LA OLA DE TERROR QUE AGOBIA A COLOMBIA LLEGO A CÚCUTA

El intento maléfico de volar en átomos la sede de la Brigada y el nefando atentado contra el primer mandatario de la Nación, en que por poco lo “bajan” y lo “pasan al otro mundo”, ambos cometidos en solo diez días, prueban que la ciudad es “la nueva caldera del diablo” colombiana. Ese es el resultado del imperio terrorista en el Catatumbo y la cercanía con la sanguinaria tiranía comunista castrista-madurista venezolana.

La facilidad con que los criminales cometieron los dos perversos atentados demuestran que la seguridad pública se perdió en el país y que la sociedad colombiana está en estado grave, postrada por estar infestada hasta la medula de temibles bandidos.

Demostraron también que el señor presidente no puede ingenuamente tenderles su mano blanda y tratar de negociar con terroristas desalmados, en vez de reducirlos o darles de baja, sin correr peligro mortal.

Esa ola terrorífica se extiende como llamarada, por la influencia santista que se profundiza dentro del gobierno y asfixia nuestra martirizada Colombia de hoy.

Bogotá seguirá bajo ataque según los planes de la primera línea, cuyos miembros también deberían hallarse en la cárcel pagando sus crímenes, pero no los apresan porque los comunistas de la ONU se disgustan al “irrespetarse” los derechos humanos de los criminales, autorizados por la internacional socialista para delinquir a discreción.

Por esa influencia maléfica del santismo fariano, no existe orden ni paz, la ley no se aplica y los criminales se hallan en su paraíso.

Y con el obsequio de la embajada en Washington al santismo, que ya tiene en su haber ministerios y viceministerios claves, (interior, hacienda, justicia, comercio, salud), se profundiza la influencia santista dentro del régimen.

La realidad es que Colombia no está en paz ni sana, pasa de enferma a paciente en grave estado y se maneja como si estuviese “sana y en paz”.

Por esa percepción irreal y distorsionada del estado de la Nación, por parte de quienes nos gobiernan, vamos mal y es posible que vayamos peor en el cercano futuro.

La influencia nefasta del santismo se manifiesta a través del siniestro pacto o engendro habanero, que este gobierno nunca desmontó y, en cambio, respeta, acata y cumple al pie de la letra.

La facilidad con que se produjeron los ataques terroristas en Cúcuta, sin que haya pistas seguras en ambos actos criminales, demuestra la influencia de “la desidia santista” en el manejo de los asuntos públicos y en especial de las FF.AA.

El incontenible derroche de los fondos públicos iniciado en la era Santos-farc y que avanza sin control, más el inexplicable recibo del criminal atroz impune, alias Timochenko, en la casa de Nariño, son pruebas de la influencia del binomio siniestro Santos-farc en el actual régimen.

Ganamos la elección del 2018, pero la filosofía, la orientación del gobierno sigue a cargo del equipo santista y fariano, por ello, se dialoga con los criminales de los bloqueos en vez de levantarlos, se les mira a los delincuentes del paro delinquir en vez de encarcelarlos. Por ello, los criminales irrespetan y agreden a su antojo a la fuerza pública, por ello, Santos y su “equipo” se reúnen en la sombra periódicamente para enviarle mensajes y consejos al gobierno.

Con la cúpula de la burocracia santista no desmontada aún y sí reforzada en la justicia y la diplomacia, no tenemos seguridad pública, los amigos del caos, del crimen y de la impunidad imperan en el país, el narcotráfico y el terrorismo siguen florecientes y los criminales del paro seguirán en la calle, depredando sin castigo alguno.

Y, obvio, no se revisan, no se requisan los autos que llegan a las instalaciones militares, no se toman medidas preventivas contra las acciones narcoterroristas y criminales, no se persigue a los delincuentes rurales y urbanos, porque los asuntos de Colombia se manejan con el engaño mental santista de que el país está ” salvo”, “sano” y “en paz”, en “la falsa paz del falso Nobel Santos”.

En vez de “mano firme” con los hampones, tenemos el “corazón grande” para mantener en vigencia a nivel nacional la política procomunista del alcalde “guerrillero” de Cali: “dialogo”, dialogo “a diestra y siniestra”, para finalmente premiar a los criminales con dinero, impunidad y gajes.

Clavo 1: en otra demostración de influencia nefasta santista, la ministra de cultura ya retiró las estatuas de los reyes de España en la avenida El Dorado. Anunció que dialogará y decidirá con los indígenas misak, qué hacer con los monumentos nacionales, donde deben colocarse y cuales se instalarán y cuales se eliminarán. Es probable que discuta y decida con ellos que Colombia, así llamada en honor del descubridor Cristóbal Colón, por decisión de nuestros libertadores, cambie su nombre por el de la pesadilla que tuvimos: “minga nova suramericana”. Así vamos…

Clavo 2: pareciera que el gobierno hubiese cambiado su lema de “el que la hace la paga”, no cumplido y como las demás promesas de campaña, no aplicadas aún, por el de “el crimen en Colombia si paga”…

Clavo 3: la reforma a la justicia que promueve este régimen y los corruptos del congreso y de la rama judicial, implicará aumento “sustancial” en miles de plazas de burócratas “sin oficio” que por toda tarea “cobran el cheque mensual”. Habrá más “magistrados”, más “jueces” de la deprimente calidad que ya conocemos y “burócratas nuevos”, como los mil cien defensores del pueblo que se nombrarán, uno en cada municipio, cuya función será nula, ya que los personeros municipales desempeñan las mismas tareas.

 

Fuente: http://www.lalinternaazul.info/2021/06/28/la-ola-de-terror-que-agobia-a-colombia-llego-a-cucuta/

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