
El 1 de mayo de 2025 pasará a la historia de Colombia como un día nefasto. Ese día, el dictador (y drogadicto) Gustavo Petro le declaró la guerra a muerte a sus opositores políticos. Usando la bandera del genocidio español enarbolada por el secesionista, masón y agente británico Simón Bolívar, Petro nos está diciendo que viene por nosotros. Nos dice que sus ejércitos de narcoguerrilleros, indígenas, femibolches, adolescentes fanáticos, e incluso las mismas FFMM y Policía (siempre deseosas de congraciarse con el gobierno de turno), van a eliminarnos físicamente.
Ha habido reacciones a este hecho: posts en X, más posts en X, cartas, columnas en medios de comunicación, etc., etc. Cada reacción, más timorata que la anterior. Cada reacción, más patética que la anterior. Cada reacción, más desconectada de la realidad que la anterior. Cada reacción, más risible que la anterior. Lo único que falta en este circo pusilánime y ridículo es que aparezca cierto abogado caribe a decir que lo va a denunciar nuevamente en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Es como si aquellos que dicen oponerse a la narcodictadura estuvieran en un concurso para escoger al más blandito y cobarde, y a este paso todos van a ganar ese premio.
En esta pequeña columna quiero proponer algunas cosas que nosotros, la verdadera oposición, aquellos que realmente tomamos en serio la amenaza de muerte que hizo el narcodictador, aquellos que no tenemos miedo, podemos hacer al respecto. Por supuesto, estas propuestas no tendrán mucho eco, ya que mis lectores son tres tristes tigres, y uno de ellos es tan blandito y cobarde como cualquier miembro promedio del Centro Democrático.
Lo primero que debemos hacer es dejar de votar por la oposición controlada. El Centro Democrático, Cambio Radical, Colombia Justa Libres, y demás partidos que fingen ser oposición, en realidad son instrumentales a la narcodictadura. Están conformados (salvo algunas honrosas excepciones[1]) por politiqueros profesionales, y sus únicos intereses son obtener movilidad socioeconómica chupando de la teta del Estado y alimentar su narcicismo. Ellos no desean el bien para nuestra nación, ni un futuro para ella. Sus intereses no son los mismos que los de nuestro país y los nuestros. Son aliados instrumentales (y en algunos casos aliados explícitos) de la narcodictadura, y nunca harán algo que realmente la ponga en peligro.
Lo segundo es crear un partido político de verdadera oposición. Mientras el enemigo tenga el poder político, y nosotros no, estaremos a merced de él y estará en peligro la integridad de la nación, el orden público, nuestra vida y la de nuestras familias. Es necesario entender que es imposible ganar una pelea de boxeo sin subirse al ring y pelear. Mientras la arena política esté ocupada por el enemigo y la oposición controlada, ninguna victoria real será posible.
Lo tercero es entender la verdadera naturaleza y estatura del Enemigo. Acá no estamos peleando solamente contra una izquierda política guerrillera y cómplice de las narcoguerrillas, sino contra una hidra de múltiples cabezas. El enemigo también está en los medios de comunicación que reciben pauta publicitaria del Régimen, y por ello le lavan la cara. El enemigo está en colegios y universidades, donde les lavan el cerebro a niños y jóvenes. El enemigo está en nuestros barrios y edificios, donde se disemina la propaganda del Régimen. El enemigo está en nuestras empresas y en nuestros trabajos, donde les estamos dando trabajo a activistas y propagandistas.
Lo cuarto es dar la guerra en múltiples frentes. En consonancia con lo anterior, es necesario combatir al enemigo no solamente en el área política, sino también en los colegios, universidades, medios de comunicación, nuestros trabajos, empresas, etc. No hay que descartar ningún frente de batalla ni ninguna forma de lucha.
Un pequeño apéndice sobre el lawfare: si el poder judicial es favorable al Régimen, cualquier ejercicio de lawfare es masturbación intelectual. Es mostrar gestión sin hacer gestión. Es posar de enemigo del Régimen sin realmente atacarlo. Una pérdida de tiempo, recursos y energía.
Lo quinto es empezar a considerar otros métodos de lucha. Relacionado con lo anterior, es hora de poner sobre la mesa aquel tipo de lucha que no quiere ser nombrada. Cuando la tiranía y la revolución es ley, la contrarrevolución y la resistencia son un derecho.
Gustavo Petro nos ha declarado la guerra a muerte. Nos corresponde a nosotros defendernos.
[1] Dentro del Centro Democrático, por ejemplo, solo existen dos personas dignas de respeto: el Concejal Daniel Briceño y el Representante a la Cámara Andrés Forero.
13/05/2025 | Por José Francisco García M.
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