña clara contra Petro, para evitar que Colombia se precipite en el infierno de la tiranía marxista.
Sin duda la candidata capaz de enfrentar a la izquierda radical era María Fernando Cabal, pero el temor claudicante de la derecha permitió a Uribe manipular el resultado, quitándole a la senadora la posibilidad de ser candidata presidencial. Y después, para mayor vergüenza del partido, tampoco le concedió el honor de ser la cabeza de lista para el senado, poniendo en su lugar a una persona que no es del partido y tampoco lo representa.
Un error más que divide el partido de Uribe, que crea dudas sobre la forma poco transparente de elegir los candidatos, y muestra un desdén injusto y arbitrario contra los que representan los valores de la derecha, que es la dueña de los votos.
Como consecuencia, la derecha se quedó sin candidato presidencial. La mayoría del electorado colombiano, que es de derecha, tendrá que votar por los candidatos del “extremo centro”, que en realidad son de una izquierda camuflada. O, peor aún, por los abiertamente de izquierda, que no son garantía alguna para el futuro de la Patria.
Por Eugenio Trujillo Villegas
Director de la Sociedad Colombiana Tradición y Acción
Diciembre 15 de 2021 – trujillo.eugenio@gmail.com