El país no necesita más aventuras individuales; requiere una visión clara que recupere la estabilidad institucional y garantice un futuro económico.

A medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2026, el panorama político en Colombia parece más un desfile de vanidades que una contienda democrática seria. Hoy, el país cuenta con más de 40 aspirantes a la Presidencia, muchos de los cuales saben que no llegarán ni a la consulta del 8 de marzo ni mucho menos a la primera vuelta del 31 de mayo en el 2026.
¿Qué motiva entonces a tanto candidato sin opciones reales? Para algunos, es simplemente una estrategia de posicionamiento personal.
Están quienes se lanzan con la intención de construir una base electoral que les sirva en las elecciones regionales de 2027, especialmente en la disputa por alcaldías y gobernaciones.
Otros, en cambio, aspiran apenas a marcar un 1% en las encuestas, suficiente para luego negociar una posición en una lista al Congreso. Y no faltan aquellos que, con puro cálculo politiquero, buscan la foto de la adhesión en el momento clave para negociar un puesto en el Ejecutivo, ya sea en un ministerio o incluso en una embajada.
Esta multiplicidad de candidatos sin propuestas claras ni planes sólidos genera distracción y dispersión del electorado. Peor aún, le hace el juego al gobierno de Gustavo Petro que, con su lógica de polarización y su narrativa de confrontación, solo necesita dividir a la oposición para perpetuar su proyecto político.
Sin embargo, este desfile de “candidatos no candidatos” empieza a tener fecha de vencimiento. El 31 de mayo de 2025, cuando inicie oficialmente la recolección de firmas, los aspirantes deberán pasar del simple activismo en redes sociales a constituir un grupo de promotores e invertir en este proceso que fácilmente supera los 1.500 millones de pesos.
Para aquellos que opten por el camino del aval partidista el reto no será menor, pues deberán demostrar que cuentan con la estructura y el respaldo necesarios para competir.
La lista de precandidatos se irá depurando poco a poco y es probable que, para el 8 de marzo de 2026, fecha de las consultas interpartidistas, el número de aspirantes se haya reducido a menos de 15, y para el 31 de mayo, día de la primera vuelta, sean menos de siete nombres.
El reto para la oposición no es solo filtrar a los oportunistas, sino también construir una propuesta sólida que impida que la dispersión electoral le sirva en bandeja de plata la continuidad del actual proyecto político. El país no necesita más aventuras individuales; requiere una visión clara que recupere la estabilidad institucional y garantice un futuro económico y social para todos los colombianos.
El 2026 será el año de una elección definitiva para Colombia, pero el verdadero punto de inflexión será en el 2025, cuando se sepa quiénes están dispuestos a jugársela en serio, con propuestas claras y un proyecto de país, y no ser simplemente un “candidato no candidato” que se lanza movido por vanidades, intereses politiqueros o simples cálculos personales.
Víctor Muñoz
Analista
https://www.portafolio.co/opinion/victor-munoz/los-candidatos-no-candidatos-al-2026-626463