¡Qué vergüenza de país el que tenemos!

¡Qué vergüenza de país el que tenemos!

Independientemente de lo que cada uno opine sobre los personajes involucrados en el reciente video-reportaje de Vicky Dávila a la ex senadora Aída Merlano para la revista Semana, resulta sobrecogedor e impactante para cualquiera que se atreva a verlo.

Retrata de la manera más cruda la triste realidad de un pobre país dominado tradicionalmente por unas mafias delincuenciales que se han tomado el poder mediante la compra de votos, la elección de tenebrosos delincuentes para el Congreso y demás cuerpos colegiados, la infame adjudicación de contratos entre los amigos de los elegidos, las coimas y sobornos como instrumentos normales para enriquecerse a costa del Estado, la elección de presidentes con el apoyo de los políticos corruptos que manejan las mayorías regionales, el sometimiento del aparato judicial y de los entes de control a los más ruines detentadores del poder político , la descarada intervención de  multinacionales del crimen como Odebrecht en la reelección del presidente Santos, la complicidad del cuarto poder, o sea los medios de comunicación, para ocultar las actuaciones ilegales de los caciques electorales y perseguir a sus opositores.

Nos encontramos a un año de las próximas elecciones y ya comienza la corrupta dirigencia política a armar toda clase de coaliciones para perpetuarse en el poder. Nuevamente se aprovecha de la ingenuidad  colectiva de un pueblo fácilmente manipulable a través de los medios. Se apela al temor frente a la inminente llegada del socialismo totalitario al poder, para movilizar la opinión a su favor, sin ofrecer reformas para erradicar la corrupción o programas para corregir el equivocado rumbo de este desdichado país.

No es posible sanear nuestro sistema político, acabar con la corrupción y el delito, garantizar que se gobierne con pulcritud pensando en las necesidades del pueblo y no en el enriquecimiento ilícito de unos pocos, si vamos a seguir eligiendo a los mismos políticos de siempre. Tenemos que salir de ese fatal círculo vicioso.

Proponemos que los buenos ciudadanos de todas las regiones tomemos la responsabilidad  de salvar a Colombia. Que empresarios, profesionales, amas de casa, trabajadores, gentes que han permanecido alejadas de la política, tomemos la decisión de trabajar por el país. Convirtámonos en líderes para ir al Congreso a aprobar las reformas que se requieren para la reconstrucción de Colombia en lo moral, lo social, lo económico y lo político. Reservistas de las Fuerzas Armadas, movimientos Pro-Vida, empresarios del campo, del sector servicios, de la construcción o de la industria, jubilados que ven disminuir el poder adquisitivo de su pensión, trabajadores y  estudiantes que desean un futuro mejor para Colombia, todos podemos ser parte de esas instituciones que ahora están usufructuadas por una clase mediocre y corrompida por el poder del dinero.

Y llevemos a la Presidencia a quien esté dispuesto  a realizar las profundas reformas que permitan el imperio de la verdadera Democracia, que sustituyan la mentira por la Verdad, que garanticen la Justicia y la Seguridad para todos los colombianos, que defiendan la institución de la Familia frente a las ideologías materialistas y ateas, que pongan los enormes recursos del Estado al servicio de los desempleados y de los empresarios afectados por la pandemia.

Está en tus manos salvar a Colombia, no en las de los mismos caciques que han llevado el país a la ruina moral y económica. Ese es el dilema: Reconstrucción o catástrofe.

Por: Luis Alfonso García Carmona

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