
Un descarado es aquel que: “Se comporta o habla con desvergüenza, sin pudor ni respeto”. O sea que obra con descaro, entendido este como: desfachatez, desvergüenza, frescura, insolencia, etc.
Tristemente, en el país abundan, dentro de la clase dirigente política, individuos que actúan, impunemente desde hace tiempo y en la actualidad, con tal desfachatez y frescura que bien les cae el calificativo de descarados. Contra esa pandemia del descaro no parece haber vacuna alguna. Tratando de no herir susceptibilidades, se adopta la calificación de las matronas antioqueñas cuando los califica de ser personajes que: “¡Ni pena les da!”.
Para “empezar por el principio” se trata de los más preclaros representantes de las nuevas S.S., el santismo-samperismo, que se siguen paseando rampantemente por el país ejerciendo una gran influencia en el manejo de la cosa pública: Los expresidentes Samper y Santos que: claramente siguen demostrando que: ¡Ni pena les da!
No es necesario profundizar mucho en el malhadado “Fue a mis espaldas” del expresidente Samper con todo el proceso 8000 a cuestas, y ahora con la actuación exculpatoria de sus camaradas socios de las FARC tratando de asumir su responsabilidad (de ellos) en el asesinato de Álvaro Gómez. Bastaría preguntar: ¿Quién se benefició con la muerte de Gómez? La respuesta obvia es: “El establecimiento”. Y repreguntar: ¿Quién era “el establecimiento”? “Blanco es, gallina lo pone, ….
En cuanto al expresidente Santos, también tiene su frase de iniciación para cualquier análisis: “¡Me acabo de enterar!”. Instituyó a la mentira, la corrupción y el incumplimiento de compromisos como una práctica normal en la política nacional y, como resultado, está el infame acuerdo de La Habana siguiendo con la violación y el desprecio al resultado del plebiscito lo que trajo desgracias como el Fast-Track y la JEP, con la consecuente impunidad y proliferación del narcotráfico.
El análisis debe seguir por los más altos tribunales encargados de la administración de justicia, donde aparecen en primera fila los miembros del denominado “Cartel de las togas”, en donde es preciso aceptar que, si algunos magistrados prevaricaron por acción, existe la percepción de que muchos otros lo hicieron por omisión (Pasaron de agache, Juanito). No pueden faltar, en este estudio, personajes como el ex-fiscal Montealegre que “ni pena le da” para auto elegirse como víctima, ni el senador Cepeda cuya trayectoria es bien conocida.
Cuando se acercan los certámenes electorales para la elección del presidente de la república, aparecen, en el “abanico de precandidatos”, multitud de personajes con trayectorias muy cuestionables en las épocas en que ejercieron altos cargos públicos. “Ni pena les da” volver a presentar sus nombres a la consideración de la opinión pública, abusando del hecho de que esta tiene una memoria muy frágil.
Entre los exmandatarios, a nivel local, hay que declarar fuera de concurso al exalcalde de la ciudad de Bogotá, Gustavo Petro, forrado de teflón, puesto que le resbala “sin romperlo ni mancharlo” cualquier investigación relacionada con su gestión pasada, fuera de eso, cuenta siempre con el apoyo de sus compinches invasores de los tribunales internacionales, y es claro que: ¡Ni pena le da!
De gran actualidad es el caso del señor ex-gobernador del departamento de Antioquia y ex-alcalde la ciudad de Medellín, por los cargos en su contra presentados recientemente por la fiscalía. Aunque aparentemente se trata de deficiencias de índole contractual en el cambio del manejo de una deuda departamental, el hecho es que durante su trayectoria como funcionario público existen muchas percepciones negativas. Bastaría citar el caso Orbitel, las pirámides de la Avenida Oriental, el atraso del Túnel de Oriente, los Parques Educativos, la biblioteca España, los enormes gastos en publicidad en el inicio de su campaña hacia la presidencia, etc.
No se puede finalizar este breve repaso de ejemplos de desfachatez y descaro, sin mencionar el manejo, que “sin pena ni gloria”, del actual alcalde de la ciudad, se le ha dado al nombramiento del nuevo gerente de las EPM. En el caso de la dirección de una entidad tan importante como las EPM, lo primero que habría que definir son las características que deben tener los candidatos a ocupar la posición. En este caso se habló primero de que tenía que ser abogado para manejar los numerosos procesos jurídicos que debía atender. También se ha mencionado que se requiere un profesional técnico para el manejo de problemáticas como la contingencia de Hidroituango. Y así por el estilo. Ahora resulta que se requiere un funcionario con otro perfil bien diferente como es el de “estar en el corazón” del señor alcalde, como el otro advenedizo escogido, cuya trayectoria ha despertado toda clase de inquietudes por lo etéreas y dudosas que son sus calificaciones. Aquí surge también otro problema: el de la calidad académica que será motivo de análisis posteriores, debido a la proliferación de títulos de dudosa calidad causando la aparición de individuos con “más cartones que un tugurio” y que, al final, resultan ineptos para los cargos
En principio, las cosas suelen tener orígenes o causas. Habría que profundizar, por ejemplo, en la elección del alcalde actual. Resultó que la comunidad no analizó bien el significado de la trayectoria anterior que lo caracterizaba. Bastaría destacar tan solo dos características suyas: Primera: Fue viceministro de un gobierno falaz y corrupto. Segunda: Era el exponente de una Ideología política inexistente, equivalente a un populismo desmesurado y acomodado caracterizada por la pertenencia acomodada a numerosos grupos políticos diferentes. Con estas dos características hubiera bastado para su descalificación y, sin embargo, resultó favorecido en la última elección y habrá que soportar otros dos años y medio sus actuaciones engañosas “fríamente calculadas”, en vista de que “¡No le da ni pena!”.
Siempre habrá que preguntar, respecto a las actuaciones del señor alcalde, por el control que ejercen (¿?) los organismos de control, como las “Asustadorías” (Procuraduría, Contraloría, Fiscalía, Veeduría, etc.) y, además, cuestionar el tal “acompañamiento” de las Juntas Directivas y el Concejo de la ciudad, porque aparentemente a ellas también se les puede aplicar el: “¡No les da ni pena!”.
11/04/2021 | Por: Tomás Castrillón Oberndorfer | tomascastrillon@hotmail.com
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