Las rivalidades y las guerras en el mundo han sido y serán siempre compañeras permanentes de la humanidad, acarreando a su paso muerte y cruel e infinito sufrimiento de inmensas proporciones. Así lo ha querido tercamente el mundo desde su comienzo, contrario a la voluntad de Dios que todo lo ha creado perfecto y que no quiere otra cosa que el bien y la felicidad de todos, hasta que para ese único fin, vino al mundo Jesucristo a enseñarnos, y como parte de su extraordinaria y admirable misión, y por amor a todo el género humano, voluntariamente se sometió al más cruel suplicio y muerte en una cruz para redimirnos. Pero aún así, el mundo lo ignora y persiste en su carrera hacia el caos y el abismo. Es algo que para un ser humano normal resulta absolutamente inexplicable, absurdo e indigno.

 

Como creyente, cito textualmente Las palabras que Jesús, el Maestro por excelencia, dijo a sus discípulos, y por medio de ellos a la humanidad entera: (San Juan 3, 18-19: “El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios. Los que no creen, ya han sido condenados, pues, como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo, prefirieron la oscuridad a la luz.”).

 

Así pues, nuestra lucha del BIEN contra el MAL nos acompañará siempre, y es absoluta responsabilidad de cada individuo decidir cuál de las dos opciones prefiere, o la luz, o la oscuridad.

 

Colombia vive hoy una época de extrema oscuridad, como nunca la había vivido en toda su historia republicana. La moral y los valores humanos han perdido sentido, se le da más importancia al TENER que al SER: hoy predominan la corrupción, la deshonestidad, la mentira, las mafias, entre otras malas hierbas.

 

El respeto por los demás se ha perdido, empezando por los discursos del presidente de la república, quien se ufana tratando de H.Ps. a todo el que no esté de acuerdo con sus mentiras y su forma de ser grotesco, atrevido e irrespetuoso, al mejor estilo de los burócratas y terroristas del asqueroso socialismo del siglo XXI.

 

Ese es el pésimo ejemplo que le da Petro a los niños y jóvenes: hablar en un lenguaje mal intencionado, violento y grotesco. Claro que no se puede esperar más de un sujeto de su clase…

 

Qué bendición fuera más bien, implementar programas culturales y sociales para proteger y dejar vivir a los niños su infancia, su inocencia, ternura y autenticidad, para que mañana heredaran lo bueno, EL BIEN, y que fueran ellos en su edad adulta, los artífices de un mejor país en paz, y no de la potencia mundial de la muerte como actualmente lo estamos viendo, aunque se pregona lo contrario, otra prueba más de las mentiras de este malévolo gobierno izquierdista.

 

Infortunadamente en Colombia, ser niño es sinónimo de tristeza, de un desconocimiento por parte del gobierno y de gran parte de la sociedad, de sus derechos elementales como son el cuidado integral y el respeto que merecen. Basta con escuchar los noticieros de televisión y de la radio, para saber las atrocidades que se cometen contra la niñez y la juventud, empezando por el reclutamiento forzado en las filas de grupos subversivos para convertirlos en carne de cañón de actos criminales y terroristas. El país está indignado y cansado de escuchar la misma frase de siempre: “esperamos que esto no vuelva a suceder…”.

 

Un buen sistema de educación integral basada en principios y valores, aquí y en cualquier parte, es la base fundamental para alcanzar una sociedad verdaderamente civilizada y merecedora de respeto y aprecio. Lo contrario es lo que estamos viendo con tristeza y dolor de patria en Colombia. ¿Tendremos el coraje de cambiar esto?, o seguimos así?

 

Cito acá lo que algún gran pensador afirmó con palabras sencillas pero contundentes, y que seguirán siendo vigentes siempre:

 

“Nuestra consciencia es un campo de batalla donde se enfrentan dos inmensos poderes: EL BIEN y EL MAL.

 

Jamás el mal ha prevalecido ni prevalecerá sobre el bien, gracias a la continua presencia de Dios en nuestras vidas”.

 

Añado: primero Dios, Familia y Patria…