
El impacto de las drogas, especialmente los opioides, en Estados Unidos ha sido devastador. En 2022, se registraron 84,181 muertes por sobredosis de fentanilo, más del doble que en 2019. Según la Secretaría de la Defensa Nacional de México (SEDENA), el desmantelamiento de laboratorios de fentanilo en México pasó de 14 en 2019 a 964 en 2023, lo que resalta el desafío de frenar la producción y tráfico de opioides. Ante esta situación, EE. UU. ha implementado estrategias que permitieron un incremento significativo en las confiscaciones de drogas; sin embargo, la crisis persiste: en 2022, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. (CBP, por sus siglas en inglés) incautó 6,670 kilos, frente a 5,080 en 2021 y 2,180 en 2020. En 2023, las incautaciones superaron los 12,250 kilos, un 83.7% más que el año anterior, y hasta septiembre de 2024 ya se habían interceptado 9,530 kilos. A pesar de estos esfuerzos, las muertes disminuyeron solo un 3% en 2023, alcanzando los 81,083 fallecimientos, lo que demuestra la complejidad del problema.
En América Latina, el narcotráfico alimenta una violencia imparable, con México registrando más de 31,000 homicidios en el último año. Organizaciones criminales como el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en México, el Clan del Golfo en Colombia, el Tren de Aragua en Venezuela, Los Choneros en Ecuador y el Primer Comando Capital (PCC) en Brasil han desarrollado redes de poder que desafían la autoridad estatal a niveles sin precedentes. Estas organizaciones criminales transnacionales operan en más de 60 países, y el narcotráfico les permite financiar su expansión y diversificar sus crímenes mediante el tráfico de personas, animales silvestres, armas, tala de árboles exóticos y minería ilegal.
En respuesta, el presidente electo de los EE. UU., Donald Trump, ha propuesto “no mostrar piedad hacia los cárteles.”, desplegando recursos militares y de inteligencia para cortar sus rutas, golpear sus finanzas y desmantelar sus operaciones. Este plan tiene implicaciones más allá de la lucha contra el crimen organizado. Aquí se analizan algunos aspectos clave:
1. Despliegue Militar Contra los Cárteles: Trump propone utilizar “todos los activos militares necesarios”, incluida la Marina de EE. UU., para imponer un embargo naval que bloquee las rutas marítimas de tráfico en el hemisferio occidental. Esta estrategia busca interrumpir el transporte de drogas hacia EE. UU. y Europa. Aunque presenta desafíos, representa un paso decisivo para obstaculizar las rutas de tráfico y tiene el potencial de reducir significativamente el flujo de drogas ilegales por vía marítima. Además, esta medida podría disuadir actividades ilícitas como la pesca ilegal en la región, que genera cientos de millones de dólares en pérdidas anuales. Con cooperación regional, esta estrategia podría hacer que el tráfico marítimo de drogas sea cada vez más costoso y difícil de sostener para los cárteles.
2. Movilización de Fuerzas Especiales y Ciberataques: Trump planea desplegar fuerzas especiales y lanzar ciberataques para desmantelar redes de organizaciones como el CJNG, el Clan del Golfo, el ELN y disidencias de las FARC, quienes controlan vastos territorios y rutas de cocaína en varios países. La estrategia incluye intervenciones tecnológicas avanzadas para limitar su capacidad operativa y, con apoyo de inteligencia moderna, busca resultados disruptivos en sus operaciones y rutas clave. Sin embargo, muchos de estos grupos reclutan exmilitares expertos en operaciones especiales e inteligencia, y en algunas áreas su capacidad bélica iguala a la de las fuerzas armadas locales (ver caso de advertencia).
3. Designación de los Cárteles como Organizaciones Terroristas: Clasificar a los principales cárteles de México, Colombia y Venezuela como organizaciones terroristas permitiría aplicar sanciones y congelar activos. Esta designación facilita la cooperación internacional para desmantelar redes de tráfico y movilizar recursos estadounidenses, estableciendo una plataforma para que otros países también bloqueen sus finanzas. Esta medida podría reducir la capacidad de expansión de los cárteles, especialmente si se complementa con la colaboración de bancos y paraísos fiscales.
4. Presión a Gobiernos Extranjeros para Cooperar: Trump propone presionar a gobiernos extranjeros para intensificar su colaboración en la lucha contra los cárteles. Esta estrategia busca no solo movilizar a las autoridades locales, sino también debilitar el poder de los cárteles en sus áreas de operación y reducir su influencia en el Estado. Aunque esta cooperación enfrenta desafíos en algunos países, donde las decisiones están influenciadas por organizaciones criminales convertidas en movimientos cuasipolíticos, Trump plantea una postura firme dentro de EE. UU. al proponer la pena de muerte para traficantes de drogas, enviando un mensaje de cero tolerancia.
Un Caso de Advertencia: Para dimensionar la amenaza estratégica que representan los cárteles en América Latina, y éxito de la propuesta del presidente electro Trump el caso de los talibanes y Al Qaeda en Afganistán ofrece un referente crucial. En 2001, Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden, contaba con entre 10,000 y 20,000 combatientes, financiados por aproximadamente $1,600 millones anuales provenientes del tráfico de opio y heroína. En alianza operativa, los talibanes ofrecían a Al Qaeda apoyo logístico y territorial, con bases en un terreno montañoso y árido sin salida al mar. La prolongada campaña militar de EEUU entre 2001-2021 derivó en una debacle ya que tras un despliegue de recursos que alcanzó los $2.3 billones (con obligaciones futuras que podrían elevar el costo total a $6.5 billones) abandonarían Afganistán sin un resultado tangible.
En contraste a Afganistán, las densas selvas de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil presentan un reto de operaciones único, donde más de 400 organizaciones criminales controlan el terreno y emplean a más de 100,000 efectivos, en una economía ilícita valorada en $150,000 millones anuales. Estas zonas montañosas, con vegetación espesa, rutas clandestinas y acceso costero, proveen refugios seguros y posiciones tácticas que permiten a los cárteles consolidarse en áreas rurales y urbanas.
El plan de Donald Trump adopta una postura contundente, directa y enfocada en el desmantelamiento estructural de los cárteles. Su estrategia no se limita al enfoque defensivo de reducir la demanda interna en EE. UU., sino que busca operaciones ofensivas dirigidas a socavar las bases financieras y operativas de estas organizaciones. Mediante una combinación de operaciones de inteligencia, apoyo militar y presión diplomática, el plan de Trump pretende fracturar la capacidad logística y de mando de los cárteles en sus territorios de origen. Con una implementación precisa y el respaldo de aliados estratégicos en América Latina, esta ofensiva integrada tiene el potencial de asestar un golpe significativo a la influencia de los cárteles, debilitando su estructura y minando sus recursos para sostener operaciones a gran escala. Esta estrategia puede ser viable si considera los errores del pasado.
* Willy A. Valdivia-Granda es Director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences, donde lidera un equipo de expertos en genómica, biología computacional, análisis de datos e inteligencia artificial. Desde 2003, sus esfuerzos se han centrado en el desarrollo de algoritmos para la implementación de estrategias de mitigación contra amenazas biológicas conocidas y desconocidas. Willy Valdivia también es profesor adjunto de la Universidad Estatal de Kansas en Estados Unidos y autor de decenas de publicaciones sobre genómica de enfermedades infecciosas, bioterrorismo y políticas de seguridad nacional. Es asesor para los gobiernos de EE. UU, la Comisión Europea y tiene proyectos de investigación en EE. UU., Europa, África y América Latina
https://lalinternaazul2.wordpress.com/2024/11/14/plan-antidrogas-de-donald-trump-y-sus-implicaciones-regionales/