La va a tener muy fácil el juez (si no es una Sandra Heredia cualquiera) que le toque aceptar o no las demandas que Petro va a interponer ante la justicia contra sus opositores políticos (como Vicky Dávila) o los numerosos juristas y creadores de opinión que señalan que el abominable ASESINATO (si así con todas las mayúsculas, porque el lenguaje no es neutro. se está propagando el término la muerte de Miguel, no, él no murió él fue asesinado) de Miguel Uribe, es un crimen de Estado, estas van a ser rechazadas pues cualquier estudiante de primer año de derecho tiene claro el concepto que este asesinato sí es un crimen de estado.

 

Un crimen de estado es una violación grave de derechos y leyes fundamentales perpetrada, promovida o encubierta por los órganos o personas que ostentan el poder estatal, ya sea de manera directa o indirecta. Estos crímenes difieren de los delitos comunes porque son cometidos desde las estructuras mismas del gobierno (o instigadas y/o encubiertas por estas), a menudo utilizando los recursos, la autoridad y el aparato institucional del Estado.

 

La noción de crimen de Estado tiene raíces profundas en la historia política y jurídica. Desde épocas antiguas, las comunidades han debatido sobre los límites del poder de los gobernantes. Filósofos como Maquiavelo o Montesquieu reflexionaron sobre el peligro de que quienes detentan el poder actúen en su propio interés y no en el de la colectividad. Sin embargo, fue especialmente a partir del siglo XX, tras la experiencia de las dos guerras mundiales y la instauración de regímenes totalitarios, que el concepto de crimen de Estado adquirió relevancia internacional.

 

El surgimiento del derecho penal internacional, los juicios de Núremberg y la aprobación de instrumentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 marcaron hitos en la condena y persecución de crímenes cometidos por Estados o en su nombre. A partir de entonces, el crimen de Estado dejó de verse como un asunto interno y se reconoció como una amenaza a la comunidad internacional.

 

A partir de estos conceptos veamos si la acción del gobierno de Petro respecto al narcoterrorismo fue conducente o no al asesinato de Miguel Uribe.

Desde los primeros días Petro se empeñó en una política de cooperación con el narcoterrorismo como lo demuestran muchas acciones, entre ellas:

 

  1. El desmantelamiento del aparato de inteligencia del Estado. Las cúpulas de inteligencia militares y policiales fueron descabezadas, llevando a esos cargos a oficiales de menor rango sin ninguna experiencia en el área, esto ayudó a las organizaciones narcoterroristas a empoderarse de amplias regiones del territorio, aumentando exponencialmente las hectáreas de cultivo de coca y su dominio sobre las poblaciones de esas regiones.
  2. La Paz Total, que no ha sido otra cosa que las órdenes a los militares y policías a no actuar contra esos grupos narcoterroristas, con el pretexto de acuerdos de ceses al fuego unilaterales, pues las Farc y el ELN continuaron, masacrando civiles y militares, narcotraficando, secuestrando, violando mujeres y niños y reclutando menores, amén de muchos otros delitos, sin que militares y policías pudieran actuar, esto por supuesto redundó en la dominación que estos grupos tienen sobre gran parte del territorio nacional.
  3. Difusión de un lenguaje de lucha de clases y odio al contrincante desde las más altas esferas del poder: Petro fomenta la polarización al dividir a la sociedad colombiana en bandos, estigmatizando a ciertos grupos como empresarios, la oposición o sectores religiosos, lo que incita a la confrontación social; Un análisis de 37 discursos pronunciados por Petro entre enero y marzo de 2025, con un promedio de 4.000 palabras por intervención, muestra que su retórica se centra en temas como la crisis humanitaria en el Catatumbo (mencionada 148 veces), la hoja de coca (67 veces), y términos como “salud” (161), “agua” (136) y “educación” (122). También usa con frecuencia palabras como “nazis” o “fascistas” (19 menciones) para descalificar a sus críticos, lo que ha sido interpretado como confrontacional. Expertos como Carlos Arias señalan que Petro recurre a estrategias populistas, victimizándose y presentándose como un “mesías” que defiende al pueblo contra la “oligarquía” y los medios, lo que puede exacerbar emociones y polarizar. Gonzalo Araújo, otro analista, destaca que su discurso apela a los sentimientos de las bases para movilizar apoyo, más propio de un candidato que de un jefe de Estado (https://www.eltiempo.com/datos/hoja-de-coca-expresidentes-y-nazis-los-ejes-del-presidente-gustavo-petro-en-sus-discursos-de-este-ano-3444871).
  4. Ataques directos a parlamentarios: Petro ha utilizado términos como “nazis”, “enemigos del pueblo” o “tramposos” para referirse a congresistas que se oponen a sus reformas. Por ejemplo, tras el hundimiento de su reforma laboral en el Senado, llamó “tramposos” a los senadores que votaron en contra. Algunos congresistas no afectos a la oposición como Humberto de la Calle, han advertido que este discurso revive un clima de violencia política similar al de décadas pasadas.
  5. Ataques directos a Miguel Uribe: El abogado de Uribe Turbay, Víctor Mosquera, presentó una denuncia ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes el 24 de junio de 2025, acusando a Petro de generar un “entorno hostil” contra el senador. Mosquera citó 43 publicaciones en X donde Petro mencionó a Uribe Turbay, incluyendo un trino del 5 de junio de 2025 que decía: “¡Dios mío! ¿El nieto de un presidente que ordenó la tortura de 10.000 colombianos, hablando de ruptura institucional?”. Este mensaje, que aludía al expresidente Julio César Turbay, abuelo de Uribe, fue interpretado como estigmatizante y potencialmente incitador. Otro post de Petro contra Miguel: “¿Vas a llevar, Miguel Uribe, como tu abuelo, ¿a diez mil colombianos a la tortura para frenar al pueblo? Ya no podrás, el pueblo se ha decidido”. Finalmente, el mismo día del atentado Petro publicó el grito de guerra de los socialistas de la guerra civil de España: “¡No pasarán!” Más incitación al odio contra el asesinado no es posible.
  6. Desprotección de líderes opositores: La UNP se convirtió en un antro del M-19 (directivos y mandos medios) y de las Farc (gran parte de los escoltas), esto lleva a desoír sistemáticamente los pedidos de protección de los líderes opositores, en el caso particular de Miguel Uribe hubo 23 peticiones negadas por la UNP de fortalecimiento de su protección ¡más claro no canta un gallo ¡La UNP es directamente responsable por omisión de ese asesinato ¡

 

En conclusión, la declaración del asesinato de Miguel Uribe como un crimen de estado tiene bases fácticas claras: Petro desde inicio de su gobierno tiene una política de fortalecimiento del narcoterrorismo, expresada fundamentalmente en tener maniatada la Fuerza del orden para impedirle actuar contra el ELN y las Farc; paralelo a ese empoderamiento del narcoterrorismo ha difundido un discurso de odio y de lucha de clases que últimamente se concentró en los parlamentarios y en particular en Miguel Uribe, enlazando estas dos coordenadas es fácil deducir lógicamente que fue el narcoterrorismo quien apoyado por el discurso y las acciones de Petro cometió el asesinato, como un elemento constitutivo de la persecución de la oposición que llevará a la instauración de la dictadura del SSXXI. Como colofón tenemos el plan de unión de las fuerzas militares de la tiranía de Maduro con las de la democracia colombiana, está por verse si los militares colombianos se rebajarán tanto como los venezolanos y pasarán a ser una guardia pretoriana de Petro, bajo las órdenes del ELN y las Farc como sucede en Venezuela.